EVA­SIÓN

Es­tre­na en Madrid la obra tea­tral Tiem­po, es per­so­na­je im­pres­cin­di­ble en La rei­na de Es­pa­ña, uno de los gran­des es­tre­nos de la temporada, y aún le so­bra tiem­po pa­ra reír­se de su som­bra en la se­rie ¿Qué fue de Jor­ge Sanz? Y es que le so­bran ta­blas.

deViajes - - Punto De Partida - Por Be­lin­da Gue­rre­ro

So­ca­rrón y ver­sá­til, el ac­tor Jor­ge Sanz pre­su­me de des­par­pa­jo cas­ti­zo mien­tras nos cuen­ta sus nue­vas aven­tu­ras pro­fe­sio­na­les.

El ci­ne es­pa­ñol de las úl­ti­mas dé­ca­das no se en­tien­de sin la son­ri­sa pí­ca­ra de Jor­ge Sanz. Con tan so­lo 9 años, su mi­ra­da cau­ti­vó a la cá­ma­ra en la pe­lí­cu­la La Miel, de Pe­dro Ma­só. El ni­ño del ma­dri­le­ño ba­rrio de Cham­be­rí ya apun­ta­ba ma­ne­ras, pues no se arre­dró al com­par­tir es­ce­nas con Ja­ne Bir­kin y Jo­sé Luis Ló­pez Váz­quez. So­lo tres años más tar­de par­ti­ci­pa­ba en el ro­da­je de Co­nan El Bár­ba­ro, jun­to a Arnold Sch­war­ze­neg­ger, aun­que el ac­tor so­lo re­cuer­da el frío que pa­só en Se­go­via.

Su ex­ten­sa carrera en la in­ter­pre­ta­ción, con más de se­sen­ta pro­duc­cio­nes de ci­ne y te­le­vi­sión, le han va­li­do seis no­mi­na­cio­nes a los Go­ya – re­ci­bió el ga­lar­dón por Si te di­cen que caí (1989)–, ade­más de dis­tin­tos pre­mios na­cio­na­les e in­ter­na­cio­na­les. El teatro lle­gó más tar­de, pero des­de 2002 ya ha pro­ta­go­ni­za­do sie­te obras y el 19 de di­ciem­bre se pre­sen­ta en el Teatro Al­cá­zar de Madrid con Tiem­po, co­man­da­da por Ramón Fon­tse­ré, di­rec­tor de Els Jo­glars y Tea­tre de Gue­rri­lla. Se tra­ta de una tra­gi­co­me­dia es­ca­lo­frian­te que na­rra las reac­cio­nes de un per­so­na­je al que co­mu­ni­can que so­lo le res­tan 90 mi­nu­tos de vi­da. Una pro­pues­ta in­quie­tan­te pa­ra la pla­tea en la que no fal­ta el sen­ti­do del hu­mor. La pri­me­ra cues­tión es ob­via, ¿qué ha­rías si te que­da­ra so­lo ho­ra y me­dia de exis­ten­cia?

Mi­ra, de eso se tra­ta la fun­ción y to­davía no sa­bría res­pon­der­te. El tiem­po es una co­sa muy ra­ra. ¿Tú qué ha­rías?

¿Qué es­pe­ras que su­ce­da en la el pa­tio de bu­ta­cas mien­tras in­ter­pre­tas

Tiem­po?

Que la gen­te se ría mien­tras pien­sa ¿por qué me es­toy rien­do? También que lo ra­zo­ne cuan­do ya lo ha re­fle­xio­na­do. ¡Qué mis­te­rio! Pero de es­to es de lo que tra­ta la fun­ción.

¿Es­tán los es­pec­ta­do­res pre­pa­ra­dos pa­ra esta so­bre­do­sis de sin­ce­ri­dad?

Van a dis­fru­tar una bar­ba­ri­dad. En reali­dad, he vis­to que se di­ver­tían mu­cho en los pa­ses que ha hecho

Quim Mas­fe­rrer en los tea­tros de Ca­ta­lu­ña, así que ten­go el lis­tón muy al­to. Da mu­cho vér­ti­go, pero me gus­ta tan­to el tex­to...

Es­te re­to pro­fe­sio­nal pa­re­ce una pe­ri­ta en dul­ce, ¿por qué lo has ele­gi­do?

Tú lo has di­cho, porque es un ca­ra­me­lo. No he po­di­do caer en mejores ma­nos, des­de el li­bre­to de Quim Mas­fe­rrer, que es una jo­ya, has­ta el alien­to del di­rec­tor Ra­mon Fon­tse­rè; tan bien or­ques­ta­do por la pro­duc­ción de Tea­tre de Gue­rri­lla, con la co­la­bo­ra­ción de Mer­cè Puy. Les es­ta­ré eter­na­men­te agra­de­ci­do.

En la gran pan­ta­lla has es­tre­na­do El Pre­gón y La Rei­na de Es­pa­ña, ¿có­mo ha si­do vol­ver a re­unir­se con el re­par­to de La ni­ña de tus ojos?

No ha si­do un reencuentro, porque en reali­dad no­so­tros no nos per­de­mos de vista. Ha si­do un re­ga­lo. Los per­so­na­jes ya es­ta­ban he­chos a me­di­da ha­ce ca­si dos dé­ca­das y hoy, aun­que aho­ra son más ma­du­ros y di­ver­ti­dos. Die­ci­ocho años, ¡có­mo pa­sa el tiem­po!

Aca­bas de gra­bar con Da­vid True­ba la pró­xi­ma entrega de la mi­ni­se­rie ¿Qué fue de Jor­ge Sanz? Se­gu­ro que nos es­pe­ra al­gu­na sor­pre­sa...

Só­lo pue­do de­cir que se su­pera a sí mis­ma, y que Da­vid es­tá en com­ple­to estado de gra­cia.

Con tan­tos años de pro­fe­sión ten­drás se­gu­ro cien­tos de anéc­do­tas. ¿Cuán­do se pro­du­jo el ro­da­je más di­ver­ti­do?

En el pla­tó de La Rei­na de Es­pa­ña, en Bu­da­pest.

Ya no sa­bía en qué épo­ca es­ta­ba ni si era Jor­ge Sanz o mi per­so­na­je, Ju­lián To­rral­ba.

En tu carrera, ¿hay al­gu­na lo­ca­li­za­ción que re­cuer­des es­pe­cial­men­te por su belleza?

So­lo el hecho de ro­dar en ex­te­rio­res es emo­cio­nan­te en sí, pero lo pri­me­ro que se me vie­ne a la ca­be­za son los pi­na­res ne­va­dos de Val­saín du­ran­te el ro­da­je de Co­nan, el Bár­ba­ro, ¡qué frío!

Lle­vas tra­ba­jan­do des­de los 9 años. ¿Qué crees que te que­da por ha­cer?

Me gus­ta­ría apren­der a to­car el piano, también la gui­ta­rra, y a can­tar co­mo Mo­ren­te. De mo­men­to, me con­for­mo con se­guir ha­cien­do pro­yec­tos que me gus­tan con la gen­te que me ape­te­ce y pa­ra que el pú­bli­co dis­fru­te.

Cuan­do eras un ado­les­cen­te vi­vis­te du­ran­te un año en Fi­li­pi­nas, ¿qué re­cuer­dos tie­nes de esta ex­pe­rien­cia?

Ima­gí­na­te, te­nía 12 o 13 años, fui a un fes­ti­val de ci­ne pa­ra pa­sar una se­ma­na y me que­dé nue­ve me­ses. Vi­vía en ca­sa de mis tíos, que me re­ga­la­ron al­go im­pa­ga­ble: vol­ví ha­blan­do in­glés. Por otra par­te, pu­de bai­lar aga­rra­do con Imel­da Mar­cos, su­pon­go que le pi­sa­ría los za­pa­tos, era jo­ven e inex­per­to.

Has tra­ba­ja­do en dis­tin­tas oca­sio­nes en Cu­ba, ¿qué es lo que más te gus­ta de esta is­la?

To­do.

Si tu­vie­ras un año sa­bá­ti­co ¿dón­de via­ja­rías?

Po­si­ble­men­te a la is­la cu­ba­na, y de aquí al ar­chi­pié­la­go de San Blas, en Panamá.

Tras un re­cien­te pro­ble­ma de sa­lud, ¿te cui­das más o has cam­bia­do tus há­bi­tos?

¿Problemas de sa­lud? No, hom­bre no, tu­ve un pe­que­ño per­can­ce vas­cu­lar. Ya no fu­mo, co­mo sano y ha­go deporte. Es muy re­co­men­da­ble, el in­far­to, di­go. Aho­ra es­toy me­jor que an­tes.

¿Cuál ha si­do el via­je de tu vi­da?

El úl­ti­mo. Aun­que, de mo­men­to, el via­je de la vi­da no me es­tá yen­do mal. Ten­go tres hi­jos, cua­tro pe­rros, ocho ocas y pa­tos mu­dos, una buena huer­ta y una mu­jer que me quie­re y me com­pren­de.

De ni­ño pro­di­gio a ga­lán de­ca­den­te en su lo­ca aven­tu­ra con Da­vid True­ba: ¿Qué fue de Jor­ge Sanz? El in­tér­pre­te ma­dri­le­ño se atre­ve con to­do. Le he­mos vis­to en la pe­que­ña pan­ta­lla con Agui­la Ro­ja y Amar es pa­ra siem­pre. Hoy, las bam­ba­li­nas del Teatro Al­cá­zar le es­pe­ran con Tiem­po.

Si un día se pier­de es pro­ba­ble que le en­cuen­tres en uno de los des­ti­nos que le han fas­ci­na­do: Cu­ba (a la iz­quier­da) o Panamá. Jor­ge Sanz pre­su­me de ha­ber co­no­ci­do me­dio mun­do gra­cias a los ro­da­jes y tie­ne un la­zo sen­ti­men­tal con el exó­ti­co ar­chi­pié­la­go de Fi­li­pi­nas, don­de se en­cuen­tra la fa­bu­lo­sa Playa del Ni­do (sobre es­tas lí­neas).

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.