AR­QUI­TEC­TU­RA

Con­vir­tió edi­fi­cios en pai­sa­je y tras­pa­só las fron­te­ras fí­si­cas de las cons­truc­cio­nes: la obra de la ar­qui­tec­ta de ori­gen an­glo-ira­quí es un de­sa­fío a lo im­po­si­ble, más aún por ser mu­jer –en una pro­fe­sión co­pa­da por hom­bres– y mu­sul­ma­na. Por Ruth Pereiro

deViajes - - Punto De Partida -

Zaha Ha­did fue una es­tre­lla en vi­da. Da­mos un re­pa­so al so­ber­bio le­ga­do de la pri­me­ra mu­jer que re­ci­bió el pres­ti­gio­so premio Pritz­ker.

Se la co­no­cía co­mo la ar­qui­tec­ta del pa­pel (so­lo lo­gra­ba plas­mar su ori­gi­na­li­dad crea­ti­va en di­bu­jos) has­ta que le die­ron la opor­tu­ni­dad de le­van­tar su primer edi­fi­cio, la es­ta­ción de bom­be­ros Vi­tra, en 1994. Tras ob­te­ner el premio Pritz­ker, –fue la pri­me­ra mu­jer en con­se­guir esta es­pe­cie de No­bel de la ar­qui­tec­tu­ra– en 2004, co­men­zó una fér­til carrera que la lle­vó a con­ver­tir­se en una de las prin­ci­pa­les fi­gu­ras de la pro­fe­sión, rom­pien­do mol­des y crean­do una nue­va ma­ne­ra de con­ce­bir la ar­qui­tec­tu­ra.

Pe­se a que su la­bor se vio trun­ca­da en mar­zo de 2016 –fa­lle­ció con so­lo 65 años– su obra ha de­ja­do una hue­lla im­bo­rra­ble y de gran es­pec­ta­cu­la­ri­dad. Su es­ti­lo es in­no­va­dor, su­til, de gran plas­ti­ci­dad e ins­pi­ra­do en la na­tu­ra­le­za. Quiso con­ver­tir sus cons­truc­cio­nes en par­te del pai­sa­je y lo con­si­guió. También que mu­chas mu­je­res, en el mun­do ára­be qui­sie­ran es­tu­diar ar­qui­tec­tu­ra.

En Es­pa­ña dejó tres obras cons­trui­das: el pa­be­llón puen­te de Zaragoza, la tien­da con for­ma de fras­ca de las bo­de­gas rio­ja­nas Vi­ña Ton­do­nia y la es­ta­ción de Eus­ko­tren en Du­ran­go (Viz­ca­ya).

Vi­da crea­ti­va. La ar­qui­tec­ta de raí­ces ira­quíes pa­só ca­si to­da su vi­da en Reino Uni­do (aquí po­sa en su ofi­ci­na de Lon­dres, 1885).

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