SUI­ZA RE­GRE­SA A LA NA­TU­RA­LE­ZA

En es­ta pro­pues­ta no en­con­tra­rás ja­cuz­zi ni wi­fi. Pe­ro, a cam­bio, res­pi­ra­rás el ai­re más pu­ro que pue­das ima­gi­nar. Y dis­fru­ta­rás, na­tu­ral­men­te. Por Al­ba Cá­ce­res.

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Se­gu­ra­men­te, Sui­za te sue­ne a tec­no­lo­gía pun­ta y vi­da 100% ur­ba­na. Pe­ro aquí te in­vi­ta­mos a de­jar el aje­treo dia­rio, a cam­biar la pan­ta­lla del or­de­na­dor por una es­ce­na de mon­ta­ña y el so­ni­do del mó­vil por el ru­mor de los ríos. Y a ex­plo­rar la par­te más na­tu­ral y au­tén­ti­ca del país al­pino, uno de los des­ti­nos más sos­te­ni­bles del mun­do.

Cer­ca de Brugg, en el can­tón de Ar­go­via, al nor­te del país en­con­tra­mos un es­pa­cio muy re­fres­can­te. Es el Cas­ti­llo del Agua, un pai­sa­je acuá­ti­co y be­llí­si­mo don­de con­flu­yen tres im­por­tan­tes ríos del país –el Reus, el Li­ma­go y el Aar– que atrae a los aman­tes de los de­por­tes de aven­tu­ra. A lo lar­go de la ru­ta en zo­diac te ex­pli­ca­rán que el cas­ti­llo en cues­tión no exis­te, sino que el tér­mino Was­sers­chloss (cas­ti­llo de agua) es tam­bién si­nó­ni­mo de con­fluen­cia y ex­pli­ca el tra­ta­mien­to de es­tas aguas: más del 40% del cau­dal del país.

Si pre­fie­res una jor­na­da más tran­qui­la di­rí­ge­te al la­go Le­mán por­que aquí, en sus aguas, pue­des des­pla­zar­te con un au­tén­ti­co bar­co a va­por.

Es­tos na­víos, con es­té­ti­ca de la Be­lle Épo­que, te dan un pun­to de vis­ta úni­co de los puer­tos, cas­ti­llos y ciu­da­des de la par­te fran­có­fo­na del país, así co­mo del mis­mo la­go, el ma­yor de la Europa cen­tral.

MI­NE­RA­LES Y PAN CON D.O.P.

Igual de na­tu­ral pe­ro más re­la­ja­da es la pro­pues­ta en Entle­buch, re­ser­va de la bios­fe­ra, un pai­sa­je ca­li­zo de tie­rras pan­ta­no­sas y sua­ves co­li­nas que se ha ga­na­do el so­bre­nom­bre de le­jano oes­te de Lu­cer­na. Aquí pue­des rea­li­zar di­fe­ren­tes ac­ti­vi­da­des, in­clu­so bajar a un bos­que sub­te­rrá­neo de es­ta­lac­ti­tas que te im­pac­ta­rá.

Pa­ra ex­plo­rar los mis­te­rios de la tie­rra, acér­ca­te al va­lle de Binn: un uni­ver­so de mi­ne­ra­les, al­gu­nos úni­cos de es­ta zo­na, con una geo­lo­gía es­pe­cial. Otra op­ción com­bi­na­da con gas­tro­no­mía es ela­bo­rar pan de cen­teno del Va­lais, el úni­co con D.O.P. del país. Pue­des rea­li­zar­lo en un horno co­mu­ni­ta­rio de Re­ka, en Gri­mentz, y, mien­tras se cue­ce, re­co­rrer la lo­ca­li­dad, en­cla­va­da en­tre las mon­ta­ñas más al­tas de Sui­za.

Sch­wen­de Seeal­psee, en Ap­pen­zell.

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