Ve­ne­gas es el “bi­cho” de la sie­rra

El jien­nen­se se “in­ven­ta” una fae­na de puer­ta gran­de a un to­ro sin op­cio­nes

Diario Jaen - - PROVINCIA - ENRIQUE ALON­SO

PLA­ZA DE TO­ROS DE CA­ZOR­LA Ga­na­do: Se li­dia­ron tres to­ros de Los Ron­ce­les (1º, 5º y 6º), dos de To­rrehan­di­lla (2º y 4º) y uno de To­rreher­be­ros (3º). Tu­vie­ron bue­na pre­sen­ta­ción, pe­ro no ofre­cie­ron de­ma­sia­das op­cio­nes pa­ra el lu­ci­mien­to. Los de Los Ron­ce­les sa­ca­ron no­ble­za, pe­ro, sal­vo al sex­to, les faltó trans­mi­sión. Los de To­rrehan­di­lla y To­rreher­be­ros se mo­vie­ron sin hu­mi­llar y se apa­ga­ron muy pron­to, sal­vo el se­gun­do que du­ró al­go más por el pi­tón iz­quier­do. To­re­ros: Ra­fae­li­llo (ta­ba­co y oro), ore­ja y dos ore­jas. El Cid (na­za­reno y oro), si­len­cio ydos ore­jas. Jo­sé Car­los Ve­ne­gas (blan­co y oro), si­len­cio y dos ore­jas. In­ci­den­cias: Me­dia pla­za en la co­rri­da de to­ros de la Feria de Ca­zor­la or­ga­ni­za­da por la em­pre­sa To­ros de El Con­da­do ges­tio­na­da por Antonio Co­ro­na­do. Fue en una tar­de con un le­ve vien­to de la sie­rra que tra­jo una tem­pe­ra­tu­ra oto­ñal.

Ay Ve­ne­gas. Me­nu­do “pá­ja­ro”. Qué ca­pa­ci­dad pa­ra in­ven­tar­se una fae­na sin to­ro. Pe­ro, an­da que se iba a mar­char a pie. Des­pués de ver que Ra­fae­li­llo y El Cid lo­gra­ron la puer­ta gran­de con muy po­co, el to­re­ro jien­nen­se se apre­tó los ma­chos y sa­lió a por to­das. Jo­sé Car­los Ve­ne­gas es un “bi­cho” del Par­que Na­tu­ral. Na­ció en Beas de Se­gu­ra, pe­ro Ca­zor­la es su te­rri­to­rio. Y allí se mue­ve co­mo “pez en el agua”. De­lan­te de la ca­ra

Ra­fae­li­llo y El Cid acom­pa­ñan al to­re­ro de Beas por la puer­ta gran­de de Ca­zor­la

del to­ro, listo y con re­cur­sos. El ter­cer to­ro de To­rreher­be­ros lo de­jó sin es­tre­nar­se. Cuan­do lle­gó a la mu­le­ta se vino aba­jo de tal ma­ne­ra que se pa­ró y no qui­so sa­ber na­da ni de la mu­le­ta ni del to­re­ro. Lo úni­co fue­ron tres mu­le­ta­zos por al­to que usó Jo­sé Car­los Ve­ne­gas pa­ra sa­car­lo a los me­dios.

Por eso, cuan­do sa­lió el sex­to con el hie­rro de Los Ron­ce­les, te­nía muy cla­ro que la tác­ti­ca era “pron­to y en la mano”. Lu­cir­se al prin­ci­pio por­que los ani­ma­les du­ra­ban po­co en los engaños. Ni se lo pen­só pa­ra hin­car las dos ro­di­llas en tie­rra y re­ci­bir al to­ro con dos lar­gas cam­bia­das. Lue­go, lo lan­ceó a la ve­ró­ni­ca y lo re­ma­tó con al­gu­nas me­dias y chi­cue­li­nas en un ra­mi­lle­te de lan­ces que le­van­tó al pú­bli­co de los ten­di­dos.

To­mó la fra­ne­la, se fue a los me­dios y citó al mor­la­co, que an­da­ba to­pan­do contra un bur­la­de­ro pa­ra ini­ciar con el pa­se del pén­du­lo. Dos cam­bia­dos por la es­pal­da y dos por de­lan­te sin en­men­dar­se. Fue an­tes de dar­le dos series por el de­re­cho y otra por el iz­quier­do con emo­ción. En cam­bio, po­co a po­co, el ani­mal se pa­ró. Jo­sé Car­los Ve­ne­gas apro­ve­chó que­ren­cias pa­ra ce­rrar la fae­na con dos cir­cu­la­res in­ver­ti­dos fren­te a los ten­di­dos de sol an­tes de una es­to­ca­da. Dos ore­jas y puer­ta gran­de. Es­te “bi­cho” de Se­gu­ra no se qui­so ir a pie de Ca­zor­la.

EL PRI­ME­RO DE LA TAR­DE. Ra­fae­li­llo abrió la co­rri­da con un to­ro no­ble, pe­ro al que le faltó trans­mi­sión. Lo to­reó en lí­nea rec­ta pa­ra in­ten­tar abrir­le los ca­mi­nos pa­ra las em­bes­ti­das. En cam­bio, el as­ta­do re­pe­tía po­co, por lo que Ra­fae­li­llo le dio mu­le­ta­zos de ca­li­dad, pe­ro suel­tos. El pú­bli­co pre­mió su es­fuer­zo con una ore­ja. El cuar­to fue ma­lo, pe­ro es­te dies­tro es­tá acos­tum­bra­do a es­tas ba­ta­llas. Se do­bló por ba­jo en el ini­cio de la fae­na pa­ra cons­truir una li­dia con la mu­le­ta ci­men­ta­da más en los pies que en los bra­zos. En cam­bio, ese cons­tan­te za­pa­ti­lleo y mo­vi­mien­to pa­ra bus­car­le la co­lo­ca­ción al to­ro le sir­vió pa­ra cons­truir una fae­na vi­bran­te y, has­ta en oca­sio­nes, bas­tan­te emo­cio­nan­te. El pú­bli­co lo pre­mió con las dos ore­jas.

El se­gun­do de la tar­de —de To­rrehan­di­lla— era lo más pa­re­ci­do a una “avis­pa”. Pe­que­ñi­to, con mo­vi­mien­to —al­go alo­ca­do— y con un pi­tón de­re­cho con gua­sa en el que se po­día adi­vi­nar el “pi­co­ta­zo” al mí­ni­mo des­cui­do. El Cid tie­ne un te­so­ro en la iz­quier­da, por lo que se en­con­tró al ani­mal per­fec­to pa­ra to­rear­lo por ahí. Lo lle­vó con sua­vi­dad, fir­me­za y bue­na co­lo­ca­ción pa­ra cons­truir series in­tere­san­tes, aun­que a me­dia al­tu­ra. Le hi­zo tan bien la fae­na al na­tu­ral que, al fi­nal, se echó la mu­le­ta a la otra mano pa­ra to­rear en re­don­do y pa­re­cía otro to­ro. Erró con los ace­ros y se fue de vacío.

El quin­to apun­ta­ba bue­nas co­sas en los pri­me­ros ter­cios. El Cid em­pe­zó bien con la fra­ne­la con mu­le­ta­zos hon­dos y pro­fun­dos. Pe­ro, hu­bo du­das. Tar­da­ba de­ma­sia­do en­tre se­rie y se­rie, al­go que de­no­ta­ba que el to­re­ro co­men­za­ba a des­con­fiar. El as­ta­do se abu­rrió pri­me­ro. Lue­go, el to­re­ro hi­zo lo mis­mo. Y, al fi­nal, el pú­bli­co tam­bién. Por eso, des­pués de unos ador­nos, ma­tó y fue pre­mia­do con las dos ore­jas con las que tam­bién se qui­so re­co­no­cer su dis­po­si­ción en el to­ro an­te­rior, en el que la suer­te su­pre­ma lo de­jó sin re­com­pen­sa. Al fi­nal, los tres to­re­ros abrie­ron la puer­ta gran­de de Ca­zor­la, una pla­za en la que la tau­ro­ma­quia si­gue bas­tan­te arrai­ga­da y las mu­le­tas aca­ri­cian el ai­re pu­ro de la sie­rra. Así da gus­to acu­dir a una co­rri­da de to­ros.

EN RE­DON­DO. El Cid in­ter­pre­ta un de­re­cha­zo al quin­to to­ro de la tar­de de la ganadería de Los Ron­ce­les.

TO­RE­RÍA. Ra­fae­li­llo se cru­za al pi­tón con­tra­rio del as­ta­do de To­rrehan­di­lla y pa­se cam­bia­do por la es­pal­da de Jo­sé Car­los Ve­ne­gas al sex­to.

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