Je­sús Ma­ri­ñas:

“Me he ca­sa­do por­que sen­tía que se lo de­bía a Elio”

Diez Minutos - - SUMARIO - M. Ca­ba­nas /D. I. Ca­ran­de Fo­tos: Ana Ruiz Ay­te. Fo­tos: Fran Gi­la­rranz

“Me he ca­sa­do por­que sen­tía que se lo de­bía a Elio”

“CUAN­DO LE PRO­PU­SE LA BO­DA A ELIO, PEN­SÉ QUE ME IBA A MAN­DAR A LA MIER­DA”

Cuan­do se cum­ple su pri­mer aniver­sa­rio de bo­da, Je­sús Ma­ri­ñas nos re­ci­be ama­ble­men­te en su ca­sa pa­ra de­ve­lar­nos por qué ha de­ci­di­do ca­sar­se aho­ra con Elio Val­de­rra­ma, atrac­ti­vo fo­tó­gra­fo ve­ne­zo­lano, su pa­re­ja des­de ha­ce 27 años y la per­so­na por la que el pe­rio­dis­ta sien­te de­vo­ción. -¡Te has ca­sa­do! -Sí, ya era ho­ra. Ya te­nía edad pa­ra ca­sar­me. -¿Có­mo fue la bo­da?

-Nos casamos el 18 de ju­lio de 2016, aquí al la­do de mi ca­sa, en el des­pa­cho de un no­ta­rio. Só­lo es­tá­ba­mos los no­vios y las tes­ti­gos y ma­dri­nas, que fue­ron dos ami­gas, Ana Ta­ra­za­ga y Ana Pa­rri­lla. Fue muy gra­cio­so por­que to­do el mundo en el des­pa­cho creía que Elio se ca­sa­ba con una de ellas y yo con la otra, ja, ja, ja. -¿No os ape­te­cía com­par­tir el mo­men­to con más gen­te?

-No. Mu­chos de nues­tros ami­gos ni se en­te­ra­ron. Yo creo que ca­sar­te es al­go muy per­so­nal. -¿No hu­bo na­die de vues­tras fa­mi­lias?

-Só­lo co­noz­co a una so­bri­na de Elio, que es la que ha ve­ni­do a Es­pa­ña de vi­si­ta. Yo fui una vez a Is­la Mar­ga­ri­ta y co­no­cí a uno de sus ocho her­ma­nos. Y yo te­nía un her­mano, que mu­rió. -¿No tie­nes so­bri­nos?

-Ten­go un so­brino que vi­ve en San­tia­go de Com­pos­te­la.

- ¿Por qué la bo­da des­pués de 27 años de re­la­ción?

-Por­que yo creo que es co­mo cor­tar­te el pe­lo, lo ha­ces cuan­do te ape­te­ce, cuan­do tie­nes la ne­ce­si­dad y no la obli­ga­ción. -¿Y qué ne­ce­si­dad te­nías?

-Tam­po­co hu­bo una co­mo tal. Un buen día se lo pro­pu­se a Elio y le pa­re­ció bien. Yo creía que me iba a man­dar a la mier­da... -¿Sien­tes que se lo de­bías?

-Sí, por­que han si­do 27 años de te­la ma­ri­ne­ra, te­ne­mos mu­cho ca­rác­ter.

-¿Quién es Elio Val­de­rra­ma?

-Elio es una per­so­na co­mo irreal por la se­rie de cua­li­da­des que tie­ne y que ya no en­cuen­tras en la gen­te. Es leal a muer­te, ab­ne­ga­do, tie­ne mu­cho tem­pe­ra­men­to... Es un ser con unas con­di­cio­nes y cua­li­da­des ya inexis­ten­tes en la gen­te. Te lo di­go yo, que por mi pu­te­río he te­ni­do mu­chas re­la­cio­nes en mi vi­da. -¿És­ta es la re­la­ción más lar­ga que has te­ni­do?

-Sí, la otra más lar­ga fue de 16 años, y se rom­pió por­que se te­nía que rom­per, por la di­fe­ren­cia de edad. Me lle­va­ba 12 años.

-Pe­ro aho­ra te ca­sas con Elio, que es mu­cho más jo­ven que tú, unos 20 años...

-No, se rom­pió por­que que­ría do­mi­nar­me mu­cho. Le co­no­cí en 1965, cuan­do yo te­nía 23 años. Era un pi­pio­lo. En el ca­so de Elio la edad nun­ca ha si­do un im­pe­di­men­to.

“Le co­no­cí y no le de­jé es­ca­par”

-¿Qué has apren­di­do de Elio?

-Com­pren­sión ha­cia los de­más, por­que soy una per­so­na muy in­tran­si­gen­te y gra­cias a Elio aho­ra comprendo me­jor al­gu­nos com­por­ta­mien­tos. - ¿ Te ha he c h o me j o r per­so­na?

-Sin du­da. Elio tie­ne mu­cho ol­fa­to con la gen­te y siem­pre me avi­sa: cui­da­do con ése o con aque­lla… Y nun­ca fa­lla. Eso es par­te de su en­can­to. -¿Có­mo os co­no­cis­teis?

-Yo iba con mi ex pa­re­ja de Bar­ce­lo­na por la Gran Vía ma­dri­le­ña, por­que se es­ta­ba ce­le­bran­do una fe­ria del li­bro y él era li­bre­ro. Ca­sual­men­te a la al­tu­ra del edi­fi­cio de Te­le­fó­ni­ca, me en­con­tré con un ami­go mío que iba con Elio. Nos pre­sen­ta­ron y no le de­jé es­ca­par. -¿Y cuán­do fue la si­guien­te vez que le vis­te? -Esa mis­ma no­che.

“Tu­ve otra re­la­ción sen­ti­men­tal lar­ga, de 16 años, en Bar­ce­lo­na. Pe­ro se rom­pió por­que que­ría do­mi­nar­me mu­cho” “Elio es una per­so­na co­mo irreal por las cua­li­da­des que tie­ne y que ya no en­cuen­tras en la gen­te. Es leal, ab­ne­ga­do, tie­ne ca­rác­ter…” “Mi pa­re­ja me ha en­se­ña­do a te­ner más com­pren­sión ha­cia los de­más, por­que yo soy una per­so­na muy in­tran­si­gen­te” “NOS CO­NO­CI­MOS CUAN­DO YO IBA CON MI EX POR LA GRAN VÍA MA­DRI­LE­ÑA”

-¿Fue un fle­cha­zo?

-Un encandilamiento más que un fle­cha­zo. A mí siem­pre me ha gus­ta­do la gen­te con acen­to de fuera...

-Cla­ro, y Elio es gua­po y ve­ne­zo­lano, ¿qué ha­cía cuan­do le co­no­cis­te?

-Es­ta­ba re­cién lle­ga­do a Es­pa­ña, ha­bía tra­ba­ja­do en tea­tro, pu­bli­ci­dad y des­fi­les co­mo mo­de­lo en Joy Es­la­va. Cuan­do yo le vi por pri­me­ra vez, fli­pé por­que ¡era un pi­bón! -Y con­ti­nuáis la re­la­ción...

-Sí, yo vi­vía en una apar­ta­men­to en la ca­lle La­gas­ca, y em­pe­zó a ve­nir allí has­ta que le di­je que se que­da­ra a vivir con­mi­go. Al prin­ci­pio fue rea­cio, pe­ro po­co a po­co se fue for­man­do la re­la­ción. No con­vi­vi­mos has­ta pa­sa­do un año. -¿Y lle­ga un mo­men­to que tra­ba­jáis jun­tos?

-Yo es­ta­ba en la re­vis­ta Épo­ca, y en un ac­to de Isa­bel Preys­ler, Elio le hi­zo unas fo­tos que me gus­ta­ron mu­cho. Ha­blé con la re­vis­ta y le con­tra­ta­ron, por­que es un fo­tó­gra­fo bueno. -¿Es du­ro tra­ba­jar jun­tos? -Ha si­do di­fí­cil por­que yo ten­go unos vi­cios o exi­gen­cias, que al prin­ci­pio él no en­ten­día. Nos cos­tó adap­tar­nos.

-Des­pués de 27 años, ¿có­mo es aho­ra vues­tra re­la­ción?

-Una gran amis­tad, com­pren­sión y ca­ri­ño. Yo da­ría la vi­da por él, por­que se lo me­re­ce.

“Siem­pre he­mos te­ni­do una re­la­ción abier­ta”

-¿Eso es otra for­ma de es­tar enamo­ra­do?

-Es otra for­ma de que­rer. Ena­mo­rar­se es una co­sa y que­rer es otra. Es una con­se­cuen­cia ló­gi­ca y na­tu­ral. Oja­lá to­das las pa­re­jas que du­ra­sen 27 años tu­vie­ran la ma­la-bue­na re­la­ción que te­ne­mos no­so­tros. -¿Ha ha­bi­do mu­chas cri­sis? -Ha ha­bi­do tor­men­tas, cri­sis, ma­re­ja­di­llas, pe­ro nun­ca he­mos lle­ga­do al pun­to de se­pa­rar­nos.

-¿La vues­tra es una re­la­ción abier­ta?

-Cla­ro. Ca­da uno ha he­cho su vi­da, en la que ha­bi­do otras re­la­cio­nes, por­que si no es así no aguan­tas ni quin­ce años. Es una co­sa na­tu­ral y sen­ti­do de la com­pren­sión. Na­die en el mundo aguan­ta 27 años sien­do fiel car­nal­men­te.

-¿En al­gún mo­men­to os ha­béis plan­tea­do la pa­ter­ni­dad?

-¡No! Per­so­nal­men­te me pa­re­ce una lo­cu­ra. Me en­can­tan los ni­ños pe­que­ños. De he­cho, crié a mi so­brino, pe­ro no en­tien­do, aun­que ad­mi­to, que aho­ra to­dos quie­ran ser pa­pás y ma­más. Eso no en­tra en mis coor­de­na­das y pue­do lle­gar a pa­re­cer car­ca. Las co­sas son co­mo tie­nen que ser, por­que lue­go esas pa­re­jas ho­mo­se­xua­les, tie­nen una víc­ti­ma cuan­do se rom­pen.

-¿Ha­béis ce­le­bra­do el Or­gu­llo Gay?

-A mí el Or­gu­llo me pa­re­ce muy bien, pe­ro sin ver­be­na. Me pa­re­ce bien que se reivin­di­que, pe­ro sin ver­be­na. En el sa­co del Or­gu­llo es­tán los au­tén­ti­cos y los ver­be­ne­ros. -¿A ti te re­pre­sen­tan? -Sí, por­que soy gay. Só­lo por eso, pe­ro nun­ca me mon­ta­ría en una ca­rro­za en­se­ñan­do el cu­lo, igual por­que lo ten­go caí­do... Es una cues­tión de per­so­na­li­dad, de sen­ti­do co­mún.

-¿En vues­tro en­torno la­bo­ral se co­no­ce vues­tra re­la­ción?

-Siem­pre se ha sa­bi­do.

“Yo, por mi pu­te­río, he te­ni­do mu­chas re­la­cio­nes a lo lar­go de mi vi­da” “A mí el Or­gu­llo Gay me pa­re­ce muy bien, pe­ro sin ver­be­na. Yo nun­ca me mon­ta­ría en una ca­rro­za en­se­ñan­do el cu­lo (igual por­que lo ten­go caí­do). Es una cues­tión de sen­ti­do co­mún” “En es­tos 27 años ha ha­bi­do tor­men­tas, cri­sis, ma­re­ja­di­llas… pe­ro nun­ca he­mos lle­ga­do a se­pa­rar­nos” “Te­ne­mos una re­la­ción abier­ta, en la que ha ha­bi­do otras re­la­cio­nes. Si no es así, no aguan­tas ni 15 años” “MÁS QUE FLE­CHA­ZO LO NUES­TRO FUE UN ENCANDILAMIENTO”

-Pe­ro mu­chos fa­mo­sos te han ata­ca­do por eso. -En es­te país, el re­cur­so siem­pre ha si­do de­cir­te “ma­ri­cón”. -¿Al­gún sue­ño pen­dien­te por cum­plir con Elio?

-Pro­por­cio­nar­le me­dios pa­ra una me­jor ca­li­dad de vi­da. Me gus­ta­ría dar­le más de lo que tie­ne.

“El día que yo cas­que, Elio ten­drá una pen­sión”

-Pe­ro bo­da, ya con le el has trá­mi­te pro­por­cio­na-de la do -Le eso. he pro­por­cio­na­do una par­te mu­cho del en fu­tu­ro.la de­ci­sión Eso de in­flu­yó­ca­sar­nos, por­que yo le que­ría dar una se­mi­se­gu­ri­dad. El día que yo cas­que, por lo me­nos ten­drá la mier­da de la pen­sión. -¿Re­pe­ti­rías ca­da día de es­tos 27 años? -Sí. -¿El me­jor re­cuer­do de la re­la­ción has­ta el mo­men­to? -Se­guir jun­tos. -Ha­béis via­ja­do mu­cho...

-Via­jar une o desune mu­cho, por­que es una con­vi­ven­cia in­ten­sa. Por ejem­plo, una vez fui­mos a la In­dia y Elio no ha que­ri­do vol­ver (yo vuel­vo ca­da año) por­que di­ce que no pue­de es­tar en un ho­tel de lu­jo y sa­lir a la ca­lle y ver esa po­bre­za. -Igual es más sen­si­ble por sus orí­ge­nes...

-No lo sé. Igual lo nor­mal en su ca­so se­ría apro­ve­char­se de las cir­cuns­tan­cias, pe­ro Elio es muy ge­ne­ro­so. -¿Qué rol tie­ne ca­da uno en la pa­re­ja, si es que lo hay?

-No hay una su­pe­rio­ri­dad ni in­fe­rio­ri­dad. Ca­da uno tie­ne su for­ma de vi­da y sus ami­gos. -En ca­sa, ¿te­néis las ta­reas del ho­gar re­par­ti­das?

-Te­ne­mos una chi­ca. Pe­ro ca­da uno ha­ce unas co­sas: Elio co­ci­na muy bien y yo no ten­go ni idea. A la ho­ra de la com­pra, Elio va al mer­ca­do y yo al “Día”, él com­pra lo que le gus­ta y yo lo que ne­ce­si­to. A él le en­can­ta pa­sar la mo­pa y a mí me re­la­ja mu­cho plan­char... -De la con­vi­ven­cia, ¿qué es lo que no so­por­tas de Elio?

-Ya na­da. Por­que cuan­do nos en­fa­da­mos nos va­mos ca­da uno a su ha­bi­ta­ción. -¿No com­par­tís ha­bi­ta­ción? -Nun­ca la he com­par­ti­do con na­die. Por co­mo­di­dad. - Has con­ta­do ha­ce po­co que su­fris­te aco­so en los cam­pa­men­tos del Fren­te de Ju­ven­tu­des.

-Sí, por­que en aque­lla épo­ca ser dis­tin­to a los de­más ni­ños... Yo igual no sa­bía el ca­la­do real de mi ten­den­cia, pe­ro tam­bién es ver­dad que me fi­ja­ba en los de­más chi­cos y te­nía­mos nues­tras co­sas. -¿Pe­ro có­mo era ese aco­so? -Pues in s u l t á n d o me , me­nos­pre­cián­do­me…

“En Bar­ce­lo­na lle­gó mi li­ber­tad”

-¿Tu­vis­te al­gu­na no­via pa­ra di­si­mu­lar?

-Sí, Ge­li­nes, con la que es­tu­ve un año en La Co­ru­ña, ¡y su ma­dre pre­ten­día ca­sar­nos! Me la vol­ví a en­con­trar en el ae­ro­puer­to al ca­bo de los años, por­que vi­ve en Ve­ne­zue­la, fí­ja­te la ca­sua­li­dad: he aca­ba­do ca­sa­do con un ve­ne­zo­lano. -¿Ella nun­ca sos­pe­chó?

-Ella pa­ra mí fue una ta­pa­de­ra. Yo creo que lo sa­bía, por­que con 18 años no le di ni un be­so. -¿Al­gu­na mujer más?

-Sí, en Cas­te­llón de la Pla­na me lié en un ca­ba­ret con Mi­li, que tra­ba­ja­ba allí. Era ru­bia, muy del­ga­da. Sa­li­mos tres me­ses. Fue otra ta­pa­de­ra y, por su­pues­to, no es­ta­ba enamo­ra­do. -¿Cuán­do se acaba esa épo­ca os­cu­ra? -Cuan­do lle­go a Bar­ce­lo­na. -¿Quién te da la opor­tu­ni­dad de sa­lir de La Co­ru­ña?

-Ma­ría Fer­nan­da La­drón de Gue­va­ra, la ma­dre de Car­los Larrañaga, que es­cri­bió al di­rec­tor de la Pren­sa del Mo­vi­mien­to. Yo que­ría sa­lir de La Co­ru­ña. Era co­mo vivir en una cel­da. Que­ría ve­nir­me a Ma­drid, pe­ro me man­da­ron a una pla­za que ha­bía en el pe­rió­di­co El Me­di­te­rrá­neo, en Cas­te­llón. Es­tu­ve de ma­yo a sep­tiem­bre y fue ho­rri­ble. Des­pués me man­da­ron a Bar­ce­lo-

na y lle­gó la li­ber­tad. -¿Qué des­cu­bres allí?

-Lle­gué en 1964 y un año más tar­de co­noz­co a Isi­dro, el que fue mi pa­re­ja 16 años, con el que des­cu­brí to­do. -¿Al­gún amor inal­can­za­ble?

-Soy de enamo­rar­me en­se­gui­da, pe­ro igual que me ilu­siono me de­sen­can­to. -¿Te lle­gas­te a enamo­rar de Car­los Larrañaga?

-Era co­mo mi her­mano, pe­ro se­gu­ra­men­te sí es­tu­ve enamo­ra­do de él. ¿Él lo sa­bía?

-Era muy lis­to. Nun­ca lo ha­bla­mos ni me in­si­nué. Car­los lle­ga­ba al ca­me­rino con tres mu­je­res y me man­da­ba a com­prar las re­vis­tas. ¡Me qui­ta­ba de en me­dio!

-¿En el mundo de la fa­rán­du­la aún hay mu­cha gen­te en el ar­ma­rio?

-Sí, yo les di­ría que vi­van su se­xua­li­dad. Yo nun­ca me es­con­dí. No ha­blé de ello has­ta des­pués de la muer­te de mi ma­dre por res­pe­to a ella. -¿Qué sig­ni­fi­có pa­ra ti tu ma­dre?

-Ella sí fue el hom­bro don­de me apo­ya­ba. Éra­mos cua­tro her­ma­nos, dos mu­rie­ron de pe­que­ños. El otro me lle­va­ba ocho años, no com­par­tía na­da con él y te­nía mu­cho ca­rác­ter. Mi ma­dre nun­ca me pu­so la mano en­ci­ma, mi her­mano sí. Igual lo ha­cía pa­ra lle­var­me por el buen ca­mino, pe­ro es­tá cla­ro que no le sir­vió de na­da. -¿Qué te hu­bie­se di­cho hoy tu ma­dre?

-To­das las ma­dres sa­ben por dón­de ti­ra su hi­jo o hi­ja. Mi ma­dre veía y co­no­cía a Isi­dro, y nun­ca me pre­gun­tó.

- Co­lec­cio­nas pe­lí­cu­las, ¿cuál se­ría el título de tu historia de amor con Elio? -“Qué be­llo es vivir”. -¿Y la de tu vi­da?

-No hay nin­gu­na pe­lí­cu­la que se ti­tu­le “Vi­vió pa­ra vivir”, que es el epi­ta­fio que quie­ro que pon­gan en mi tum­ba.

“ES­TU­VE ENAMO­RA­DO DE CAR­LOS LARRAÑAGA”

El pe­rio­dis­ta, po­co da­do a ha­blar de su vi­da pri­va­da, ha he­cho una ex­cep­ción con DIEZ MI­NU­TOS pa­ra con­tar­nos en ex­clu­si­va por qué ha de­ci­di­do ca­sar­se con su pa­re­ja, Elio, con quien lle­va 27 años de re­la­ción.

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