Je­sús Ma­ri­ñas ven­de su ca­sa

El pe­rio­dis­ta ha de­ci­di­do po­ner en ven­ta su es­pec­ta­cu­lar pi­so de Ma­drid por 1,2 mi­llo­nes de eu­ros. Nos lo en­se­ña en ex­clu­si­va y des­mien­te que ten­ga apu­ros eco­nó­mi­cos.

Diez Minutos - - SUMARIO - Da­niel I. Ca­ran­de Fo­tos: Ana Ruiz Ayud. de Fo­to: Fran Gi­la­rranz

“El di­ne­ro de la ca­sa quie­ro dis­fru­tar­lo y dar­le lo que le co­rres­pon­de a Elio”

Lle­va to­da la vi­da de­di­ca­do al Pe­rio­dis­mo, pe­ro ha l l ega­do el mo­men­to de dis­fru­tar. Por es­te mo­ti­vo, Je­sús Ma­ri­ñas quie­re “se­mi­re­ti­rar­se”. El ga­lle­go ha pues­to a la ven­ta su pi­so de 242 me­tros cua­dra­dos en el cen­tro de Ma­drid con un pre­cio de sa­li­da de 1,2 mi­llo­nes de eu­ros. En es­ta ca­sa vi­ve des­de ha­ce cer­ca de vein­te años con su ma­ri­do, Elio Val­de­rra­ma.

El fa­bu­lo­so pi­so, si­tua­do en la Gran Vía ma­dri­le­ña, tie­ne un gran sa­lón, un re­ci­bi­dor, cua­tro ha­bi­ta­cio­nes, un am­plio ves­ti­dor, dos cuar­tos de ba­ños, co­ci­na, te­chos de más de tres me­tros de al­tu­ra y gran­des ven­ta­na­les con vis­tas a Pla­za de España y al ba­rrio de Ma­la­sa­ña,

-¿Por qué ven­des tu ca­sa?

-Por­que quie­ro ju­bi­lar­me y te­ner es­te pi­so no de­ja de ser una car­ga. Ade­más, quie­ro vi­vir tran­qui­lo eco­nó­mi­ca­men­te y dis­fru­tar de Elio.

-¿Es­ta ca­sa fue tu sue­ño?

-Lo fue en un mo­men­to, co­mo he te­ni­do otros. De to­das for­mas, no creo que ha­ya si­do un sue­ño. Era una ca­sa que me gus­ta­ba por dón­de es­tá ubi­ca­da, por có­mo es... Las ca­sas tie­nen sus eta­pas. A me­di­da que vas cu­brien­do eta­pas, vas bus­can­do otros ho­ri­zon­tes.

-¿En cuán­tas ca­sas has vi­vi­do en Ma­drid?

-Es­ta es la quin­ta. Siem­pre me ha gus­ta­do la ciu­dad. Por eso, siem­pre he vi­vi­do por el cen­tro de Ma­drid, ade­más no con­duz­co.

-¿Te acuer­das de tu pri­me­ra ca­sa en Ma­drid?

-Sí, mi pri­me­ra ca­sa en Ma­drid fue en Los Apar­ta­men­tos Tri­bu­nal. Allí vi­vía­mos Che­lo Gar­cía Cor­tés, Jo­sé Ma­nuel Pa­ra­da y yo. Era co­mo una es­pe­cie de co­mu­na. Éra­mos muy ami­gos de Bar­ce­lo­na y lue­go la vi­da nos ha ido se­pa­ran­do. Son co­sas que pa­san.

-¿Es­ta ca­sa la com­pras­te cuan­do tra­ba­ja­bas en “Tóm­bo­la”, pro­gra­ma que ter­mi­nó en 2005?

-La com­pré con las ga­nan­cias de “Tóm­bo­la”. De he­cho, se de­be­ría lla­mar Tóm­bo­la. La pa­gué en efec­ti­vo, por­que así me ha­cían un des­cuen­to.

-Aho­ra ven­des es­ta ca­sa, ¿y cuál es el plan?

-Pues “se­mi­re­ti­rar­me”, por­que lo que quie­ro es se­guir co­la­bo­ran­do en los me­dios que pue­da, pe­ro só­lo dos días a la se­ma­na en Ma­drid y el res­to fue­ra. He pen­sa­do en Tán­ger.

-¿Tu idea es com­prar al­go allí?

-Ha­ce años lo pen­sé, pe­ro no lo hi­ce. Aho­ra ten­go apa­la­bra­do un pi­so, pe­ro pa­ra al­qui­lar­lo con op­ción a com­pra. Y aquí en Ma­drid quie­ro un pi­so de dos ha­bi­ta­cio­nes, pa­ra Elio y pa­ra mí, por es­ta zo­na.

-Des­mien­tes ca­te­gó­ri­ca­men­te que es­tés arrui­na­do.

-Cla­ro. Yo no sé quién ha dis­pa­ra­ta­do la no­ti­cia, ¡ni que ven­die­ra el Pa­la­cio de Li­ria! To­da­vía ten­go pa­ra to­mar­me un ca­fé con le­che ca­da ma­ña­na, pa­ra com­prar­me diez ca­mi­sas cuan­do quie­ra, pa­ra ha­cer mi via­je al ex­tran­je­ro ca­da mes y pa­ra se­guir vi­vien­do con cier­ta fa­ci­li­dad.

-Ni Mon­to­ro te ha pi­lla­do...

-Ha­cien­da me ha pi­lla­do, co­mo a to­dos. Pe­ro no ven­do mi ca­sa por­que es­té aho­ga­do. Me he da­do cuen­ta que sien­do una ca­sa muy có­mo­da es una in­co­mo­di­dad y aho­ra tam­bién el ve­cin­da­rio ha cam­bia­do: an­tes te­nía a gen­te co­mo Al­fre­do Ames­toy, Ma­nuel Sal­va­dor, y aho­ra to­do son ofi­ci­nas.

“Voy a ven­der to­das las co­sas que pue­da” -Elio y tú lle­váis en es­ta ca­sa cer­ca de vein­te años, ¿qué re­cuer­dos te que­das?

-Pues ha­ber vi­vi­do con Elio. Al prin­ci­pio me aso­ma­ba mu­cho a las ven­ta­nas del sa­lón pa­ra ver la Pla­za de España, la Gran Vía, la Ca­sa de Cam­po, pe­ro aho­ra pre­fie­ro las vis­tas de la co­ci­na al ba­rrio de Ma­la­sa­ña. Pe­ro yo nun­ca he te­ni­do ca­ri­ño a mis ca­sas.

-¿Y qué vas a ha­cer con to­da la can­ti­dad de co­sas que tie­nes aquí?

-Re­ga­lar mu­chas, ven­der las que pue­da. La Ca­ba­llé siem­pre de­cía una co­sa que me ha mar­ca­do mu­cho: te­nía un co­llar de es­me­ral­das, que a prin­ci­pio de su ca­rre­ra le ro­ba­ron cuan­do le ha­bía cos­ta­do mu­cho es­fuer­zo com­prar­lo, y le di­jo a su ma­ri­do que no pa­sa­ba na­da, por­que ya lo ha­bía dis­fru­ta­do. Pues eso es, a fin de cuen­tas, lo que me pa­sa con mu­chas de las co­sas que ten­go aquí, por­que ya las he dis­fru­ta­do.

“EN ES­TA CA­SA NO TEN­GO NIN­GÚN RE­CUER­DO. SÓ­LO HA­BER VI­VI­DO CON MI MA­RI­DO, ELIO VAL­DE­RRA­MA”

“PA­RA MÍ UN PO­SI­BLE LI­GUE CON­SIS­TE EN EN: HA­BLAR, DESNUDARTE, SE­XO, VES­TIR­TE Y SE­GUIR HA­BLAN­DO”

-¿Y qué es lo que te vas a lle­var?

-Mi co­lec­ción del San­to Fran­cis­co Ja­vier, al­gún cua­dro y to­da la co­lec­ción de Montserrat Ca­ba­llé. Y con la ro­pa he pen­sa­do en dár­se­la al Pa­dre Án­gel, aun­que ten­go mu­chos abri­gos que ape­nas me he pues­to y lo más pro­ba­ble es que los ven­da o me los lle­ve.

-¿Te has lle­ga­do a arre­pen­tir de to­do lo que has com­pra­do du­ran­te to­do es­te tiem­po? Por­que allí don­de has ido has com­pra­do al­go.

-No, por­que eso es co­mo un vi­cio. Co­mo lo po­dría ser el se­xo, que ya no lo es.

-¿Por qué?

-No sé si por la edad o por el can­san­cio de la gen­te.

-Pe­ro en “el se­xo por se­xo” no tie­nes por qué co­no­cer a la otra per­so­na.

-Lo que me ocu­rre es que a mí me man­da mu­cho la ca­be­za y si es­toy en en el lío y pien­so en otra co­sa, ya me des­cen­tró. Pa­ra mí un po­si­ble li­gue con­sis­te en: ha­blar, desnudarte, se­xo, ves­tir­te y se­guir ha­blan­do. Eso ya lo veo im­po­si­ble. Ya só­lo me sir­ve el aquí te pi­llo, aquí te ma­to.

-Vol­va­mos al tra­ba­jo, ¿por qué re­ti­rar­te?

-A mí me ata­ba mu­cho el pro­gra­ma de la Cam­pos, “Qué tiem­po tan fe­liz”, por­que era una obli­ga­ción ir ca­da fin de se­ma­na. Y no po­día ir­me fue­ra ni ha­cer nin­gún ti­po de pla­nes de los que me gustan.

“Yo no le he di­cho a Te­re­sa Cam­pos que se re­ti­re” -¿Te can­sa el pa­no­ra­ma que hay ac­tual­men­te en la pren­sa del co­ra­zón?

-No es que me can­se, me abu­rre y me de­pri­me. Es to­do el ra­to lo mis­mo, pe­ro con per­so­na­jes sin in­te­rés.

-A Ma­ría Te­re­sa Cam­pos, co­mo ami­go que eres de ella, ¿no le has di­cho que se re­ti­re?

-No, por­que es su vi­da. Nun­ca me atre­ve­ría a de­cír­se­lo.

-Pi­des más de un mi­llón de eu­ros, ne­go­cia­bles, ¿qué vas a ha­cer con tan­to di­ne­ro?

-Dis­fru­tar­lo y dar­le lo que le co­rres­pon­de a Elio.

-Es­te ve­rano anun­cia­bas que te ha­bías ca­sa­do, ¿te ha cam­bia­do mu­cho la vi­da so­cial­men­te? ¿Qué te han di­cho tus ami­gos y la gen­te del mun­di­llo?

-Ca­da vez que voy a al­gún si­tio, to­do el mun­do me ha fe­li­ci­ta­do. Y a Elio tam­bién. No sé si lo de­cían de co­ra­zón o no, pe­ro real­men­te me da lo mis­mo.

-¿Y tu fa­mi­lia? Bueno, me­jor di­cho, tu so­brino.

-Que se ale­gra mu­cho y siem­pre que lla­ma me pre­gun­ta por Elio. Y por lo de la ven­ta de la ca­sa me ha lla­ma­do alar­ma­do por lo que se es­ta­ba di­cien­do, y me ofre­ció una ha­bi­ta­ción en La Co­ru­ña, don­de vi­ve.

-¿Qué opi­nión te me­re­ce lo que han he­cho con Te­re­lu Cam­pos y Ly­dia Lo­zano en “Sál­va­me”?

-¿Ese des­pi­do tea­tra­li­za­do? Me pa­re­ce in­jus­to, por­que las dos, con su es­ti­lo, son es­tu­pen­das. Yo le man­dé un men­sa­je de áni­mo a Ly­dia, por­que es la más dé­bil de las dos. De to­das for­mas, si tu­vie­ra que ele­gir, me que­da­ba con Te­re­lu. -¿Por amis­tad? -No, por­que yo soy ami­go de su madre, no de ella.

-¿Hu­bie­ras en­tra­do en ese tea­tri­llo cuan­do tra­ba­ja­bas en el pro­gra­ma?

-Yo, cuan­do te­nía que re­no­var mi con­tra­to, que me que­rían re­ba­jar el suel­do, ya es­ta­ba pre­pa­ra­do pa­ra ir­me. Siem­pre les de­cía que se ha­bían se­pa­ra­do con­mi­go, co­mo yo me equi­vo­qué con ellos. Por­que yo creía que era un pro­gra­ma in­for­ma­ti­vo.

-¿Le das mu­cha vi­da a “Sál­va­me”?

-Yo creo que se es­tán aho­gan­do y es­tán re­cu­rrien­do a co­sas. Yo ten­go mu­cha con­fian­za en la ca­pa­ci­dad de reac­ción de la cadena y la pro­duc­to­ra, La fá­bri­ca de la te­le. Se­gu­ro que lo re­mon­tan, por­que no es el pri­mer ba­che que tie­nen. Pe­ro si se van car­gan­do a los co­la­bo­ra­do­res his­tó­ri­cos caen en un error, por­que lo bueno es la con­ti­nui­dad de los co­la­bo­ra­do­res his­tó­ri­cos. Y lo que ame­na­za con sus­ti­tuir a Ly­dia y a Te­re­lu, no me da mu­cha con­fian­za.

-Se ha em­pe­za­do a ha­blar de su­pues­tos abu­sos se­xua­les en el ci­ne, te­le­vi­sión o el es­pec­tácu­lo. ¿Qué opi­nas de to­da es­ta po­lé­mi­ca?

-Só­lo se com­pra lo que es­tá en ven­ta.

-¿Co­no­ces a mu­chas que han pa­sa­do por el aro?

-Cla­ro que sí, pe­ro tam­bién ha ha­bi­do mu­chos. Yo en mi ju­ven­tud, en La Co­ru­ña, cuan­do tra­ba­ja­ba en el Tea­tro Es­pa­ñol Uni­ver­si­ta­rio, pa­sé por el aro.

-¿De ver­dad?

-Sí. El di­rec­tor se en­ca­pri­chó y me pro­me­tió un pa­pel si me acos­ta­ba con él.

-¿Ac­ce­dis­te?

-Me acos­té con él y no me lo dio. Era muy con­fia­do. Pe­ro es­to va a se­guir pa­san­do, por­que es un co­mer­cio.

“ME ACOS­TÉ CON EL DI­REC­TOR DE UN TEA­TRO DE LA CO­RU­ÑA POR UN PA­PEL EN UNA OBRA, PE­RO LUE­GO NO ME LO DIO. IGUAL ERA DE­MA­SIA­DO CON­FIA­DO”

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.