HER­MANO OSO

TRAS UNA BUE­NA TEM­PO­RA­DA CON LOS MEMP­HIS GRIZZ­LIES, MARC LLE­GA AL EU­RO­BAS­KET CON MÁS ILU­SIÓN Y FUER­ZA QUE NUN­CA. UNO DE NUES­TROS ME­JO­RES JU­GA­DO­RES DE SIEM­PRE NOS DE­MUES­TRA TAM­BIÉN QUE ES UN GIGANTE FUE­RA DE LAS CAN­CHAS DE BA­LON­CES­TO.

DT - - CONTENIDO - TEX­TO GA­BRIEL ÁLVAREZ FO­TOS JUAN­JO MO­LI­NA ES­TI­LIS­MO JO­SÉ LU­PA.

Jar­di­ne­ro, ma­ri­ne­ro, fi­lán­tro­po, pa­dre de fa­mi­lia... y por su­pues­to uno de los me­jo­res ju­ga­do­res de la NBA. Marc Ga­sol es un gran ti­po. En to­dos los sen­ti­dos.

El­vis Pres­ley es par­te de la cul­tu­ra del pue­blo, en­ten­de­rás me­jor lo que can­ta y, so­bre to­do có­mo lo can­ta si te pa­ras a co­no­cer Memp­his”. Marc Ga­sol (Bar­ce­lo­na, 1985) se en­tre­gó a la ciu­dad y a su equi­po en cuer­po y al­ma des­de el día que lle­gó, ha­ce ya ca­si una dé­ca­da, y ellos, co­mo can­ta­ba el Rey, no pu­die­ron evi­tar enamo­rar­se de él. Apa­sio­na­do del mar, aho­ra mis­mo es­tá le­yen­do “El ca­za­dor de bar­cos” de Jus­tin Scott y pien­sa en fon­dear una ca­la de Me­nor­ca cuan­do le pre­gun­ta­mos qué hacer du­ran­te vein­ti­cua­tro se­gun­dos fue­ra de una can­cha de bas­ket. El pí­vot es­pa­ñol se ha con­ver­ti­do en el ca­pi­tán de un bu­que lla­ma­do Memp­his Grizz­lies, con el que quie­re abor­dar de ma­ne­ra de­fi­ni­ti­va la siem­pre com­pe­ti­ti­va li­ga NBA.

Pe­ro Marc Ga­sol es mu­cho más que un gran­dí­si­mo ju­ga­dor de ba­lon­ces­to, es un gigante co­mo per­so­na, un faro en el que fi­jar­se. Al igual que le ha ocu­rri­do en la li­ga, en la que los cin­cos co­mo él se han vis­to obli­ga­dos a rea­li­zar mu­chas más fun­cio­nes a la ho­ra de ju­gar, Marc tam­bién ha mul­ti­pli­ca­do sus ta­reas fue­ra de la can­cha. Ade­más de pa­dre y ma­ri­do, el ju­ga­dor bar­ce­lo­nés si­gue lu­chan­do des­de su fun­da­ción con­tra la obe­si­dad in­fan­til y ayu­dan­do al ba­lon­ces­to lo­cal con su club y aho­ra equi­po pro­fe­sio­nal del Bás­quet Girona. Pe­ro su ob­je­ti­vo más in­me­dia­to es la de­fen­sa del tí­tu­lo del Eu­ro­bas­ket, una ci­ta que su­po­ne la gran ale­gría de vol­ver a ver a Marc con la ca­mi­se­ta de Es­pa­ña.

¿Has te­ni­do tiem­po de dis­fru­tar las va­ca­cio­nes?

Mu­cho. Me lo he pa­sa­do muy bien. No he via­ja­do demasiado, pe­ro he­mos con­se­gui­do com­pri­mir es­tan­cias más cor­tas y más in­ten­sas. Con dos hi­jos tie­nes me­nos tiem­po pa­ra la vi­da so­cial, pe­ro si te or­ga­ni­zas hay tiem­po pa­ra to­do los fi­nes de se­ma­na, y los días de dia­rio en­tre­nar. El en­tre­na­mien­to ha si­do el que ha mar­ca­do el tem­po de las va­ca­cio­nes.

Y aun­que ya no son va­ca­cio­nes, en la con­cen­tra­ción de la se­lec­ción es­pa­ño­la no te lo pa­sas mal.

Me lo pa­so muy bien. Es un am­bien­te muy es­pe­cial, úni­co, don­de se sien­ten unas sen­sa­cio­nes que son di­fí­ci­les de des­cri­bir en pa­la­bras. Al fi­nal el com­pro­mi­so, el res­pe­to, el ta­len­to y la am­bi­ción ha­cen que res­pi­re­mos un ai­re que sa­be­mos que es muy es­pe­cial, aun­que des­gra­cia­da­men­te tie­ne una fe­cha de ca­du­ci­dad, no sa­be­mos cuán­do, pe­ro so­mos cons­cien­te de que en el de­por­te co­mo en la vi­da, to­do se aca­ba.

En es­te Eu­ro­bas­ket vuel­ves a la se­lec­ción des­pués de dos au­sen­cias en Fran­cia y en Río, ¿có­mo fue ver a la se­lec­ción des­de fue­ra?

Ver­lo des­de fue­ra fue duro, pe­ro duro por mí. Duro por­que te lo pier­des y ade­más có­mo me lo per­dí, tras em­pe­zar con el equi­po y que te ti­ren pa­ra atrás por pre­cau­ción. Pe­ro to­do en la vi­da te ha­ce apren­der, lo di­gie­res lo me­jor po­si­ble y a se­guir pa­ra de­lan­te. Que­dar­te en­gan­cha­do y cla­va­do no ayu­da a tu evo­lu­ción.

Israel, Fin­lan­dia... Co­mo afi­cio­na­do al ba­lon­ces­to ¿qué opi­nión te me­re­ce es­te sis­te­ma de va­rias se­des den­tro de un mis­mo Eu­ro­bas­ket?

A mí me gus­ta. Me pa­re­ce que pro­mue­ve el ba­lon­ces­to en di­fe­ren­tes paí­ses y ciu­da­des, lo que sig­ni­fi­ca más adep­tos, más ni­ños que jue­gan, que se lo pa­san bien, que se acer­can al ba­lon­ces­to y creo que eso es po­si­ti­vo pa­ra to­do el mun­do.

¿Y del he­cho de que a par­tir de aho­ra el Eu­ro­peo se ce­le­bre ca­da cua­tro años qué pien­sas?

Yo si pu­die­se ca­da año, ju­ga­ría ca­da año. Pe­ro en­tien­do que con la NBA y la Eu­ro­li­ga de al­gu­na ma­ne­ra ha­bía que hacer al­go.

¿Có­mo ves a la se­lec­ción de ca­ra a es­ta ci­ta?

Nos veo con mu­cha am­bi­ción, mu­cho res­pe­to al jue­go, al de­por­te, la gen­te jo­ven vie­ne con mu­chas ga­nas y eso es muy bueno por­que su­be el ni­vel de exi­gen­cia. Es una ener­gía muy po­si­ti­va.

¿Te cues­ta cam­biar el chip de la NBA a FIBA?

No. Son di­fe­ren­tes los es­pa­cios, el tiem­po de jue­go, el es­ti­lo... pe­ro ten­go la suer­te de en­ten­der el ba­lon­ces­to de una ma­ne­ra más glo­bal y adap­tar­me a lo que re­quie­ra el guión.

Pues va­ya­mos a la NBA. ¿Có­mo os ha­béis sen­ti­do es­ta tem­po­ra­da en Memp­his?

Bueno, co­mo to­das. Un po­co de in­con­sis­ten­cia al prin­ci­pio. Con el pa­rón del All Star nos cos­tó mu­chí­si­mo en­con­trar nues­tra iden­ti­dad y en el Oes­te eso lo aca­bas pa­gan­do. Ser oc­ta­vo en es­ta con­fe­ren­cia ge­ne­ra una se­rie de pro­ble­mas que son muy pe­li­gro­sos. Se de­be bus­car esa con­sis­ten­cia du­ran­te el año pa­ra es­tar en­tre los cua­tro pri­me­ros, que es lo que te da ese po­qui­to de ven­ta­ja de ca­ra a los playoffs. Te­ne­mos que ser más con­sis­ten­tes y fuer­tes des­de el ini­cio.

¿Crees que el equi­po es­tá más cer­ca o más le­jos de lle­gar al ani­llo que cuan­do al­can­zas­teis las fi­na­les de con­fe­ren­cia?

El po­ten­cial del equi­po yo creo que es ma­yor. Ob­via­men­te he­mos per­di­do ju­ga­do­res que eran im­por­tan­tes pa­ra no­so­tros. He­mos de ver cuál es nues­tra nue­va iden­ti­dad de jue­go, con nue­vos ju­ga­do­res y nue­vo en­tre­na­dor, te­ne­mos que ver dón­de es­ta­mos y eso lo ire­mos vien­do a me­di­da que ju­gue­mos partidos.

¿Có­mo has vi­vi­do la mar­cha de ju­ga­do­res co­mo Zach Ran­dolph o Vin­ce Car­ter?

Es di­fí­cil. Tie­nes un víncu­lo muy fuer­te. Cuan­do se va un ami­go del equi­po y no pue­des con­vi­vir con ellos es duro. Ofre­ce mu­cha con­fian­za sa­ber có­mo van a reac­cio­nar per­so­nas que co­no­ces a cier­tas tra­bas o pro­ble­mas que te pue­des en­con­trar, sin ellos que­da afron­tar la tem­po­ra­da con más am­bi­ción y más res­pon­sa­bi­li­dad.

¿Có­mo ves es­te nue­vo rol del hom­bre gran­de que ca­da vez es más po­li­fa­cé­ti­co?

Creo que el ba­lon­ces­to evo­lu­cio­na ca­da vez más a per­der las po­si­cio­nes. Hoy en día de­bes po­der de­fen­der va­rias po­si­cio­nes, hacer mu­chas co­sas en la pis­ta, por­que el es­ti­lo de jue­go que se es­tá crean­do te obli­ga a apren­der. Ano­tar, pa­sar, ge­ne­rar jue­go. An­tes el cin­co ta­po­na­ba, re­bo­tea­ba y la me­tía pa­ra aba­jo, aho­ra te­ne­mos que hacer mu­chas más co­sas. Cuan­tas más co­sas ha­gas,

VER A LA SE­LEC­CIÓN DES­DE FUE­RA FUE MUY DURO. PE­RO TO­DO EN LA VI­DA TE HA­CE APREN­DER, QUE­DAR­TE EN­GAN­CHA­DO NO AYU­DA A TU EVO­LU­CIÓN”

más tiem­po pue­des es­tar en la pis­ta y al fi­nal es de lo que se tra­ta, de ju­gar.

Y tú que tam­bién es­tás me­ti­do en el mun­do del de­por­te de ba­se, ¿crees que es­ta nue­va ten­den­cia ha­rá que cam­bie la for­ma de en­se­ñar a ju­gar a los chi­cos más jó­ve­nes?

Los fru­tos se plan­tan y tar­dan en cre­cer. Lo que aho­ra es­ta­mos vien­do es el re­sul­ta­do de un lar­go apren­di­za­je. Na­die apren­de a ti­rar con trein­ta años. Des­de la apa­ri­ción de ju­ga­do­res co­mo Dirk No­witz­ki, co­mo Pau, que son ju­ga­do­res es­pe­cia­les y úni­cos, pro­vo­ca que se tra­ba­je de otra ma­ne­ra. Con nues­tros cha­va­les tra­ba­ja­mos que to­dos ha­gan de to­do.

Con es­ta cons­tan­te evo­lu­ción y es­te rit­mo fre­né­ti­co que tie­ne la NBA, ¿te da tiem­po a pa­rar­te y a dis­fru­tar del mo­men­to?

Sí, so­bre to­do des­pués del año pa­sa­do con la le­sión, in­ten­tas dis­fru­tar lo má­xi­mo po­si­ble den­tro y fue­ra de la pis­ta. Ten­go la suer­te de es­tar co­nec­ta­do con el club de Girona y eso me ha­ce vi­vir el ba­lon­ces­to des­de va­rios án­gu­los, lo que es muy di­ver­ti­do y muy edi­fi­can­te por la pers­pec­ti­va y la ma­ne­ra de hacer di­fe­ren­tes.

Vas a em­pe­zar aho­ra tu dé­ci­ma tem­po­ra­da en la NBA, ¿có­mo crees que te en­fren­ta­rías al Marc Ga­sol que lle­gó ha­ce diez años a la li­ga?

Hay una gran di­fe­ren­cia. Sé que me ha­ría tra­ba­jar mu­cho, que iría a to­das. Lo que más ha cam­bia­do des­de en­ton­ces ha si­do mi rol en el equi­po, pe­ro la ma­ne­ra de afron­tar a mi ri­val di­rec­to, que en es­te ca­so se­ría yo mis­mo, no ha cam­bia­do. Se­ría di­ver­ti­do, me gus­ta ba­tir a mi ri­val.

Diez tem­po­ra­das en la NBA, pe­ro tú ya ha­bías es­ta­do an­tes en Es­ta­dos Uni­dos, ¿qué re­cuer­das de aque­llos dos años en el high school?

Mu­chas co­sas. Un im­pac­to muy gran­de, una cul­tu­ra di­fe­ren­te a la que yo es­ta­ba acos­tum­bra­do. Co­gí mu­cho pe­so, me abría al mun­do del in­glés y so­bre to­do es­ta­ba muy cer­ca del mun­do NBA. Una ex­pe­rien­cia muy en­ri­que­ce­do­ra. Es ver­dad que hu­bo par­tes ne­ga­ti­vas, pe­ro in­clu­so esas me han ayu­da­do a ser aho­ra quien soy.

Sin em­bar­go des­pués de dos años allí, de­ci­des vol­ver. ¿Có­mo to­mas­te esa de­ci­sión tan ma­du­ra pa­ra un cha­val de vein­te años?

Más que con la ca­be­za, con el co­ra­zón. Yo sen­tía que no es­ta­ba del to­do a gus­to allí. Tu­ve la suer­te de que el en­tre­na­dor del Bar­ce­lo­na, Sve­tis­lav Pe­sic, me vio ju­gar en el Palau con unos cha­va­les de la can­te­ra y le gus­tó lo que vio y ob­via­men­te yo di­je que sí, no ha­bía sue­ño más gran­de pa­ra un cha­val de la can­te­ra.

Y ca­sua­li­da­des de la vi­da, cuan­do vuel­ves a Es­ta­dos Uni­dos, te to­ca otra vez Memp­his. ¿Có­mo es esa re­la­ción que tie­nes con la ciu­dad?

Yo siem­pre que ha­go al­go me vincu­lo mu­chí­si-

mo emo­cio­nal­men­te, es la ma­ne­ra que ten­go de en­ten­der el de­por­te. Yo jue­go pa­ra un ob­je­ti­vo ma­yor que mí mis­mo y eso me ha­ce sen­tir es­pe­cial. Trans­mi­tir a la gen­te y po­der ins­pi­rar y de­mos­trar que con tra­ba­jo to­do es po­si­ble.

Ha­blan­do de esos otros ob­je­ti­vos ¿Có­mo fue re­ci­bir el Prin­ce­sa de As­tu­rias con tu her­mano?

Me hi­zo muy fe­liz. Por­que no so­lo va­lo­ran có­mo eres co­mo de­por­tis­ta sino tam­bién tus prin­ci­pios co­mo per­so­na, que eso al fi­nal el mé­ri­to es de tus pa­dres. Un po­co abru­ma­do, por­que tú no te ves tan im­por­tan­te co­mo otra gen­te te ve.

Si­guien­do por ese la­do hu­mano, cuén­ta­nos un po­co que tal va la Ga­sol Foun­da­tion.

Se­gui­mos lu­chan­do con­tra la obe­si­dad in­fan­til des­de to­dos los án­gu­los. El ám­bi­to fa­mi­liar, el co­le­gio, los há­bi­tos ali­men­ti­cios, in­ten­tan­do ayu­dar y ofre­cer las he­rra­mien­tas a los chi­cos y chi­cas con nues­tros ex­per­tos, ex­pe­rien­cias per­so­na­les y cui­dar mu­cho el es­ta­do emo­cio­nal de las per­so­nas.

Otro de tus pro­yec­tos que co­mien­za una nue­va eta­pa es­ta tem­po­ra­da es el del Bás­quet Girona, ¿qué es­pe­ras de es­te nue­vo equi­po pro que ha­béis crea­do pa­ra es­te año?

Mu­cha ilu­sión. Te­ne­mos la suer­te de que el en­tre­na­dor tie­ne una vi­sión pa­re­ci­da a la mía, le en­can­ta tra­ba­jar con gen­te jo­ven. Ofre­cer esas opor­tu­ni­da­des y ese en­torno que crea­mos arro­pan­do al má­xi­mo al ju­ga­dor creo que se­rá muy po­si­ti­vo pa­ra to­dos ellos.

Cen­trán­do­nos en ti de nue­vo, ¿có­mo es ser ma­ri­do, pa­dre y ju­ga­dor de la NBA?

Es una vi­da muy tran­qui­la la ver­dad. En ca­sa te­ne­mos las ru­ti­nas muy mar­ca­das. Si ten­go par­ti­do yo re­co­jo a los ni­ños, si pue­do los lle­vo

al co­le­gio. De­pen­de mu­cho si estoy en la ciu­dad o no y si ten­go par­ti­do o no. Los mo­men­tos de ocio y de pa­re­ja se han re­du­ci­do, pe­ro los dis­fru­ta­mos más.

¿Van mu­cho a ver­te al pa­be­llón?

Me ha­ce mu­cha ilu­sión cuan­do mi hi­ja vie­ne. Aun­que du­ran­te las pre­sen­ta­cio­nes hay unos fue­gos que a ella no le gus­tan mu­cho, ver­la son­reír es pa­ra mí lo que más me im­por­ta. Cuan­do eres pa­dre de­jas de ser el pro­ta­go­nis­ta de tu vi­da y to­do se ba­sa en su fe­li­ci­dad.

Tu mu­jer mo­di­fi­có tu mun­do com­ple­ta­men­te, ¿nos pue­des ha­blar de có­mo te cam­bió la vi­da ?

Pues ima­gí­na­te un chi­co de die­ci­ocho años que no es­tá muy a gus­to con­si­go mis­mo, que co­no­ce una per­so­na que le quie­re y le res­pe­ta tal y co­mo es, aún no en­tien­do có­mo, pe­ro así es. Eso te da una se­gu­ri­dad y una con­fian­za que si no es­tás a gus­to con­ti­go mis­mo no tie­nes. La cons­tan­te evo­lu­ción que con­lle­va la vi­da en pa­re­ja te or­de­na bas­tan­te, me dio mu­cho la ver­dad.

Gra­cias a las re­des so­cia­les, @marc­ga­sol, tam­bién co­no­ce­mos una pa­sión que pue­de ex­tra­ñar a más de uno: tu huer­to eco­ló­gi­co.

Es una pa­sión que he ido vi­vien­do con el tiem- po. Lo he vi­vi­do y sen­ti­do des­de pe­que­ño con mi abue­lo y cuan­do he vis­to la opor­tu­ni­dad de ha­cer­lo, pues lo he he­cho. Te­nía mu­chas ga­nas de ha­cer­lo. Va­lo­ras lo di­fí­cil que es hacer tu pro­pia co­mi­da. Aun­que tie­ne la par­te ne­ga­ti­va de que aho­ra cuan­do voy al sú­per, no con­si­go en­con­trar esos mis­mos sa­bo­res de una fru­ta o una ver­du­ra de tem­po­ra­da.

Y otra pa­sión de la que nos ha­blas en tus re­des es la de los co­ches eléc­tri­cos, ¿de dón­de te vie­ne es­te in­te­rés?

Los co­no­cí ha­rá un par de años y des­de que los pro­bé me que­dé enamo­ra­do. Pri­me­ro ven­dí mi co­che y me com­pré uno eléc­tri­co. Lue­go mi mu­jer me lo que­ría qui­tar, así que aca­ba­mos te­nien­do uno ca­da uno, así no me lo qui­ta. Me veo muy iden­ti­fi­ca­do con la mar­ca de Tes­la y me pa­re­ce que si que­re­mos cui­dar el pla­ne­ta y que nues­tros hi­jos dis­fru­ten de lo que he­mos dis­fru­ta­do no­so­tros es el úni­co ca­mino.

Siem­pre quie­res me­jo­rar, es tu ob­se­sión. ¿En qué te vas a cen­trar en es­ta pró­xi­ma tem­po­ra­da?

En me­jo­rar la con­sis­ten­cia del equi­po. Se­guir su­bien­do de ni­vel y exi­gir­me más a mí y al equi­po. Así al fi­nal lle­ga­rán los re­sul­ta­dos.

JONATHAN A. LOGAN. Bom­ber. BO­RIS BIDJAN SABERI. Hoo­die.

LOST AND FOUND. Ca­mi­se­ta. AMIRI. Vaquero. MEZLAN. Za­pa­tos.

MIR­TO. Jer­sey. ASOS. Ca­mi­se­ta.

DIE­SEL. Su­da­de­ra y re­loj. OLIM­PO. Ca­mi­sa.

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