La sal­va­ción lle­ga por ca­rre­te­ra y des­de EE UU

El País (1ª Edición) - - PORTADA -

La au­sen­cia de po­bre­za no tie­ne na­da que ver con el lu­jo y el bie­nes­tar en­tra, mu­chas ve­ces, en con­tra­dic­ción con la vi­da en la gran ciu­dad. El mu­ni­ci­pio con la me­nor ta­sa de po­bre­za de Mé­xi­co, Hué­pac, es­tá en la par­te más ru­ral de la sie­rra de So­no­ra, a 160 ki­ló­me­tros de la ca­pi­tal del Es­ta­do, Her­mo­si­llo. Se lle­ga a él por una ca­rre­te­ra es­ta­tal ser­pen­tean­te, pe­ro fir­me y bien man­te­ni­da que dis­cu­rre en pa­ra­le­lo al río So­no­ra.

En 2010, cuan­do el Con­se­jo Na­cio­nal de Eva­lua­ción de la Po­lí­ti­ca de Desa­rro­llo So­cial hi­zo la me­di­ción an­te­rior, los lu­ga­res de Mé­xi­co con me­nor ta­sa de po­bre­za eran zo­nas aco­mo­da­das de gran­des ur­bes co­mo Mon­te­rrey o Ciu­dad de Mé­xi­co. Hoy, los 15 pri­me­ros lu­ga­res los co­pan los mu­ni­ci­pios ru­ra­les, sie­te de ellos en So­no­ra (en el no­roes­te del país).

Es me­dio­día de un jue­ves y no hay ni un al­ma en el co­ra­zón de Hué­pac, co­mo si la tie­rra se hu­bie­se tra­ga­do al mi­llar de per­so­nas que vi­ve aquí: el úni­co res­tau­ran­te que hay es­tá ce­rra­do y la quie­tud pro­du­ce la sen­sa­ción de que se es­tá en un pue­blo fan­tas­ma. To­do es or­den, lim­pie­za, pul­cri­tud. El es­me­ro en los de­ta­lles se com­bi­na con un in­dis­cu­ti­ble aro­ma es­ta­dou­ni­den­se.

Por la cer­ca­nía a la fron­te­ra —tres ho­ras por ca­rre­te­ra— y, so­bre to­do, por el his­tó­ri­co flu­jo mi­gra­to­rio ha­cia el nor­te: Hué­pac fue uno de los pri­me­ros pue­blos de So­no­ra que vi­vió el éxo­do de per­so­nas que, arras­tra­das por la cri­sis de la ga­na­de­ría y la minería, se mar­cha­ron a Ca­li­for­nia y Ari­zo­na a me­dia­dos del si­glo pa­sa­do.

En el re­gre­so, con aho­rros, de aque­llos mi­gran­tes pio­ne­ros es-

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