A SAL­VO DEL ESTIGMA DE VI­VIR MAR­CA­DO.

El País - Buena Vida - - CUERPO -

Las mi­ra­das de re­cha­zo ha­cen me­lla en quie­nes tie­nen un pro­ble­ma en la piel y no pue­den ir cla­man­do a los cua­tro vien­tos que lo su­yo no es con­ta­gio­so. Idén­ti­co cal­va­rio su­fren los que­ma­dos que se en­fren­tan al es­cru­ti­nio de unos po­cos. En las vi­llas con agüistas der­ma­to­ló­gi­cos, los lu­ga­re­ños es­tán acos­tum­bra­dos. Esa at­mós­fe­ra de nor­ma­li­dad se afian­za con la com­pli­ci­dad en­tre los pro­pios cu­ris­tas (ba­ñis­tas), que en­tran en ba­res o en pa­na­de­rías sin ocul­tar sus pla­cas o ci­ca­tri­ces por te­mor a cu­chi­cheos a sus es­pal­das. Des­cien­den sus ni­ve­les de es­trés y eso tam­bién ayu­da a la me­jo­ría.

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