El triun­fo del des­co­no­ci­do

El País (Nacional) - - DEPORTES -

Es­toy en Inns­bruck con lo que po­dría­mos lla­mar El Club del Ar­coí­ris, con otros cam­peo­nes del mun­do co­mo Ci­po­lli­ni, Mu­seeuw o Bet­ti­ni, y soy un anó­ni­mo, uno más. Cuan­do lle­ga­mos a un con­trol ha­ce­mos co­la de­trás de los afi­cio­na­dos y ni la po­li­cía te per­mi­te sal­tar­te las nor­mas, co­mo cuan­do me hi­cie­ron ba­jar­me de la bi­ci por­que me vie­ron ha­blan­do por te­lé­fono mien­tras pe­da­lea­ba muy des­pa­ci­to por el ca­rril bi­ci.

Me sien­to ca­si tan des­co­no­ci­do co­mo lo era el 9 de oc­tu­bre de 1999, pa­sean­do por Ve­ro­na co­mo cual­quier turista y ha­cién­do­me fotos en el jar­dín de Ju­lie­ta. Uno más. Ha­bía co­rri­do muy po­co fue­ra de Es­pa­ña. Al día si­guien­te ga­né mi pri­mer Mun­dial.

Te­nía 23 años, los mis­mos que tie­ne En­ric Mas aho­ra, pe­ro mi si­tua­ción era di­fe­ren­te. Po­cos afi­cio­na­dos me co­no­cían y me­nos pen­sa­ban que po­día ha­cer al­go. No ha­bía des­ta­ca­do en la Vuel­ta co­mo Mas. No era el fa­vo­ri­to de na­die. So­lo yo sa­bía que an­da­ba muy bien y que po­día ha­cer un buen papel, pe­ro so­lo eso, un buen papel. A la ho­ra de lle­gar a un Mun­dial, en la se­lec­ción es­pa­ño­la, en ge­ne­ral en el ci­clis­mo es­pa­ñol, na­die pen­sa­ba que se po­día ga­nar. Na­die te­nía men­ta­li­dad de ga­na­dor, pe­ro yo me ilu­sio­na­ba por­que dos años an­tes ha­bía si­do sub­cam­peón mun­dial sub-23 y sa­bía que es­ta era una opor­tu­ni­dad más. Acu­día con mu­cha ilu­sión. Sa­bía que po­día ser al­go. No pen­sa­ba que po­día ga­nar el Mun­dial, so­lo lo so­ña­ba. Sí, lo so­ña­ba, por­que so­ñar es gra­tis, y he so­ña­do con mu­chas más co­sas que no he con­se­gui­do. Y yo sí que te­nía men­ta­li­dad ga­na­do­ra.

La te­nía an­tes del Mun­dial por­que des­de siem­pre la tu­ve. Nun­ca he te­ni­do mie­do a na­die. Des­de el pri­mer día de pro­fe­sio­nal su­pe que no es­ta­ba le­jos de los me­jo­res. Con esa men­ta­li­dad co­rrí. Una vez que en la úl­ti­ma vuel­ta me vi en el gru­po de fa­vo­ri­tos, de­jé la ilu­sión apar­te. Ya no se tra­ta­ba de so­ñar, sino de mar­car la di­fe­ren­cia. So­lo pen­sa­ba en ga­nar. Bueno, pen­sa­ba pri­me­ro en no que­dar­me y des­pués en ga­nar, pe­ro sa­bía que si no me que­da­ba iba a ga­nar. Esa es la men­ta­li­dad ga­na­do­ra. Yo,

cuan­do pa­sé a pro­fe­sio­nal, no pa­sé pa­ra apren­der, co­mo di­cen mu­chos que ha­cen, sino que pa­sé pa­ra ga­nar. Pa­ra apren­der es­tán los años de afi­cio­na­do. En afi­cio­na­dos so­lo co­rrí una ca­rre­ra en la que se hi­cie­ron aba­ni­cos. Me que­dé cortado en el úl­ti­mo gru­po. En mi ca­rre­ra con aba­ni­cos de pro­fe­sio­nal, ga­né la eta­pa. Fue en la Vuel­ta a Cas­ti­lla y León. Mi pri­me­ra vic­to­ria pro­fe­sio­nal.

Y cuan­do en Ve­ro­na, en la úl­ti­ma vuel­ta, es­ta­ba en el gru­po de los me­jo­res, y ha­bía co­rre­do­res co­mo Van­den­brouc­ke o Ull­rich, que se ha­bían sa­li­do en la Vuel­ta, no pen­sé nun­ca que no po­dría ga­nar­les.

Ós­car Frei­re, de 42 años, ha ga­na­do, en­tre otras co­sas, tres Mun­dia­les y tres Mi­lán-San Remo. Al día si­guien­te de ga­nar en Ve­ro­na, en la pri­me­ra pá­gi­na de La Gaz­zet­ta de­llo Sport, ba­jo una foto su­ya ga­nan­do, fi­gu­ra­ba el ti­tu­lar: “El es­pa­ñol Ós­car Gó­mez, ga­na­dor sor­pre­sa”. Tan des­co­no­ci­do era que los ita­lia­nos em­pe­za­ron a co­no­cer­le an­tes por su se­gun­do ape­lli­do.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.