24 HO­RAS EN ALIEXPRESS

24 HO­RAS /

El País - Retina - - Sumario - Por Ru­bén Ro­me­ro Ilus­tra­cio­nes de Isa Mu­gu­ru­za

Cla­ves pa­ra sa­ber mo­ver­se por el gi­gan­te chino del co­mer­cio elec­tró­ni­co.

To­das las com­pa­ra­cio­nes so­bre la em­pre­sa fun­da­da por Jack Ma en 2010 sue­nan un po­co ma­ni­das. A mí me gus­ta po­ner­me lí­ri­co y pen­sar en Aliexpress co­mo en una es­pe­cie de ver­sión chi­na del Aleph, eso que vio Jor­ge Luis Bor­ges y que no era sino “uno de los pun­tos del es­pa­cio que con­tie­nen to­dos los pun­tos”. O lo que es lo mis­mo, que si es cier­to que hay otros uni­ver­sos, to­dos es­tán en Aliexpress… y a un mó­di­co pre­cio. Se­gún la re­vis­ta Bus­si­ness In­si­der, de 2016 a 2017 la em­pre­sa de e-com­mer­ce cre­ció en el mun­do un 80%. En Es­pa­ña sen­ti­mos ver­da­de­ra pa­sión por ella: en 2017 se rea­li­za­ron 16,9 mi­llo­nes de pe­di­dos a tra­vés de su por­tal y sus ven­tas lle­ga­ron a los 1.234 mi­llo­nes de eu­ros, se­gún The es­how Ma­ga­zi­ne.

La gran pre­gun­ta que uno de­be con­tes­tar al en­trar en Aliexpress es: ¿qué ne­ce­si­to? Na­da pa­ra mí. Mu­cho pa­ra la cria­tu­ra que vie­ne en ca­mino, a la que voy a equi­par en Aliexpress. Me esperan, se­gún los úl­ti­mos cálcu­los, más de 200.000 pro­vee­do­res con to­do lo que un ce­re­bro hu­mano ha si­do ca­paz de ima­gi­nar. Y, ade­más, Aliexpress con­tie­ne las tra­duc­cio­nes más psi­co­tró­pi­cas que en el mun­do ha ha­bi­do. ¿Qué di­go tra­duc­cio­nes? ¡¡Poe­mas!! Odas al len­gua­je que en­via­rían a la co­la del pa­ro a da­daís­tas, su­rrea­lis­tas y de­más im­pos­to­res de la trans­gre­sión. Pe­ro na­da me arre­dra: los chi­nos sien­ten au­tén­ti­ca de­vo­ción por sus ni­ños (y, ejem, anuncian un lla­ma­ti­vo 40% de des­cuen­to en su sec­ción in­fan­til).

Aliexpress es el Gran Ba­zar chino, pe­ro el de ver­dad, no el de la es­qui­na de cual­quier ca­lle. Aun­que con nues­tro chino de pro­xi­mi­dad com­par­te el mis­mo caos ex­po­si­ti­vo. El des­or­den es tal que hay has­ta pá­gi­nas web es­pe­cia­li­za­das en or­ga­ni­zar los pro­duc­tos, co­mo Thie­ve.co. Sin­ce­ra­men­te, los mis­mos pro­duc­tos en una y en otra pa­re­cen dis­tin­tos. De­je­mos de la­do los tri­llo­nes de pie­zas de ro­pa, pues pa­ra al­go es­ta­mos en una re­vis­ta de tec­no­lo­gía. Lo más cu­rio­so al en­trar en el uni­ver­so in­fan­til es la can­ti­dad de pro­duc­tos de hi­gie­ne que po­nen a tu dis­po­si­ción los ven­de­do­res asiá­ti­cos. De­be de ha­ber una ver­da­de­ra ob­se­sión —su­po­ne­mos— con la lim­pie­za en­tre las cla­ses

Aliexpress, la ma­yor tien­da del mun­do, cre­ció un 80% en­tre 2016 y 2017. Aquí va la cró­ni­ca en pri­me­ra per­so­na so­bre có­mo ele­gir bien en­tre sus mi­llo­nes de pro­duc­tos.

Ca­da vez que bus­cas al­go en Aliexpress, el azar te lle­va al­go di­fe­ren­te. Es co­mo una de esas no­ve­las de ‘Eli­ge tu pro­pia aven­tu­ra’ pe­ro sin que pue­das ele­gir na­da.

me­dias chi­nas. Hay, por ejem­plo, de­tec­to­res de pi­pí de plás­ti­co que van en­gan­cha­dos al pa­ñal y que es­tán co­nec­ta­dos con una app (no es­pe­ci­fi­ca si con la in­ter­faz en chino o en es­pa­ñol), lo cual de­be ser im­pres­cin­di­ble pa­ra pa­dres que ha­yan per­di­do el sen­ti­do del tac­to y del ol­fa­to. Ade­más, co­mo los Te­le­tub­bies, el de­tec­tor de pi­pí es­tá en cua­tro co­lo­res, lo que es­tá ha­cien­do que me re­plan­tee te­ner una fa­mi­lia nu­me­ro­sa. Es al­go que ocu­rre cons­tan­te­men­te en Aliexpress: ca­da vez que bus­cas al­go, el azar te lle­va a al­go di­fe­ren­te. Es co­mo una de esas no­ve­las de Eli­ge tu pro­pia aven­tu­ra pe­ro sin que pue­das ele­gir na­da, tan abru­ma­do co­mo es­tás por la ofer­ta.

Así, la plé­ya­de de gad­gets re­car­ga­bles por USB pa­ra el be­bé es in­fi­ni­ta: des­de un so­pla­mo­cos a un ca­lien­ta­bi­be­ro­nes e in­clu­so una es­pe­cie de ta­la­dro pa­ra lim­piar el ce­ru­men de la ore­ja de los be­bés. Los pro­ble­mas de ho­mo­lo­ga­ción con la Unión Eu­ro­pea son un clá­si­co de los pro­duc­tos que ven­de Aliexpress. Se ha po­pu­la­ri­za­do con cier­ta mal­dad que sus pro­duc­tos no son fia­bles. Se jun­ta aquí cier­ta vi­sión eu­ro­cen­tris­ta del mun­do orien­tal y al­go de in­to­xi­ca­ción por par­te de la com­pe­ten­cia. Ob­via­men­te, en­tre los cien­tos de mi­les de ven­de­do­res siem­pre hay al­guno que te in­ten­ta dar ga­to por liebre pe­ro, se­gún los ex­per­tos, aque­llos que es­tán por en­ci­ma del 97% de va­lo­ra­ción son tan se­rios co­mo cual­quie­ra. Tras su­pe­rar los más de 100 mi­llo­nes de usua­rios en to­do el mun­do, pa­re­ce evi­den­te que no to­dos pue­den es­tar equi­vo­ca­dos.

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