Jain, la no­ta mes­ti­za

Jain, la última sen­sa­ción fran­ce­sa, no en­tien­de de fron­te­ras ni gé­ne­ros

El País - S Moda - - SUMARIO - Tex­to ANA FER­NÁN­DEZ ABAD

Mi ca­sa era ha­cer mú­si­ca. Cuan­do te mu­das de un país a otro a ve­ces te sien­tes per­di­do, pe­ro al crear can­cio­nes yo me sen­tía a sal­vo en cual­quier par­te», di­ce Jean­ne Ga­li­ce (Tou­lou­se, 1992) mien­tras evo­ca una in­fan­cia nó­ma­da que la lle­vó a cre­cer en el Con­go, Du­bái y Abu Da­bi. La per­cu­sión –em­pe­zó a to­car la ba­te­ría a los sie­te años– era su re­fu­gio en­tre mu­dan­za y mu­dan­za. Con esos rit­mos apren­di­dos en Áfri­ca se lan­zó a com­po­ner. Col­ga­ba sus te­mas en MyS­pa­ce, lla­mó la aten­ción de la in­dus­tria y en 2015, ya co­mo Jain, lan­zó su pri­mer ál­bum, Za­na­ka. Aho­ra aca­ba de edi­tar su se­gun­do dis­co, Soul­dier, y con su so­ni­do mul­ti­cul­tu­ral y bai­la­ble se ha con­fir­ma­do co­mo un fe­nó­meno sin fron­te­ras. Su apues­ta vi­sual –op­ti­mis­ta, co­lo­ri­da– y sus co­reo­gra­fías han si­do las cla­ves en un éxi­to con men­sa­je reivin­di­ca­ti­vo: el ví­deo de Ma­ke­ba –por el que fue no­mi­na­da a un Grammy es­te año– se hi­zo vi­ral y a tra­vés de es­ta pe­ga­di­za can­ción mu­chos des­cu­brie­ron la fi­gu­ra de la can­tan­te y ac­ti­vis­ta pro de­re­chos hu­ma­nos sud­afri­ca­na que da tí­tu­lo al te­ma.

¿Por qué hay que reivin­di­car fi­gu­ras co­mo la de ella?

Creo que es muy im­por­tan­te ha­blar so­bre las mu­je­res. No co­no­ce­mos mu­cho so­bre su pa­pel en la in­dus­tria de la mú­si­ca. Me di cuen­ta cuan­do era ado­les­cen­te: les con­ta­ba co­sas de Mi­riam Ma­ke­ba a mis ami­gos y ellos no sa­bían na­da so­bre ella, por eso de­ci­dí ha­cer ese te­ma, por­que hay que ha­blar más de es­tas mu­je­res fuer­tes en la in­dus­tria mu­si­cal.

¿Es­tán ga­nan­do te­rreno pe­se a que se cri­ti­que la es­ca­sez de ar­tis­tas fe­me­ni­nas en los fes­ti­va­les?

Ca­da vez hay más y más mu­je­res en la in­dus­tria. En Fran­cia hay un mon­tón de nue­vas ar­tis­tas, y lo en­cuen­tro in­creí­ble. Los nom­bres fe­me­ni­nos en los fes­ti­va­les y en los con­cier­tos ca­da vez se ven más, va­mos ga­nan­do es­pa­cios. Hay que ha­blar de po­der fe­me­nino: yo cre­cí en una fa­mi­lia lle­na de mu­je­res fuer­tes, me crié con la idea de ser in­de­pen­dien­te co­mo mu­jer y pa­ra mí es im­por­tan­te es­cri­bir so­bre ello.

¿La mú­si­ca de­be ha­blar de po­lí­ti­ca?

Pien­so que no hay re­glas, que de­pen­de to­tal­men­te del ar­tis­ta, que de­be de ser li­bre pa­ra abor­dar en sus ál­bu­mes to­do lo que quie­ra.

En Star, uno de sus nue­vos te­mas, pa­re­ce res­pon­der a quie­nes su­gie­ren que hay apro­pia­ción cul­tu­ral en su mú­si­ca por el uso de ba­ses afri­ca­nas. ¿Es su res­pues­ta a esas crí­ti­cas?

Sí, creo que sí. Es im­por­tan­te ser abier­tos, si no to­dos estaríamos ha­cien­do siem­pre lo mis­mo una y otra vez, y eso no es la mú­si­ca pa­ra mí. Pa­ra mí es evo­lu­ción. Por eso mu­chos ar­tis­tas jó­ve­nes mez­cla­mos di­fe­ren­tes es­ti­los, pa­ra con­se­guir un nue­vo so­ni­do, y no pa­ra ro­bar ni na­da por el es­ti­lo, sino pa­ra ha­cer la mú­si­ca glo­bal y nue­va.

Y que dé ga­nas de bai­lar.

Eso es muy im­por­tan­te, la mú­si­ca sir­ve pa­ra unir a la gen­te, jun­tar­la en el bai­le y ha­cer­la fe­liz

"HAY QUE HA­BLAR MÁS DE MU­JE­RES"

La ar­tis­ta par­ti­ci­pó en el pa­sa­do Ma­dCool y el 10 de di­ciem­bre pre­sen­ta­rá su nue­vo ál­bum, Soul­dier, en la Sala Apo­lo.

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