Ro­si­ta Moreno

Fue una de las ac­tri­ces de Holly­wood en los años trein­ta Tra­ba­jó con ga­la­nes co­mo Car­los Gar­del y Cary Grant De padres ma­ños, se crio en Mé­xi­co y Nue­va York Es­tá en­te­rra­da en el ce­men­te­rio de las gran­des es­tre­llas

El País Semanal - - DOCUMENTOS - por Sil­via Cruz La­pe­ña / ilus­tra­ción de Ma­ría Ma­ría Acha-Kuts­cher

AL­GU­NAS FUEN­TES di­cen que na­ció en España, otras en Mé­xi­co, y en esa con­fu­sión so­bre su ori­gen po­dría es­tar la cau­sa de que to­dos, en una ori­lla o en otra, se ha­yan ol­vi­da­do de quién fue Ga­brie­la Vi­ño­las. Lo que es­tá cla­ro es que es­ta ac­triz, bai­la­ri­na y can­tan­te na­ció en 1907. Que se con­vir­tió en una ac­triz de re­vis­ta en Nue­va York y que su nom­bre ar­tís­ti­co era Ro­si­ta Moreno. Sus padres fue­ron Juan y As­cen­sión, dos ma­ños que cam­bia­ron la España las­tra­da por el desas­tre del 98 por un Mé­xi­co en el que bus­ca­ron for­tu­na y tran­qui­li­dad. La cal­ma les du­ró po­co. Al lle­gar a Pa­chu­ca de Soto, a unos 100 ki­ló­me­tros de Ciu­dad de Mé­xi­co, abrieron un ho­te­li­to que tu­vie­ron que ce- rrar cuan­do es­ta­lló la re­vo­lu­ción de 1910. En­ton­ces se vie­ron obli­ga­dos a cru­zar la fron­te­ra e ins­ta­lar­se en Es­ta­dos Uni­dos. Vi­ño­las era aún pe­que­ña. Co­mo am­bos te­nían cier­tas do­tes pa­ra el can­to y la dan­za, pro­ba­ron suer­te en Broad­way. Así fue co­mo Juan se con­vir­tió en Pa­co, As­cen­sión en Pi­la­ri­ca y Ga­brie­la en Ro­si­ta. Jun­tos for­ma­ron el trío Dan­cing Mo­re­nos. Los crí­ti­cos de Nue­va York pron­to re­pa­ra­ron en la hi­ja. Una re­se­ña

de la épo­ca des­ta­ca la in­ter­pre­ta­ción que hi­zo de La vio­le­te­ra en el Pa­la­ce Thea­tre, tem­plo del vo­de­vil en el que rei­na­ron los Her­ma­nos Marx. Des­pués cru­zó el char­co pa­ra pro­bar suer­te en los es­ce­na­rios de Pa­rís. Allí fue des­cu­bier­ta por un pro­duc­tor de Holly­wood que le ofre­ció ro­dar su pri­mer lar­go­me­tra­je: una pe­lí­cu­la ver­sio­na­da. En 1930 el ci­ne mu­do ya ha­bía muer­to, pe­ro aún no exis­tían el do­bla­je ni los sub­tí­tu­los. Cer­ca de la ca­pi­tal pa­ri­sien­se se en­con­tra­ban los fa­mo­sos es­tu­dios Pat­hé, don­de se ro­da­ban ver­sio­nes de las pe­lí­cu­las es­ta­dou­ni­den­ses en len­guas eu­ro­peas. La pe­lí­cu­la lle­va­ba el tí­tu­lo de Amor au­daz, y tam­bién con­tó con la par­ti­ci­pa­ción del pa­dre de la ar­tis­ta. El galán de la cin­ta era Adolp­he Men­jou, una de las pri­me­ras es­tre­llas con las que Moreno tra­ba­ja­ría a lo lar­go de su pro­lí­fi­ca ca­rre­ra. Gra­cias a ese ti­po de cin­tas, di­rec­to­res co­mo Luis Bu­ñuel o Ed­gar Ne­vi­lle y ac­tri­ces co­mo Ro­si­ta Díaz o Ca­ta­li­na Bár­ce­na se die­ron a co­no­cer en la me­ca del ci­ne. Pe­ro el re­sul­ta­do no siem­pre era el mis­mo que el de los lar­go­me­tra­jes ame­ri­ca­nos. Pa­ra em­pe­zar, tal co­mo re­cuer­da el pro­fe­sor An­drás Lé­nárt en un ar­tícu­lo ti­tu­la­do His­pa­nic Ho- lly­wood, ni si­quie­ra el pre­su­pues­to se pa­re­cía: el ro­da­je del ori­gi­nal de Drá­cu­la que en­car­nó Bé­la Lu­go­si tu­vo un cos­te de 440.000 dó­la­res, mien­tras que en el es­pa­ñol, pro­ta­go­ni­za­do por Car­los Vi­lla­rías, so­lo se in­vir­tie­ron 66.000. La du­ra­ción tam­bién era dis­tin­ta: la ver­sión es­pa­ño­la du­ra­ba me­dia ho­ra más y no por­que fue­ra más de­ta­llis­ta, sino por­que no se po­nía el mis­mo mi­mo en la edi­ción.

Su pa­so por el Holly­wood do­ra­do

Ro­si­ta Moreno era bi­lin­güe, lo que le per­mi­tió dar el sal­to a los fil­mes ori­gi­na­les, al­go ve­ta­do pa­ra la ma­yo­ría de ac­tri­ces es­pa­ño­las o me­xi­ca­nas de la épo­ca. Aun­que es po­si­ble que esa ha­bi­li­dad su­ya de ma­ne­jar­se con va­rios acen­tos no la ayu­da­ra a pa­sar a la his­to­ria del ci­ne: pa­ra unos era es­pa­ño­la; pa­ra otros, ame­ri­ca­na. Ni España, ni Mé­xi­co ni Es­ta­dos Uni­dos le de­di­ca­ron aten­ción a su tra­ba­jo. Por ejem­plo, en el li­bro Los

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“Cuan­do me di­je­ron que te­nía que can­tar El día que me quie­ras con Car­los Gar­del me tem­bla­ron las pier­nas”, di­jo Ro­si­ta Moreno

que pa­sa­ron por Holly­wood (editorial Ver­doux), una re­co­pi­la­ción de en­tre­vis­tas con ar­tis­tas es­pa­ño­les que tra­ba­ja­ron en la me­ca del ci­ne es­ta­dou­ni­den­se en los años trein­ta, Moreno so­lo apa­re­ce en al­gún pie de fo­to. En cam­bio, sí que pro­fun­di­za so­bre la vi­da de las ac­tri­ces Con­chi­ta Mon­te­ne­gro, Ca­ta­li­na Bár­ce­na o Ro­si­ta Díaz. En 1931, Moreno ro­dó seis pe­lí­cu­las. Al si­guien­te, dos. Y en­tre 1932 y 1933, sie­te. Pe­ro fue en 1934 cuan­do dio un sal­to ade­lan­te al par­ti­ci­par en Aten­ción, se­ño­ras, que co­pro­ta­go­ni­za con Cary Grant, pe­ro el bri­tá­ni­co no era to­da­vía muy co­no­ci­do. Un año des­pués le lle­gó otra gran opor­tu­ni­dad: “Cuan­do me di­je­ron que te­nía que can­tar El día que me quie­ras con Car­los Gar­del me tem­bla­ron las pier­nas”, di­jo Moreno en una ci­ta re­co­gi­da en el obi­tua­rio que le de­di­có el diario ar­gen­tino La Na­ción en 1993. La cin­ta, que cuen­ta la his­to­ria de un mul­ti­mi­llo­na­rio (Gar­del) que se enamo­ra de una chi­ca po­bre (Moreno), es­ta­ba pro­du­ci­da por la Paramount y se gra­bó en Nue­va York. Moreno y Gar­del re­pi­tie­ron co­mo pa­re­ja ar­tís­ti­ca en Tan­go Bar, otro éxi­to ci­ne­ma­to­grá­fi­co que hi­zo que la ac­triz fue­ra más re­cor­da­da en Ar­gen­ti­na que en cual­quier otro lu­gar del mun­do. A pe­sar de su pro­lí­fi­ca ca­rre­ra en la gran pan­ta­lla, Moreno no aban­do­nó el tea­tro y fue en los es­ce­na­rios don­de con­si­guió la po­pu­la­ri­dad que el sép­ti­mo ar­te le ne­gó. Sin em­bar­go, sí que con­tó el star sys­tem con ella pa­ra par­ti­ci­par en las ac­ti­vi­da­des de la Holly­wood Vic­tory Com­mit­tee, una or­ga­ni­za­ción de ar­tis­tas que se creó du­ran­te la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial con el ob­je­ti­vo de ani­mar a las tro­pas es­ta­dou­ni­den­ses. En el gru­po ha­bía ac­tri­ces co­mo Bet­te Da­vis y su pre­si­den­te era el mis­mí­si­mo Clark Ga­ble (el galán de Lo que el vien­to se lle­vó). En la dé­ca­da de los trein­ta par­ti­ci­pó en un es­pec­tácu­lo en el tea­tro Apo­lo de Bar­ce­lo­na en el que com­par­tía elen­co con la can­tan­te Es­tre­lli­ta Cas­tro. Hay po­ca in­for­ma­ción so­bre los tra­ba­jos que hi­zo en España, y las es­ca­sas re­se­ñas que se es­cri­bie­ron so­bre ella des­ta­ca­ban “sus pier­nas de se­da”. Moreno se­guía lu­chan­do por ha­cer­se un nom­bre en Holly­wood. Ro­dea­da siem­pre de ga­la­nes del ce­lu­loi­de, las ma­las len­guas le ad­ju­di­ca­ron un fal­so ro­man­ce con su com­pa­ñe­ro Gar­del, pe­ro la úni­ca pa­re­ja que se le co­no­ció fue Mel­vi­lle A. Shauer, un eje­cu­ti­vo de la Paramount con el que se ca­só y fun­dó la pro­duc­to­ra Vic­to­ria Films en 1937.

Pro­duc­to­ra y ase­so­ra de Mar­lon Bran­do

Con es­te se­llo, Moreno pu­do ser por fin pro­ta­go­nis­ta en Ten­go fe en ti, una pe­lí­cu­la que le cos­tó al ma­tri­mo­nio 60.000 dó­la­res. El di­rec­tor fue John Rein­hardt, el mis­mo que la ha­bía di- ri­gi­do en El día que me quie­ras. El guion ori­gi­nal lo fir­ma­ba otra mu­jer, Carmen V. Brown, de la que no se sa­be na­da y no fi­gu­ra en los cré­di­tos de otras pe­lí­cu­las. En 1949 ro­dó su úl­ti­ma se­cuen­cia. Fue un epi­so­dio de The Clock, se­rie de te­le­vi­sión ba­sa­da en re­la­tos ra­dio­fó­ni­cos de crí­me­nes y mis­te­rio. Su úl­ti­mo con­tac­to con el ci­ne fue en 1961, cuan­do Mar­lon Bran­do la con­tra­tó co­mo ase­so­ra mien­tras él di­ri­gía El ros­tro im­pe­ne­tra­ble. Has­ta don­de se sa­be, Ro­si­ta Moreno nun­ca más pi­só un pla­tó. Su úl­ti­ma apa­ri­ción pú­bli­ca tu­vo lu­gar en 1990 en Los Án­ge­les, su ciu­dad de re­si­den­cia, don­de acu­dió a una fies­ta que con­me­mo­ra­ba los 100 años del na­ci­mien­to de Car­los Gar­del. Fa­lle­ció tres años des­pués, a los 86 años, sin que na­die en España, Mé­xi­co o Holly­wood le de­di­ca­ra una lí­nea a su vi­da y a sus obras. Sus res­tos des­can­san en el ce­men­te­rio ca­tó­li­co de Holy Cross, en la ciu­dad ca­li­for­nia­na de Cul­ver City. En ese cam­po­san­to, en una zo­na co­no­ci­da co­mo The Grot­to, es­tán en­te­rra­dos Ri­ta Hay­worth, Bé­la Lu­go­si y John Ford, en­tre otros. Moreno es­tá en otra par­ce­la. Un pa­so por de­trás de las es­tre­llas.

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1. Retrato de Moreno. 2. La ac­triz y bai­la­ri­na Ro­si­ta Moreno (19071993) fue una de las ar­tis­tas de Holly­wood de los años trein­ta. 3. El can­tan­te de tan­gos Car­los Gar­del y Moreno pro­ta­go­ni­za­ron El día que me quie­ras y Tan­go Bar.1

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