LA IMA­GEN

El País Semanal - - SU­MA­RIO - Por Juan Jo­sé Mi­llás

HE AQUÍ UN ANI­MAL. He aquí su len­gua, su pi­co, su na­riz, su ojo, su plu­ma­je. He aquí un ejem­plo de la di­ver­si­dad bio­ló­gi­ca. Sin pa­re­cer­se en na­da a us­ted o a mí, ¿có­mo no re­co­no­cer­se un po­co en es­te pá­ja­ro? Me tro­pe­cé con él (con su fo­to­gra­fía pa­ra ser exac­tos) en la me­sa de una ca­fe­te­ría de Ma­drid en la que al­guien ha­bía aban­do­na­do un ejem­plar de El País Se­ma­nal. Lo abrí al azar, mien­tras en­fria­ba el té ver­de, y caí en es­ta pá­gi­na co­mo el que se cae den­tro de una no­ve­la ab­sor­ben­te des­de el tí­tu­lo. He aquí un ani­mal, me di­je. Y el sim­ple he­cho de de­cír­me­lo ac­tuó co­mo un ace­le­ra­dor quí­mi­co. Mi vi­da en­te­ra se re­la­ti­vi­zó, mis pro­ble­mas per­die­ron im­por­tan­cia. Es­ta­ba ha­cien­do tiem­po pa­ra lle­var a ca­bo una ges­tión en el Mi­nis­te­rio de Ha­cien­da, pe­ro pen­sé: que le den a Ha­cien­da. No pue­de uno me­ter­se en un pa­si­llo con ven­ta­ni­llas a los la­dos cuan­do es cons­cien­te de la exis­ten­cia de las águi­las. Des­pués de to­do, ¿cuán­to me du­ra­ría esa con­cien­cia? ¿Una ho­ra? ¿Dos? ¿Cuán­do los afa­nes del día bo­rra­rían el im­pac­to que es­te ros­tro ha­bía ejer­ci­do en mi es­ta­do de áni­mo? Vein­ti­cua­tro ho­ras co­mo mu­cho. Tal es el tiem­po má­xi­mo que lo­gro re­te­ner un sueño. Y es­ta ave pa­re­cía un sueño. Arran­qué di­si­mu­la­da­men­te la ho­ja, me be­bí el té y pa­gué por­que dis­pon­go de esas ha­bi­li­da­des (la de arran­car ho­jas, la de to­mar té y pa­gar) que, com­pa­ra­das con las del pá­ja­ro, me pa­re­cie­ron tris­tes. Así que mien­tras me di­ri­gía al me­tro tu­ve un ata­que de me­lan­co­lía que, ya en las en­tra­ñas de la ciu­dad, se tra­du­jo en una ob­se­sión ad­mi­nis­tra­ti­va víc­ti­ma de la cual pu­se rum­bo al Mi­nis­te­rio de Ha­cien­da.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.