JUA­NA ACOS­TA "LAS EX­PE­RIEN­CIAS DOLOROSAS ME HAN ENSENADO A PERDONAR"

Co­lom­bia­na, na­ci­da en Ca­li ha­ce 41 años. Em­pe­zó su ca­rre­ra a los 18 co­mo pre­sen­ta­do­ra de te­le­vi­sión y ac­triz de te­le­no­ve­las en su país. Es tam­bién li­cen­cia­da en Be­llas Ar­tes. Lle­va 23 años en el mun­do de la in­ter­pre­ta­ción.

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XL. Oi­ga, es us­ted más ma­la que la piel del dia­blo. J.A. Ja­ja­ja. Va­mos a ver: mi per­so­na­je es muy ex­tre­mo, es una mu­jer muy con­tro­la­do­ra y adic­ta al tra­ba­jo. XL. Es una co­me­dia co­ral, don­de pa­re­cen sen­tir­se to­dos co­mo pe­ces en el agua. J.A. Es ver­dad. Yo nun­ca ha­bía tra­ba­ja­do con Ma­ri­bel, una ac­triz que pa­ra mí es un icono, y es in­men­sa­men­te ge­ne­ro­sa y crea a su al­re­de­dor un am­bien­te de tra­ba­jo muy agra­da­ble. XL. Con Pau­la Eche­va­rría ya ha­bía coin­ci­di­do en la se­rie Vel­vet. J.A. Sí; pe­ro muy po­co, por­que yo per­te­ne­cía al mun­do de los ri­cos y ella, al de los po­bres: ca­si no nos cru­zá­ba­mos. En cam­bio, en Ola de crí­me­nes, co­mo su per­so­na­je y el mío no se se­pa­ran, he­mos te­ni­do opor­tu­ni­dad de co­no­cer­nos más y pa­ra mí ha si­do un des­cu­bri­mien­to. XL. Us­ted pa­só por la uni­ver­si­dad an­tes de de­di­car­se al tea­tro. J.A. Es­tu­dié Be­llas Ar­tes, por­que es­ta­ba ob­se­sio­na­da por te­ner una ca­rre­ra uni­ver­si­ta­ria, pe­ro siem­pre me gus­tó la in­ter­pre­ta­ción. Co­mo en Co­lom­bia no ha­bía una bue­na es­cue­la de tea­tro me ma­tri­cu­lé en Be­llas Ar­tes. XL. ¿Có­mo se hi­zo ac­triz? J.A. Me pre­sen­ta­ron a Ju­lio Sán­chez Cris­to, uno de los pe­rio­dis­tas más in­flu­yen­tes de Co­lom­bia, due­ño de una de las pro­duc­to­ras más im­por­tan­tes de allí. Él me dio mi pri­mer tra­ba­jo de te­le­vi­sión, co­mo pre­sen­ta­do­ra de un ma­ga­cín, en don­de yo ha­cía en­tre­vis­tas a los mú­si­cos que ve­nían de fue­ra: Ma­don­na, Bon Jo­vi… Te­nía 18 años. XL. Así que nun­ca fue be­ca­ria. J.A. No [ríe]. Al año de pre­sen­tar es­te pro­gra­ma, me ofre­cie­ron mi pri­me­ra se­rie de te­le­vi­sión, y eso cam­bió to­tal­men­te el rum­bo de mi vi­da, ha­ce ya 23 años. XL. Así que, cuan­do vino a Es­pa­ña, era una mu­jer muy fa­mo­sa en Co­lom­bia… J.A. Sí, pe­ro yo que­ría rein­ven­tar­me y vol­ver a em­pe­zar en Es­pa­ña de otra ma­ne­ra, pa­ra ser más due­ña de mis de­ci­sio­nes. XL. En Co­lom­bia lo pa­só mal. Te­nía dos her­ma­nos del pri­mer ma­tri­mo­nio de su pa­dre, uno de ellos tu­vo un ic­tus del que no se re­cu­pe­ró to­tal­men­te, ca­yó en de­pre­sión y lue­go se sui­ci­dó. J.A. Fue muy du­ro por­que es­tá­ba­mos muy uni­dos. XL. A su otro her­mano lo se­cues­tró la gue­rri­lla, ¿có­mo ocu­rrió? J.A. No lo bus­ca­ron pa­ra se­cues­trar­lo, él pa­só por ca­sua­li­dad por una ca­rre­te­ra en la que ha­bía un re­tén de la gue­rri­lla y se lo lle­va­ron al mon­te. No ha­cía fal­ta ser de cla­se al­ta, me­dia o ba­ja pa­ra que la gue­rri­lla te se­cues­tra­se. XL. ¿Có­mo in­flu­ye­ron en us­ted es­tas ex­pe­rien­cias? J.A. To­do eso me mar­có mu­cho. Es­tas ex­pe­rien­cias me han en­se­ña­do a perdonar. En una oca­sión es­cu­ché de­cir a Meryl Streep que te­nía­mos que apren­der a con­ver­tir to­do nues­tro do­lor en ar­te. Y es lo que yo he he­cho: to­das mis ex­pe­rien­cias las he con­ver­ti­do en ma­te­rial de tra­ba­jo.

"LE PRE­GUN­TÉ A LA REI­NA: '¿CÓ­MO QUIE­RES QUE TE LLA­ME MAJESTAD O LE­TI­ZIA?'. Y ELLA ME DI­JO QUE CO­MO QUI­SIE­RA, ASÍ QUE SE­GUÍ LLAMÁNDOLA LE­TI­ZIA"

XL. Us­ted fue in­vi­ta­da a una re­cep­ción que ofre­cie­ron los Re­yes al pre­si­den­te de Co­lom­bia en el Pa­la­cio de Orien­te y ha con­ta­do que co­nec­tó muy bien con la Rei­na Le­ti­zia.

J.A. Me en­can­tó co­no­cer­los a am­bos. Cuan­do em­pe­cé a ha­blar con la Rei­na, veía que otra gen­te la lla­ma­ba «majestad». En un mo­men­to da­do le pre­gun­té: «¿Có­mo quie­res que te lla­me 'majestad' o 'Le­ti­zia'?». Y ella me di­jo que co­mo qui­sie­ra, así que se­guí llamándola Le­ti­zia.

XL. ¿Es ver­dad que la Rei­na le me­tió la mano en el pe­lo pa­ra com­pro­bar si lle­va­ba ex­ten­sio­nes?

J.A. Ja­ja­ja, no sé si fue pa­ra eso exac­ta­men­te [ríe]. En un mo­men­to de nues­tra con­ver­sa­ción, ella me me­tió la mano en la ca­be­za y me di­jo: «Pe­ro qué pe­la­zo tie­nes». Fue muy sim­pá­ti­ca y cer­ca­na, tam­bién Fe­li­pe. Los dos fue­ron muy ca­ri­ño­sos con­mi­go y me di­je­ron que eran fans de Vel­vet.

XL. El pa­sa­do mes de ju­lio con­fir­mó su se­pa­ra­ción del Er­nes­to Al­te­rio tras 15 años de unión y una hi­ja, Lo­la, de 12 años. J.A. Sí, ella es una ma­ra­vi­llo­sa preado­les­cen­te que quie­re ser ac­triz. Er­nes­to y yo es­ta­mos se­pa­ra­dos des­de fe­bre­ro, no des­de ju­nio, co­mo mu­chos me­dios di­cen; se­gui­mos te­nien­do una re­la­ción ex­tra­or­di­na­ria y nos se­gui­mos que­rien­do mu­cho.

XL. Es­te ve­rano se han pu­bli­ca­do fo­tos con su nue­va pa­re­ja, el ar­qui­tec­to Oli­ver San­cho, 11 años más jo­ven que us­ted. ¿Es­to re­ju­ve­ne­ce o re­sul­ta in­quie­tan­te, cuan­do en­ci­ma él es muy atrac­ti­vo?

J.A. La edad no exis­te.

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