"No de­be ha­ber com­pren­sión con los co­rrup­tos. De­be­mos ser ab­so­lu­ta­men­te im­pla­ca­bles"

El Periódico de Catalunya (Castellano) - Dominical - - ELLA&ÉL -

Agus­tín Pery Una no­ve­la ex­prés, cor­ta y ver­ti­gi­no­sa. ¿Te­nía pri­sa? Creí que me que­da­ba po­co de vi­da, por un mal diag­nós­ti­co; pe­ro tam­bién la que­ría con­tar co­mo una pe­lea de bo­xeo: gol­pes di­rec­tos, du­ros y efec­ti­vos. XL. A los 45 años le di­je­ron que te­nía un tu­mor ce­re­bral. Nue­ve me­ses des­pués re­sul­tó ser un de­rra­me del que se ha re­cu­pe­ra­do. ¿Qué pen­só en ese tiem­po? A.P. Que de­bía ha­ber es­ta­do más aten­to a mi mu­jer y mis hi­jos, y tra­té de ha­cer co­sas que no ha­bía he­cho. Va­mos, que em­pe­cé a ha­cer im­be­ci­li­da­des por­que es­tar en­fer­mo no cam­bia­ría lo buen o mal pa­dre que fui. Lo que sí me hi­ce fue más cons­cien­te de mi fra­gi­li­dad. XL. Y, ya re­cu­pe­ra­do, ha vuel­to a las an­da­das. A.P. Se­gún mi mu­jer, sí, si­go de­di­cán­do­le más tiem­po a unas co­sas que a otras. XL. Di­ce que es­ta no­ve­la es el le­ga­do que de­ja a sus hi­jos, de 18 y 21 años. A.P. Aun­que es una no­ve­la con mu­chas co­sas des­alen­ta­do­ras, creo que es bueno que, cuan­do la lean, co­noz­can la reali­dad, ca­si de cru­za­dos, de los pe­rio­dis­tas. XL. Cuen­ta una his­to­ria de co­rrup­tos, co­rro­si­va y sin con­tem­pla­cio­nes. A.P. Al juz­gar la co­rrup­ción, no de­be ha­ber ata­jos ni com­pren­sión; de­be­mos ser ab­so­lu­ta­men­te im­pla­ca­bles. No en­tien­do que exis­ta la in­dul­gen­cia ideo­ló­gi­ca se­gún de dón­de ven­ga. Por des­gra­cia, la co­rrup­ción es un par­ti­do úni­co don­de ca­ben to­das las ideo­lo­gías. XL. Des­cri­be to­do un en­tra­ma­do 'a la ma­llor­qui­na' y con un len­gua­je atroz. A.P. En Ma­llor­ca he co­no­ci­do de cer­ca la co­rrup­ción du­ran­te sie­te años. Y el len­gua­je es ta­ber­na­rio, sí; en eso se ve al au­tor. La co­rrup­ción so­cial es co­mo una gan­gre­na que em­pa­pa a to­do el mun­do, in­clu­so a los que no par­ti­ci­pan en ella. XL. ¿Quién fil­tra los da­tos de co­rrup­ción? A.P. Cuan­do se ha­cen las lis­tas elec­to­ra­les, el que se que­da fue­ra te em­pie­za a con­tar co­sas que an­tes no te con­ta­ba. No hay me­jor in­for­ma­dor que un po­lí­ti­co ca­brea­do con su par­ti­do. XL. ¿Y el pe­rio­dis­ta que pa­ga un in­for­me? A.P. [In­te­rrum­pe]. Nun­ca he pa­ga­do por in­for­ma­ción y ja­más he pu­bli­ca­do na­da ob­te­ni­do por me­dios ile­gí­ti­mos. XL. ¿Lo han in­ten­ta­do com­prar? A.P. Al­gu­na vez me han 'tes­ta­do', me han ofre­ci­do di­ne­ro, me­jo­rar la vi­da de mi fa­mi­lia… Pe­ro, al ver que mi reac­ción ha si­do vi­ru­len­ta –«te par­to la ca­ra»–, no lo han vuel­to a in­ten­tar. No creo que to­dos ten­ga­mos un pre­cio. XL. Por cier­to, di­ce que ma­tar a un 'jun­ta­le­tras' so­lo cues­ta 60.000 eu­ros... A.P. Pues igual me he pa­sa­do: en al­gu­nos si­tios nos ma­tan por bas­tan­te me­nos.

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