TE­MA DE POR­TA­DA GEMMA NIER­GA

La pe­rio­dis­ta ca­ta­la­na ha re­gre­sa­do a TV-3 pa­ra ha­cer­se car­go del pro­gra­ma ‘Els meus pa­res’

El Periódico de Catalunya (Castellano) - Teletodo - - SUMARIO - INÉS ÁL­VA­REZ

«Cuan­do TV-3 me lla­mó pa­ra pro­po­ner­me el pro­gra­ma ‘Els meus pa­res’ le di­je que sí al mi­nu­to»

Des­de que en ju­nio del 2017 se vio in­vo­lun­ta­ria­men­te fue­ra de la SER, su em­pre­sa du­ran­te 30 años, con la que, pe­se a to­do, guar­da un gran víncu­lo sen­ti­men­tal, Gemma Nier­ga (Gi­ro­na, 1965) no pa­ra de em­bar­car­se en pro­yec­tos de lo más ilu­sio­nan­tes. Ha co­la­bo­ra­do en ra­dio (Rac 1, Ca­ta­lun­ya Rà­dio), lo si­gue ha­cien­do en TV-3 y Te­le 5 ( Tot es mou y El pro­gra­ma de Ana Ro­sa) y en la re­vis­ta Ma­rie Claire.... y aho­ra la ve­mos los jue­ves en TV-3, en Els meus pa­res, con­ju­gan­do dos ver­bos que le apa­sio­nan: con­ver­sar y es­cu­char. –En Els meus pa­res de­mues­tra te­ner el ta­len­to de Quim Mas­fe­rrer en El fo­ras­ter: sa­ber es­cu­char. –Me he de­di­ca­do to­da la vi­da a ello. Par­lar per par­lar me ha da­do un más­ter de es­cu­char. Son mu­chos años de ra­dio es­cu­chan­do. –Y de pre­gun­tar. Pe­ro di­ce que ha sa­bi­do cuán­do de­bía pa­rar pa­ra no in­co­mo­dar a esos pa­dres. Que no que­ría bus­car el mor­bo. –Sí. Es muy im­por­tan­te tenerlo en cuen­ta. Por­que pue­des pre­gun­tar y lle­gar más le­jos, y ver que la fa­mi­lia es­tá a punto de con­tar un se­cre­to. Pe­ro no me gus­ta ver que esas fa­mi­lias se sien­tan aver­gon­za­das. –En la pre­sen­ta­ción del pro­gra­ma, a la que asis­tie­ron los pa­dres de va­rios de esos fa­mo­sos, se les veía en­can­ta­dos con la ex­pe­rien­cia. Con la ex­cep­ción, eso sí, de al­gu­na co­que­te­ría fe­me­ni­na... –Sí. La ma­dre de Isabel Coi­xet se veía «arru­gas» y la de Bue­na­fuen­te, que tie­ne 81 años, «ma­yor». – El su­yo no es un pe­rio­dis­mo agre­si­vo. ¿Se con­si­gue más así? –Haces el pe­rio­dis­mo con el que te sien­tes có­mo­da. Y yo me sien­to có­mo­da en es­te for­ma­to. Cuan­do TV-3 me lla­mó pa­ra pro­po­ner­me el pro­gra­ma, les di­je que sí al mi­nu­to. Por­que me pa­re­cía que era un re­ga­lo. Un for­ma­to que te per­mi­te ha­blar, no bus­car el ti­tu­lar, pro­fun­di­zar en la vi­da fa­mi­liar, en los pa­dres y ma­dres, ver có­mo era la in­fan­cia de esos per­so­na­jes... Es­pe­ro ha­ber­lo he­cho bien. Por­que ha­cía tiempo que no ha­cía te­le. Aun­que he co­la­bo­ra­do en va­rios programas. –Ac­tual­men­te lo ha­ce en el ma­ga­cín de TV-3 Tot es mou... –Y en El pro­gra­ma de Ana Ro­sa, de Te­le 5. Pe­ro Els meus pa­res es un for­ma­to de lar­go recorrido, que com­por­ta unas gra­ba­cio­nes lar­gas. –Y tam­bién es más de au­tor. –Sí, por­que, cla­ro, eres tú pre­gun­tan­do. Aun­que ten­go un equi­po bru­tal, que va a ver a las fa­mi­lias, in­ves­ti­ga y te lo sir­ven en ban­de­ja pa­ra que luz­cas. Por­que tú ya sa­bes por dón­de has de ir a pre­gun­tar. –En la te­le to­do sue­le ir rá­pi­do, en cam­bio, a TV-3 le gus­ta cui­dar los for­ma­tos en los que hay tiempo pa­ra ha­blar, pa­ra es­cu­char... –Pa­ra mí el tiempo es muy im­por­tan­te. Creo que sa­co más de los per­so­na­jes si ten­go tiempo pa­ra ha­blar con ellos. Y tam­bién pa­ra los si­len­cios; pa­ra mi­rar­les a los ojos y ca­llar. Te­ner tiempo pa­ra es­cu­char. Es­cu­char es un ver­bo que a mí me en­can­ta, por­que me ha acom­pa­ña­do to­da la vi­da. Y a tra­vés de es­cu­char sa­cas lo me­jor de las fa­mi­lias.

«Soy muy de emo­cio­nar­me. Con las his­to­rias de Mar­ti­na Klein y de Síl­via Pérez Cruz nos cos­ta­ba se­guir»

–Tras ha­blar con las de ocho fa­mo­sos, ¿cree que al­gu­nos han lle­ga­do a lo que han lle­ga­do gracias a su apo­yo o a su opo­si­ción? –Sí. Hay ca­sos en que les han apo­ya­do mu­cho. En el de los de­por­tis­tas es muy cla­ro, por­que a sus pa­dres les gus­ta­ba que el hi­jo se de­di­ca­ra al te­nis, al fút­bol... Han ido a mu­chos en­tre­na­mien­tos, les han acom­pa­ña­do... Hay un apo­yo de la fa­mi­lia. Pe­ro tam­bién hay fa­mi­lias que no aca­ba­ban de en­ten­der lo que sus hi­jos que­rían ha­cer. Y el ca­so más cla­ro es el de Quim Mas­fe­rrer. No que­rían que su hi­jo fue­ra ar­tis­ta y aho­ra lo dis­fru­tan mu­chí­si­mo. Es­ta opo­si­ción de la fa­mi­lia tam­bién re­afir­ma la vo­ca­ción de su hi­jo. –Y, us­ted, ¿has­ta qué punto es el re­sul­ta­do de sus pa­dres? –Lo soy. Por­que, aun­que en mi ca­sa na­die se de­di­ca­ba al pe­rio­dis­mo ni a nada que se le pa­re­cie­ra, mis pa­dres me han da­do mu­cha li­ber­tad. De pe­que­ña, ha­cía tea­tro en el co­le­gio

de mon­jas, y me ani­ma­ban mu­cho. Pe­ro cuan­do lle­gó el mo­men­to de es­co­ger ca­rre­ra, di­je que que­ría ha­cer o De­re­cho o Pe­rio­dis­mo. Ima­gí­ne­se: te­nía du­das. Te­nía una vo­ca­ción do­ble. Y , al fi­nal, es­co­gí pe­rio­dis­mo.

–¿Y qué tie­ne de ca­da uno?

–Ten­go un pa­dre muy per­fec­cio­nis­ta, mu­cho, ex­tre­ma­da­men­te, y eso su­pon­go que me ha ayu­da­do en mi pro­fe­sión. Siem­pre que­ría ha­cer­lo lo me­jor po­si­ble, que el si­guien­te tra­ba­jo fue­ra me­jor que el an­te­rior. No con­for­mar­me. Y mi ma­dre era una ex­ce­len­te per­so­na. Gua­pa por fue­ra, por­que era gua­pí­si­ma, y por den­tro. Mu­rió con 70 años, y cuan­do al­guien mue­re jo­ven to­dos te di­cen lo que va­lo­ra­ban. Y ase­gu­ra­ban que era tan bue­na per­so­na... Debo de ser un fru­to de los dos, su­pon­go.

–En el pro­gra­ma se ve­rán re­fle­ja­dos los te­les­pec­ta­do­res que aún tie­nen pa­dres y los que los han per­di­do y no les pue­den con­tar ya sus co­sas. ¿Echa de me­nos eso?

–Sí. Ha­cien­do es­te pro­gra­ma he pen­sa­do mu­chas ve­ces en ella, mu­chas. Por­que en ca­da ma­dre que he en­tre­vis­ta­do –hay más mu­je­res que hom­bres, por­que hay más viu­das–, he bus­ca­do un po­co a la mía. Te­nía la im­pre­sión de que ha­blan­do con ellas era co­mo si lo hi­cie­ra con la mía. Echo de me­nos ha­blar­le y que vea a mis hi­jos ca­da vez que ha­cen un pro­gre­so. El otro día em­pe­za­ron 4º de pri­ma­ria y 2º de ESO... Ca­da día especial me gustaría que lo vi­vie­ra. Co­mo el es­treno del pro­gra­ma...

–¿Se emo­cio­na­ba en el rodaje?

–Sí. Soy muy de emo­cio­nar­me. Con las his­to­rias de Mar­ti­na Klein y de Síl­via Pérez Cruz nos cos­ta­ba se­guir. Aun­que con los años in­ten­to ha­cer­me un po­co más la du­ra, se me contagia mu­cho la emo­ción. Pe­ro aquí he in­ten­ta­do ha­cer de tri­pas co­ra­zón pa­ra no que­dar co­mo sen­si­blo­na. Aun­que tam­po­co quie­ro apa­ren­tar lo que no soy: nun­ca he si­do una per­so­na du­ra. Aquí se me ve tal co­mo soy: pre­gun­to, es­cu­cho y em­pa­ti­zo mu­cho.

–De­cía que su pa­dre es exi­gen­te, pe­ro tam­bién su fan nú­me­ro 1.

–No se lo pue­de ima­gi­nar... Si to­do el mun­do ne­ce­si­ta que al­guien le ha­ga tocar con los pies en el sue­lo, mi pa­dre no es la per­so­na más in­di­ca­da. Por­que él siem­pre di­ce que soy fan­tás­ti­ca, la me­jor; que lo ha­go to­do muy bien, que de­be­ría pre­sen­tar to­dos los programas... Pe­ro eso ya for­ma par­te de una pe­que­ña bro­ma fa­mi­liar...

–Su ma­dre, en cam­bio, sí que le hi­zo ba­jar los hu­mos de jo­ven­ci­ta, cuan­do con 22 años de­bu­tó en el con­cur­so Dit i fet, en TV-3.

–Sí. Me di­jo: «Lle­vas cua­tro programas y ya pa­re­ces otra». Me en­se­ñó la im­por­tan­cia de la hu­mil­dad.

–Sien­do tan fan, cuan­do le des­pi­die­ron de la SER, su pa­dre de­bió de su­frir mu­cho...

–Mu­cho. Sin du­da es la per­so­na que más su­frió. Sin du­da. Por­que le cos­tó en­ten­der­lo. Le pa­re­ció que le da­ban una bo­fe­ta­da a su hi­ja, que la mal­tra­ta­ban. Y pa­ra un pa­dre eso es du­ro. Pe­ro yo pien­so que ese fue uno de los mo­ti­vos que hi­zo que me la­men­ta­se el tiempo jus- to, que du­ró lo que du­ró, pe­ro que no fue mu­cho, por­que me es­for­cé pa­ra ti­rar ade­lan­te y que mi pa­dre se sin­tie­ra or­gu­llo­so de mí. Pa­ra mí eso era un es­tí­mu­lo. Por mi pa­dre y por mis hi­jos, tam­bién. Me di cuen­ta de que te­nía mu­chos ali­cien­tes pa­ra que la épo­ca de la­men­tar­me y de ha­cer­me la víc­ti­ma du­ra­se lo me­nos po­si­ble. En­ton­ces, de­ci­dí tra­ba­jar mu­cho pa­ra que esa épo­ca no fue­se lar­ga y que el due­lo del des­pi­do de la SER du­ra­se el tiempo jus­to.

–Pe­ro se per­mi­tió ese due­lo.

–Cla­ro. Era un due­lo que se te­nía que ha­cer. Es co­mo se­pa­rar­te de tu ma­ri­do: al fi­nal te das cuen­ta de que era lo me­jor, por­que aho­ra ves que era bueno co­men­zar nue­vos ca­mi­nos pro­fe­sio­na­les. Y su­pon­go que se­rá bueno tam­bién pa­ra la SER. Eso, las audiencias lo di­rán: que ha­blen por ellas mis­mas. Pe­ro el due­lo me lo per­mi­tí, por­que lo te­nía que ha­cer. Po­dría co­me­ter el error de me­nos­pre­ciar­me, de mi­rar qué ha­bía he­cho mal. O qué ha­bía he­cho mal la em­pre­sa. Con lo que pre­fe­rí pen­sar que na­die ha­bía he­cho mal las co­sas, y no cri­ti­car, sino ti­rar ha­cia ade­lan­te. Ellos ya no me ne­ce­si- tan y es­tán en to­do su de­re­cho. Las co­sas se pue­den ha­cer me­jor o peor, y a mí me pa­re­ce que es­ta se hi­zo de una ma­ne­ra fea. Pe­ro la ma­ne­ra so­lo per­te­ne­ce a una per­so­na o dos, la em­pre­sa es la que es y to­da la vi­da se­rá la mía. To­da la vi­da se­ré de la Ca­de­na SER.

–En al­gu­na oca­sión di­jo que im­pe­ran los cri­te­rios fi­nan­cie­ros en el pe­rio­dis­mo ac­tual.

–Im­pe­ra un cri­te­rio de ges­tor y no el de ar­tis­ta. Yo ha­cía pe­rio­dis­mo, y en los úl­ti­mos tiem­pos a mí me gus­ta­ba ha­cer ar­te, en el sen­ti­do de in­ven­tar nue­vas co­sas, nue­vos es­pa­cios en la ra­dio... y no po­día. So­lo ha­bla­ban de re­cor­tar y de cri­te­rios fi­nan­cie­ros. Y lle­ga un mo­men­to en que es­ta crea­ti­vi­dad que si­go te­nien­do den­tro la pue­do ca­na­li­zar en otros me­dios.

–Ha­bla de «di­ver­si­fi­ca­ción».

–Mi eta­pa ac­tual es la de la di­ver­si­fi­ca­ción. Pe­ro eso re­quie­re mu­cha dis­ci­pli­na. Por­que ca­da día que me le­van­to ten­go que pen­sar qué me to­ca hoy. An­tes iba a la ra­dio y ya es­tá. Aho­ra ten­go que pen­sar: hoy me to­ca TV-3; ma­ña­na me voy a

«Ya no me ne­ce­si­tan y es­tán en to­do su de­re­cho. Aun­que se hi­zo de una ma­ne­ra fea. Pe­ro to­da la vi­da se­ré de la Ca­de­na SER»

Madrid, a Te­le 5, por­que ten­go El pro­gra­ma de Ana Ro­sa... Lue­go, la re­vis­ta Ma­rie Claire...

–... Ca­ta­lun­ya Rà­dio.

–No, en Ca­ta­lun­ya Rà­dio ya he­mos aca­ba­do el pro­gra­ma. Son di­ver­sos tra­ba­jos que son muy en­ri­qui­ce­do­res, que me ha­cen cre­cer...¿ Sa­be lo que es co­mo pe­rio­dis­ta tocar re­gis­tros tan di­fe­ren­tes? Y eso no quie­re de­cir que no año­re a mis com­pa­ñe­ros de la ra­dio. Es mi fa­mi­lia.

–¿Ya pue­de es­cu­char la SER?

–SÍ, sí. El due­lo se tie­ne que pasar. Pe­ro en un año ya es­tá.

–Se le ilu­mi­nan los ojos cuan­do ha­bla de to­dos esos tra­ba­jos.

–Por­que es muy di­ver­ti­do. Por­que a to­dos nos gus­ta sen­tir­nos que­ri­dos. Se me ilu­mi­nan los ojos por­que ten­go ofer­tas de tra­ba­jo que me ha­cen vi­brar. Y cuan­do sa­les de una épo­ca en la que no te sen­tías tan que­ri­da di­ces: «¡He rehe­cho mi vi­da!». Co­mo cuan­do al­guien se se­pa­ra. To­das las eta­pas son buenas; no quie­ro me­nos­pre­ciar la épo­ca de la Ca­de­na SER, por­que fue ma­ra­vi­llo­sa, y pu­de ha­cer mu­chas co­sas.

–¿Y no tie­ne el gu­sa­ni­llo de la ra­dio? Por­que di­cen que atra­pa...

–Le men­ti­ría si le di­je­ra que ten­go el gu­sa­ni­llo de la ra­dio. En la te­le es­toy muy bien.

–¿Tam­bién en Te­le 5? Co­la­bo­ra en

El pro­gra­ma de Ana Ro­sa, al­go que en prin­ci­pio sor­pren­dió. ¿Qué le ani­mó a ha­cer es­te tra­ba­jo?

– La pri­me­ra sor­pren­di­da fui yo cuan­do me lo pro­pu­sie­ron. Me em­pu­jó a ha­cer­lo las ga­nas de probar un tra­ba­jo nue­vo en un pro­gra­ma tan in­flu­yen­te co­mo el de Ana Ro­sa Quin­ta­na. Allí me en­car­go de un es­pa­cio de de­nun­cia y le di­ré que me sien­to muy a gus­to.

–Aún no le he da­do la en­ho­ra­bue­na: Gemma Nier­ga le ha ga­na­do a Ara­mís Fus­ter el pulso de la au­dien­cia. En Ca­ta­lun­ya, en su es­treno, Els meus pa­res lo­gra­ba mu­cha más que GH VIP.

–Lo he re­ci­bi­do con sor­pre­sa y muy sa­tis­fe­cha por la au­dien­cia con­se­gui­da. Ya sa­be que en es­te ne­go­cio, la au­dien­cia es el oxí­geno pa­ra se­guir trabajando. Pe­ro más que las ci­fras, que tam­bién, me ha­ce fe­liz que la gen­te me co­men­te que les ha gus­ta­do el pro­gra­ma.

–Al­go de lo que no se va a des­pren­der nun­ca es de aque­lla in­ter­ven­ción su­ya tras la muer­te de Er­nest Lluch, en la que pi­dió diá­lo­go, y que ha que­da­do ins­cri­ta en la his­to­ria de la de­mo­cra­cia es­pa­ño­la. ¿Lo lle­va con or­gu­llo o con res­pon­sa­bi­li­dad?

–Aquel epi­so­dio ha mar­ca­do mi vi­da. Era en aquel es­ce­na­rio, de­lan­te de los po­lí­ti­cos en un mo­men­to cla­ve, donde yo di­je lo que mu­cha gen­te te­nía ga­nas de ex­pre­sar. «Dia­lo­guen, por fa­vor» es lo que ha­bría di­cho Er­nest Lluch, por tan­to, es un epi­so­dio que lle­vo y re­cuer­do con mu­cho or­gu­llo.

–Y aho­ra que, co­mo una mu­jer se­pa­ra­da, se ha pues­to el rím­mel, los ta­co­nes y es­tá de nue­vo en el mer­ca­do, ¿qué aven­tu­ra sue­ña em­pren­der Gemma Nier­ga?

–Sue­ño con se­guir trabajando pro­yec­tos tan in­tere­san­tes co­mo Els

meus pa­res, con ca­li­dad hu­ma­na co­mo La Ma­ra­tó de TV-3, y en me­dios en los que los que man­den se­pan res­pe­tar el tra­ba­jo y el cri­te­rio de los tra­ba­ja­do­res.

«Le men­ti­ría si le di­je­ra que ten­go el gu­sa­ni­llo de la ra­dio. En la te­le es­toy muy bien. Y ten­go pro A to­dos nos gus­ta que nos quie­ran. Y cuan­do sa­les de una épo­ca en la que no te sen­tías tan que­ri­da di­ces: ‘¡He rehe­cho mi vi­da!’ »

PO­LI­FA­CÉ­TI­CA Gemma Nier­ga di­ce dis­fru­tar mu­cho con tra­ba­jos tan di­ver­sos que le ha­cen cre­cer.

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DE AYER A HOY, EN TV-3. El pa­sa­do, ‘Dit i fet’ ; el pre­sen­te, ‘Els meus pa­res’, y el fu­tu­ro, ‘La Ma­ra­tó’.

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