La que ar­día era Ava Gard­ner

Tú y yo so­mos tres

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He vis­to los dos pri­me­ros ca­pí­tu­los de Ar­de Ma­drid (#0, Mo­vis­tar+). Es la se­rie de Pa­co León que di­bu­ja aquel Ma­drid que se rin­dió a Ava Gard­ner, mien­tras ella se iba in­ci­ne­ran­do ca­da no­che, so­bre la mar­cha, en­tre las juer­gas del bar Chicote de la Gran Vía y las de su ca­sa de Doc­tor Ar­ce, en El Vi­so. La pri­me­ra vir­tud de es­te tra­ba­jo es que es en blan­co y ne­gro. En efec- to, era una España en blan­co y ne- gro la de 1961. La segunda vir­tud es el in­ge­nio­so plan­tea­mien­to de la his­to­ria. Al­gu­nos bea­tos y bea- tas del fran­quis­mo le cue­lan a Ava dos es­pías. Una es la cria­da y asis­ten- ta prin­ci­pal (In­ma Cues­ta), que vie­ne di­rec­ta­men­te de la Sec­ción Fe­me- ni­na del ré­gi­men, en su va­rian­te más fas­cis­ta. Con­si­de­ran que Ava no es el ani­mal más be­llo del mun­do, sino el más crá­pu­la, que es dis- tin­to. Y has­ta se ho­rro­ri- zan de que va­ya a ro­dar 55 días en Pe­kín, «porque Pe­kín es­tá en Chi­na y los chi­nos son co­mu­nis­tas». Al otro es­pía lo in­ter­pre­ta León, que ha­ce de chó­fer y de em- plea­do para to­do. Re­pre- sen­ta bien su pa­pel, mu­chas ve­ces pa- té­ti­co, de gra­nu­ja de me­nor cuan­tía.

A tra­vés de los ojos de es­tos dos in- fil­tra­dos ve­mos la vi­da ma­dri­le­ña de la di­va. En reali­dad los pro­ta­go­nis­tas son los es­pías. Ava es el an­zue­lo, el pre­tex­to, para di­bu­jar un cli­ma. Es ahí don­de creo que les ha fal­ta­do di- men­sión. Mu­chas ve­ces la anéc­do­ta se que­da en anéc­do­ta, sin lle­gar a ca- te­go­ría. O sea que más que ver ar­der aquel Ma­drid, con to­da su so­cio­lo­gía fran­quis­ta y bohe­mia en su­rrea­lis­ta y canalla des­equi­li­brio, a quien ve- mos ar­der ca­da no­che, como una pi- ra de al­cohol y se­xo, es a una dio­sa que pa­só un tiem­po por allí. La suer- te, lo po­si­ti­vo, es que es­ta se­rie se ha- ya po­di­do es­tre­nar. Los gran­des im- pe­rios te­le­vi­si­vos del blan­co y ne­gro hu­yen. Lo quie­ren to­do en co­lor. Mu- chos co­lo­ri­nes. LA PRE­SI­DEN­TA QUE DU­RÓ 5 DÍAS. Seis de fe­bre­ro de 1997. El pre­si­den­te de Ecua­dor, Ab­da­lá Bu­ca­ram, es ce­sa­do por in­ca­pa­ci­dad men­tal. De­bía ac­ce­der al car­go el vi­ce­pre­si­den­te. ¡Pe­ro era una mu­jer, y eso era al­go in­so­por­ta­ble! La ce­sa­ron exac­ta­men­te el 11 de fe­bre­ro, cinco días des­pués. Han pa­sa­do 21 años de aque­llo. Ahora la pro­ta­go­nis­ta de es­ta his­to­ria, la que so­lo pu­do ser pre­si­den­ta cinco días, Rosalía Ar­tea­ga, lo ha con­ta­do en El in­ter­me­dio. Aña­dió: «Has­ta lle­ga­ron a se­rrar las pa­tas de mi silla, porque, sen­ta­da al la­do de los hom­bres, de­bía pa­re­cer más pe­que­ñi­ta».H

Pa­co León y De­bi Ma­zar, en ‘Ar­de Ma­drid’.

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