DA­NAY GAR­CÍA

El Periódico de Catalunya [Català] - Teletodo - - SUMARIO - MA­NUEL DE LU­NA

La ac­triz cu­ba­na re­fle­xio­na so­bre su ca­rre­ra en EEUU, don­de triun­fa con ‘Fear the wal­king dead’, se­rie de terror que vuel­ve el día 27.

For­ma­da en la es­cue­la de tea­tro de la Ca­sa de Cul­tu­ra de Pla­za de la Re­vo­lu­ción, en La Habana, la ac­triz cu­ba­na Da­nay Gar­cía (La Habana, 1984) lle­gó a EEUU en el 2003. Quin­ce años des­pués, y tras mu­cho tra­ba­jo y te­són, co­mo ella mis­ma re­co­no­ce, ha lo­gra­do ha­cer­se un nom­bre en el com­pe­ti­ti­vo mun­do de la in­ter­pre­ta­ción, gra­cias so­bre to­do a sus tra­ba­jos en la tele. Pri­me­ro, con la ya his­tó­ri­ca se­rie de ac­ción Pri­son Break y, ac­tual­men­te con Fear the wal­king dead, exi­to­sa pro­duc­ción de terror de la ca­de­na AMC, cu­ya cuar­ta tem­po­ra­da se es­tre­na en Es­pa­ña el lu­nes, 27 de agos­to.

–¿Có­mo lle­ga un ac­triz cu­ba­na a Fear the wal­king dead?

– Bueno, es­to no pa­sa de un día pa­ra otro, sino que es un tra­ba­jo de años y años, de per­fec­cio­nar to­dos los án­gu­los de la in­ter­pre­ta­ción… Creo que el en­cuen­tro de Fear… es, an­te to­do, por­que ten­go una ba­se im­por­tan­te y só­li­da de pre­pa­ra­ción tea­tral, que tra­je de Cu­ba. Allí apren­dí a te­ner una vi­sión y una es­ti­lo de tra­ba­jar pa­ra con­tar una his­to­ria. El tea­tro te da una for­ma de in­ter­pre­tar muy cru­da, muy real, ya que tra­ba­jas sin red: an­te el pú­bli­co y en di­rec­to. Y la for­ma de tra­ba­jar que se me pi­de en Fear… es si­mi­lar a co­mo yo lo ha­cía en un tea­tro. En un tea­tro oyes la res­pi­ra­ción del pú­bli­co, re­ci­bes un im­pac­to di­rec­to de es­te, y eso tam­bién se re­fle­ja de al­gu­na ma­ne­ra en el pla­tó de Fear... Ob­via­men­te, en un ro­da­je de te­le­vi­sión no tie­nes el pú­bli­co an­te ti, pe­ro la for­ma de tra­ba­jar, pa­ra mí, es la mis­ma.

–Us­ted se for­mó co­mo ac­triz en Cu­ba. ¿Có­mo se pro­du­ce el sal­to a EEUU?

–En Cu­ba tu­ve un hi­jo, que ya no es un ni­ño: ¡tie­ne 15 años! Pa­re­ce men­ti­ra… Bueno, el ca­so es que su pa­dre es es­ta­dou­ni­den­se, y por reuni­fi­ca­ción fa­mi­liar pu­de en­trar en EEUU. Pe­ro que cons­te que no vi­ne a es­te país en bus­ca del sue­ño en Holly­wood. Ca­sual­men­te vi­vía en Los Án­ge­les, sí, pe­ro no me ima­gi­na­ba que lle­ga­ría a ha­blar in­glés, ni mu­cho me­nos po­der lle­gar a mi ac­tual ni­vel pro­fe­sio­nal co­mo in­tér­pre­te… Di­ga­mos que to­do em­pe­zó a ro­dar cuan­do me de­ci­dí a tra­ba­jar co­mo ac­triz, pe­ro con la fuer­za que me dio el te­ner una idea muy cla­ra: te­nía que ha­cer­lo bien, o no ha­cer­lo.

–Al­go bien ha he­cho…

«Cuan­do me quie­ren arre­glar el pe­lo, es pa­ra po­nér­me­lo más su­cio o pin­tar­me con más san­gre»

–Mi sue­ño es con­tar his­to­rias, me en­can­ta in­ter­pre­tar y rom­per­me la ca­be­za por in­ten­tar com­pren­der y en­ten­der un per­so­na­je... De he­cho, he apli­ca­do aquí las mis­mas téc­ni­cas que me en­se­ña­ron en Cu­ba.

–¿Dón­de apren­dió?

–Ven­go de una es­cue­la de in­ter­pre­ta­ción de tea­tro que se lla­ma Ol­ga Alon­so, y que di­ri­ge el maes­tro Hum­ber­to Ro­drí­guez Gar­cía. Él ha for­ma­do a mu­chos ac­to­res que ac­tual­men­te es­tán en Es­pa­ña, co­mo es el ca­so de Jor­ge Pe­ru­go­rría, que hi­zo la pe­lí­cu­la Fre­sa y Cho­co­la­te.

–Su pri­mer tra­ba­jo im­por­tan­te en EEUU fue Da­ni­ka, pe­lí­cu­la de terror con Ma­ri­sa To­mei, y aho­ra co­pro­ta­go­ni­za Fear…, más terror. ¿Se ha es­pe­cia­li­za­do en es­te gé­ne­ro o es pu­ra ca­sua­li­dad?

–Es­ta pre­gun­ta es in­tere­san­te… No, no creo que sea una ac­triz es­pe­cia­li­za­da en el terror o la cien­cia fic­ción, ya que tam­bién tra­ba­jé en la se­rie Pri­sion Break, que era una pro­duc­ción de ac­ción, del ti­po va­mos a co­rrer, va­mos a es­ca­par­nos… Lo que sí pue­do ase­gu­rar­le es que nun­ca he he­cho un per­so­na­je que ten­ga ves­ti­dos y ta­co­nes, ni tam­po­co que se ma­qui­lle. To­dos los per­so­na­jes que he in­ter­pre­ta­do has­ta aho­ra es­tán to­do el tiem­po co­rrien­do, con bo­tas, em­ba­rra­dos, su­cios… El ca­so de Fear… es el ex­tre­mo, cla­ro, ya que es el súm­mun cuan­do te em­ba­dur­nan la ca­ra de san­gre.

–Así, ¿siem­pre ha en­car­na­do per­so­na­jes de ac­ción?

–Sí, nun­ca he es­ta­do en un set de ro­da­je en el que lle­va­se ta­co­nes, y que cor­ten una es­ce­na pa­ra arre­glar­me la más­ca­ra de los ojos. Ja­más en mi vi­da he te­ni­do esos pro­ble­mas. Ac­tual­men­te, cuan­do me quie­ren arre­glar el pe­lo, es pa­ra po­nér­me­lo más su­cio o pin­tar­me con más san­gre la ca­ra o en­su­ciar­me más la ro­pa... Me he da­do cuen­ta que, a lo lar­go de mi ca­rre­ra, en to­dos los per­so­na­jes que he in­ter­pre­ta­do, o las his­to­rias con las que me sien­to, de una ma­ne­ra u otra, más co­nec­ta­da, la be­lle­za ex­ter­na no es el

pun­to más fuer­te o in­tere­san­te. Son per­so­na­jes más pro­fun­dos, en los que no im­por­ta cuál es su ima­gen ex­te­rior. La po­ten­cia de la his­to­ria, del per­so­na­je, es una fuer­za más in­ter­na, más real… Es co­mo en el tea­tro, una ma­ne­ra de pro­bar­me has­ta qué pun­to pue­do pro­fun­di­zar en el pa­pel, al mar­gen de la ima­gen ex­te­rior… Pe­ro sí, me pa­re­ce muy cu­rio­so que yo nun­ca ha­ya te­ni­do ta­co­nes, o ha­ya en­car­na­do a un per­so­na­je de épo­ca.

–¿Le preo­cu­pa que la pue­dan en­ca­si­llar?

–No, nun­ca re­cha­zo a los per­so­na­jes. Me los ofre­cen o me in­tere­san, y en­ton­ces pa­san a ser otra ver­sión de Da­nay, pe­ro no los cues­tiono ni los juz­go ni me im­por­ta si tie­nen o no ta­co­nes. Lo más im­por­tan­te pa­ra mí es que el pú­bli­co se co­nec­te con ese ser hu­mano que es­tá ahí…, y que ca­sual­men­te no tie­ne ta­co­nes [ríe]... Pe­ro, al me­nos, que su fuer­za no sea el ma­qui­lla­je. Y eso di­ce mu­cho de lo que es la mu­jer. Tam­bién es una ma­ne­ra de ejem­pli­fi­car an­te el pú­bli­co y an­te las mu­je­res de mi ge­ne­ra­ción de que la be­lle­za no es­tá so­lo di­ri­gi­da a la ima­gen ex­te­rior, y que en un per­so­na­je fe­me­nino tam­bién pue­des ver una be­lle­za in­ter­na. Y sien­to que re­pre­sen­to mu­cho es­ta op­ción.

–¿Se sien­te, por tan­to, muy iden­ti­fi­ca­da con el pa­pel de la mu­jer en el Holly­wood ac­tual?

–To­tal­men­te. Ten­go un tra­ba­jo con una gran res­pon­sa­bi­li­dad. Por ejem­plo, en Fear… se pre­sen­ta un mun­do apo­ca­líp­ti­co que pue­de pa­re­cer que lo di­ri­ge el hom­bre; sin em­bar­go, en la se­rie son va­rias la mu­je­res que es­tán pe­lean­do en ese en­torno tan hos­til de di­fe­ren­tes ma­ne­ras. Es­te plan­tea­mien­to de la se­rie es, pa­ra mí, una for­ma de mos­trar una ima­gen de la mu­jer que no se asus­ta y que afron­ta las si­tua­cio­nes más di­fí­ci­les. Es una opor­tu­ni­dad de ins­pi­rar a una au­dien­cia fe­me­ni­na… Pa­ra mí, es un ho­nor po­der in­ter­pre­ta a es­te ti­po de mu­jer, que es que necesitamos.

–Y, ade­más, en una se­rie que es­tá fun­cio­nan­do muy bien, y pa­re­ce que va­mos a te­ner zom­bis pa­ra mu­cho tiem­po…

–Creo que pa­ra un tiem­po lar­go, sí, y no se van de una vez [ríe]. Pe­ro, ho­nes­ta­men­te, creo que los se­gui­do­res de la se­rie no se iden­ti­fi­can con los zom­bis, sino con los su­per­vi­vien­tes, y có­mo es­tos li­dian con esas si­tua­cio­nes tan ex­tre­mas, con lo que sig­ni­fi­ca, en un en­torno apo­ca­líp­ti­co, los con­cep­tos de vi­da, el amor, la ma­ter­ni­dad… Y to­dos nos iden­ti­fi­ca­mos, por­que, de una ma­ne­ra u otra, to­dos te­ne­mos un pe­que­ño apo­ca­lip­sis dia­rio en nues­tras vi­das, una re­vo­lu­ción in­te­rior.

–Us­ted ha tra­ba­ja­do en ci­ne y en te­le­vi­sión. ¿En cuál de los dos me­dos se sien­te más có­mo­da?

-Va­ya pre­gun­ta… Creo que los dos. En la te­le­vi­sión es mo­rir por las ho- ras de tra­ba­jo sí, pe­ro no de­ja de ser mo­rir de fe­li­ci­dad. Tra­ba­jas 17 ho­ras al día du­ran­te ocho me­ses de ro­da­je, aca­bas ex­haus­to y co­mo un zom­bi [ríe]; pe­ro es un can­san­cio que es de­li­cio­so… En una pe­lí­cu­la es igual de in­ten­so, pe­ro más cor­to. Yo dis­fru­to de los dos… Es di­fí­cil de es­co­ger. Me en­can­ta có­mo tra­ba­jo sie­te me­ses al año, y vi­vo un per­so­na­je tem­po­ra­da tras tem­po­ra­da y ca­da año lo co­noz­co más pro­fun­da­men­te, y sien­to que el pú­bli­co lo co­no­ce tam­bién me­jor. En el ci­ne es más cor­ta es­ta adap­ta­ción, y el re­to es có­mo lle­var en me­nos tiem­po un per­so­na­je de la A a la Z. Ha de ser un tra­ba­jo más ra­di­cal pa­ra que lle­gue a im­pac­tar en la au­dien­cia. A mí, lo que me en­can­ta es sa­car­le más cos­tu­ras al per­so­na­je. Pe­ro, bueno, si pue­do ha­cer Fear… y com­pa­gi­nar­lo con pe­lí­cu­las, en­ton­ces soy la per­so­na más fe­liz del mun­do.

«Si pue­do com­pa­gi­nar la se­rie ‘Fear the wal­king dead’ con pe­lí­cu­las, soy la per­so­na más fe­liz del mun­do»

AC­TRIZ CU­BA­NA DE AC­CIÓN. Da­nay Gar­cía siem­pre en­car­na a mu­je­res de ar­mas

‘FEAR THE WAL­KING DEAD’ Com­po­si­ción pro­mo­cio­nal de la nue­va tem­po­ra­da de la se­rie de AMC.

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