El ca­breo de Se­re­na ha si­do ana­li­za­do, juz­ga­do, ca­ri­ca­tu­ri­za­do y de­ba­ti­do has­ta la sa­cie­dad

El Periódico Extremadura - - OPINIÓN -

En nues­tra so­cie­dad, la mu­jer pro­ta­go­nis­ta si­gue desem­pe­ñan­do dos pa­pe­les prin­ci­pa­les.

El pri­me­ro es el del ser des­va­li­do, en apu­ros, en es­pe­ra de un salvador que le trai­ga la fe­li­ci­dad. El se­gun­do es el de una cria­tu­ra mal­va­da, te­rro­rí­fi­ca, de la que hay que man­te­ner­se ale­ja­dos. Aña­di­ría que la pri­me­ra sue­le ser de ra­za blan­ca.

¿Qué tie­ne que ver es­te re­pa­so de la tra­di­ción po­pu­lar con Se­re­na? To­do. Ella es una mu­jer ne­gra, fuer­te, de ca­rác­ter. Una suer­te de in­tru­sa en un de­por­te que no ha­ce mu­chos años es­ta­ba re­ser­va­do pa­ra la élite.

Ella es una ca­ra ex­tra­ña en la his­to­ria del de­por­te mun­dial. Y no es vic­ti­mis­mo, es una reali­dad lle­na de pre­jui­cios que Se­re­na ha te­ni­do que car­gar du­ran­te to­da su ca­rre­ra. Por eso es­te de­ba­te.

Cuan­do cual­quier otro de­por­tis­ta se ha en­fa­da­do, ba­ta­lla­do con­tra el ár­bi­tro, se que­ja y de­fien­de su jue­go es aplau­di­do, ad­mi­ra­do, es­tá com­pro­me­ti­do en el par­ti­do. Cuan­do lo ha he­cho ella se mon­ta un cir­co me­diá­ti­co. Es una his­té­ri­ca. Una rei­na del dra­ma.

Pe­ro cla­ro es que Se­re­na es mu­jer. Y ne­gra.

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