La tra­di­cio­nal re­co­gi­da de bellota en la dehe­sa bo­yal se revive des­de hoy

Un ban­do mu­ni­ci­pal prohi­be que se se­ña­len las en­ci­nas y al­cor­no­ques Es­ta costumbre se re­mon­ta a la Edad Me­dia, cuan­do se crea­ron los Bal­díos

El Periódico Extremadura - - PROVINCIA DE BADAJOZ - PA­BLO CORDOVILLA prov-ba­da­joz@ex­tre­ma­du­ra.el­pe­rio­di­co.com AL­BUR­QUER­QUE PA­BLO CORDOVILLA

Al­bur­quer­que re­vi­vi­rá a par­tir de hoy la tra­di­cio­nal re­co­gi­da de be­llo­tas del ar­bo­la­do co­mu­nal por par­te de sus ve­ci­nos, en una tra­di­ción que se re­mon­ta a la Edad Me­dia. El ayun­ta­mien­to ha emi­ti­do un año más el ban­do de la bellota, que au­to­ri­za la re­co­gi­da por igual a to­dos los ve­ci­nos y sin nin­gún ti­po de pre­fe­ren­cia. Ade­más, es­tá ter­mi­nan­te­men­te prohi­bi­do el se­ña­la­mien­to de las en­ci­nas y al­cor­no­ques con cual­quier ob­je­to.

Des­de la ci­ta­da Edad Me­dia, en que se cons­ti­tu­ye­ron los Bal­díos de Al­bur­quer­que -en el año 1430 el in­fan­te de Ara­gón hi­zo en­tre­ga de al­gu­nas tie­rras al pue­blo-, exis­te es­ta tra­di­ción que co­men­za­ba en la fes­ti­vi­dad de To­dos los San­tos con el pre­gón de la bellota. El vue­lo, es de­cir, los ár­bo­les y sus fru­tos, per­te­ne­cen a to­dos los ve­ci­nos, mien­tras que la tie­rra y el apro­ve­cha­mien­to agro­ga­na­de­ro co­rres­pon­de so­la­men­te a los arren­da­ta­rios de las par­ce­las que com­po­nen los bal­díos.

Has­ta el úl­ti­mo ter­cio del si­glo pa­sa­do, un día an­tes del pre­gón, los ve­ci­nos to­ma­ban «po­se­sión tem­po­ral» de los ár­bo­les me­dian­te se­ña­les o cho­zos que se cons­truían al­re­de­dor del tron­co, lo que pro­vo­ca­ba dispu­tas y con­fron­ta­cio­nes que a ve­ces aca­ban de for­ma vio­len­ta.

En el pa­sa­do, la re­co­gi­da de es­tos fru­tos era al­go muy co­di­cia­do por los ve­ci­nos, pues­to que con es­tas be­llo­tas se en­gor­da­ba el cer­do que unos me­ses des­pués, tras ser sa­cri­fi­ca­do, ser­vía de sus­ten­to a to­do la fa­mi­lia, es­pe­cial­men­te a las más hu­mil­des.

Por ello, las au­to­ri­da­des se veían en la ne­ce­si­dad, co­mo tam­bién ocu­rre aho­ra, de prohi­bir el se­ña­la­mien­to de los ár­bo­les por el que al­gu­nos ve­ci­nos se creían con el de­re­cho de aca­pa­rar sus be­llo­tas.

Los más vie­jos del lu­gar re­cuer­dan la for­ma en que las fa- mi­lias se pre­pa­ra­ban con va­rios días de an­te­la­ción en las in­me­dia­cio­nes de la dehe­sa co­mu­nal y có­mo des­pués to­dos los miem­bros de la fa­mi­lia, pro­vis­tos de ani­ma­les de car­ga, varas y sa­cos, se pre­sen­ta­ban en la dehe­sa bo­yal a lo­mos de un bu­rro o mu­lo con sus ha­tos al hom­bro.

En ellos lle­va­ban las al­bar­das, co­mi­da y de­más en­se­res pa­ra re­co­lec­tar la bellota, has­ta que és­ta se aca­ba­ba o no se po­día co­ger.

En con­cre­to, el ha­to con­te­nía una va­ra que en uno de sus ex­tre­mos lle­va­ba una cuer­da de al­go más de un me­tro que a su vez su­je­ta­ba otra un pa­lo más pe­que­ño o man­güa, con la que gol­pea­ban al ár­bol pa­ra des­pren­der la bellota de sus ra­mas. La man­ta vie­ja en la que lle­va­ban las vian­das pa­ra el tra­ba­jo ser­vía tam­bién, una vez ex­ten­di­da en el sue­lo, pa­ra re­co­ger los fru­tos caí­dos. En el año 1916 hu­bo un fa­mo­so in­ci­den­te en­tre las au­to­ri­da­des y unos 400 bra­ce­ros. Cuan­do es­tos lle­ga­ron al en­torno de La Co­ta­da dis­pues­tos a re­co­lec­tar la bellota de es­ta fin­ca (que pe­se a per­te­ne­cer a los bal­díos es­ta­ba en ma­nos pri­va­das), la Guar­dia Ci­vil dis­pa­ró so­bre la mu­che­dum­bre mien­tras que los obre­ros res­pon­die­ron lan­zan­do pie­dras a los agen­tes.

El re­sul­ta­do del en­con­tro­na­zo fue un obre­ro muer­to y va­rios he­ri­dos.

Dos ve­ci­nos re­co­gen be­llo­tas en la dehe­sa bo­yal.

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