LA FIR­MA

ELLE Gourmet - - Sumario - ALI­CE TEM­PER­LEY POR DI­SE­ÑA­DO­RA DE TEM­PER­LEY LON­DON

La di­se­ña­do­ra Ali­ce Tem­per­ley nos lle­va a una in­fan­cia en­tre man­za­nos.

Cre­cí en So­mer­set (Reino Uni­do), en una pre­cio­sa gran­ja don­de to­da­vía se pro­du­ce si­dra. Para mí y mis tres her­ma­nas, aquel sitio es nues­tro ho­gar, siem­pre lleno de gen­te y en mo­vi­mien­to, in­de­pen­dien­te­men­te de la es­ta­ción del año. Es­tar allí su­po­ne vi­vir en el cam­po, cui­dar de los cor­de­ros, se­gar el heno, par­ti­ci­par en fes­ti­va­les de agri­cul­tu­ra y ga­na­de­ría... En ese con­tex­to, co­mes lo que co­se­chas y lo que se cría y se cul­ti­va en la zo­na.

Mi ma­dre, que era quien se en­car­ga­ba de los fo­go­nes, nos brin­dó una edu­ca­ción ve­ge­ta­ria­na has­ta que cum­pli­mos los 8 años. Fue a esa edad cuan­do, en la gran­ja de una ami­ga, pro­bé por pri­me­ra vez las sal­chi­chas: me to­mé una y pe­dí más... y más. Des­de en­ton­ces, soy una in­con­di­cio­nal ab­so­lu­ta de la car­ne y el pes­ca­do. De ni­ña tam­bién te­nía una ca­bra; se lla­ma­ba Flo­ren­ce (por cier­to, ese es mi se­gun­do nom­bre), con lo que dis­fru­tá­ba­mos de le­che fres­ca to­das las ma­ña­nas.

Me gus­ta re­ci­bir a gen­te en ca­sa, or­ga­ni­zar even­tos es­pe­cia­les para mis in­vi­ta­dos en la gran­ja de mi in­fan­cia. Por suerte, aho­ra dis­pon­go de más tiem­po que an­tes para co­ci­nar (y para pro­bar las in­creí­bles pro­pues­tas de va­rios ami­gos que son unos chefs de pri­me­ra). Siem­pre me ha en­can­ta­do que mis co­men­sa­les, ade­más de a ce­nar, se que­den a dor­mir. Por eso, sue­lo de­jar­les pre­pa­ra­da una bue­na me­sa de desa­yuno an­tes de ir­me a la cama. Dis­fru­to con ese ri­tual, que me per­mi­te ju­gar al mix & match: la de­co­ro con man­te­les es­tam­pa­dos y con flo­res re­cién re­co­gi­das del jar­dín y co­lo­có so­bre ella cu­bier­tos y va­ji­llas que voy re­co­pi­lan­do.

Con res­pec­to a las re­ce­tas que ofrez­co, in­ten­to que sean sa­lu­da­bles, de tem­po­ra­da y con pro­duc­tos de pro­xi­mi­dad. En oto­ño, na­da co­mo un pla­to de pes­ca­do fres­co e hi­no­jo pro­ce­den­te de Dor­set, en el sur de Inglaterra. Y te­ne­mos la suerte de po­der acom­pa­ñar el menú con los te­so­ros de la em­pre­sa de mis pa­dres, The So­mer­set Ci­der Brandy. Em­pe­za­mos con el ape­ri­ti­vo de man­za­na clá­si­co de la fir­ma, con­ti­nua­mos con una si­dra o un vino tin­to para re­gar el pla­to prin­ci­pal y, para ter­mi­nar, abri­mos un So­mer­set Ci­der Brandy, que ma­ri­da de ma­ra­vi­lla con el que­so y la sal­sa pi­can­te lo­cal. Co­mo de­ci­mos en in­glés, the ap­ple does not fall far from the tree, que, li­te­ral­men­te, sig­ni­fi­ca la man­za­na no cae le­jos del ár­bol. O sea, de tal pa­lo, tal as­ti­lla.

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