CON­SE­JOS FI­NA­LES

Enducross - - MOTOTÉCNICA -

■ Qui­zá eres uno de los afor­tu­na­dos No te ob­se­sio­nes ni con una mo­to de­ter­mi­na­da, o un mo­de­lo de un año y un co­lor. Tam­po­co, por su­pues­to, con el pen­sa­mien­to de que to­das las mo­tos de se­gun­da mano son ma­las por­que una vez una ha­ya sa­li­do mal. La ló­gi­ca, la cal­ma y cier­to gra­do de con­fian­za son bá­si­cos. Ca­si to­dos usa­mos la mo­to de un mo­do más o me­nos nor­mal, es de­cir, le­jos de sus po­si­bi­li­da­des má­xi­mas reales, la cui­da­mos más o me­nos bien por­que nos ha cos­ta­do una “pas­ta” y, mu­chas ve­ces, cuan­do la ven­de­mos es más por ca­pri­cho de otra que por­que de ver­dad es­té mal. Si co­no­ces al ven­de­dor, me­jor. Si la com­pras en una tien­da de pres­ti­gio ten­drás al­go más de ga­ran­tía. Y si se la com­pras a un des­co­no­ci­do, al me­nos echa un vis­ta­zo a los pun­tos que te he­mos co­men­ta­do. So­bre to­do, que te cuen­te su his­to­ria y que to­do cua­dre: si so­lo la ha usa­do pa­ra pa­sear, ¿por qué tie­ne mar­cas de ve­ri­fi­ca­cio­nes pa­ra ca­rre­ras?

■ De to­das for­mas no deseches mo­tos por­que han si­do de ca­rre­ras o por­que es­tén ave­ria­das. En al­gu­nos ca­sos te pue­de interesar com­prar una mo­to con un gri­pa­je de ci­lin­dro, si de lo de­más es­tá bien y te des­cuen­tan más de lo que va­le re­pa­rar­la. Pue­de ser a ve­ces la ga­ran­tía de que el mo­tor lo es­tre­nas tú. En una mo­to de ca­rre­ras bien re­vi­sa­da, si tu ni­vel es al­to, es po­si­ble que ten­ga me­jo­res sus­pen­sio­nes, me­jo­ras en el mo­tor o otros ex­tras que te in­tere­sen. Aho­ra bien, que te ase­gu­ren de al­gu­na ma­ne­ra que es­tá bien man­te­ni­da y que no va a rom­per.

■ In­ten­ta pro­bar siem­pre la mo­to que vas a com­prar. Que­da en al­gún si­tio don­de pue­das “me­ter una rue­da” en el cam­po. Lo nor­mal hoy día es que no te quie­ran de­jar pro­bar la mo­to por mie­do a ro­bos. No te en­fa­des ni le sal­gas al ven­de­dor con aque­llo de “¿ten­go yo pin­tas de la­drón de mo­tos?“, por­que la res­pues­ta es sí: los la­dro­nes de mo­tos pro­cu­ran ir con la mis­ma nor­ma­li­dad que tú. Dé­ja­le el di­ne­ro, si no to­do, una can­ti­dad im­por­tan­te, al ven­de­dor an­tes de fir­mar papeles y prue­ba la mo­to.

Por úl­ti­mo, una vez com­pra­da, pa­ga­da y en tu po­der, llé­va­la al ta­ller. Una re­vi­sión más a fon­do de los di­fe­ren­tes ele­men­tos y una re­pa­ra­ción de los des­per­fec­tos an­tes de usar­la ha­rán que sea co­mo es­tre­nar una mo­to.

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