TRAS EL ORO MALDITO DE LOS NA­ZIS

Enigmas - - REPORTAJE -

Si mu­chos son los que aún bus­can el oro per­di­do de Yamashita, lo cier­to es que el ex­po­lio que lle­va­ron a ca­bo sus co­li­ga­dos en el Eje, los ale­ma­nes, con­si­de­ra­do el ma­yor de la his­to­ria se­gún el Li­bro Guin­ness, ha sus­ci­ta­do to­da­vía más bús­que­das de­ses­pe­ra­das que con­ti­núan a día de hoy. Los te­so­ros “malditos” na­zis –ver ENIGMAS 251– han si­do perseguidos con ahín­co por aven­tu­re­ros y au­to­ri­da­des va­rias des­de el mo­men­to mis­mo del fin de las hos­ti­li­da­des. En las pro­fun­di­da­des del lago aus­tría­co To­plitz –don­de se ha­lla­ron mi­les de bi­lle­tes de li­bras es­ter­li­nas fal­sas ocul­tos en pe­sa­das ca­jas de ma­de­ra–, en el cas­ti­llo de Ksiaz, cer­ca de Walbrych, en Po­lo­nia, e in­clu­so en un tren ba­jo tie­rra que ha da­do mu­cho que ha­blar en los úl­ti­mos años y que pa­re­ce que, al fi­nal, no exis­te. En re­la­ción a los “ca­za­te­so­ros” del oro na­zi, el ca­so más cu­rio­so de los úl­ti­mos años es el del ale­mán Ch­ris­tian Ha­nisch, quien se ba­só en unas ano­ta­cio­nes de­ja­das por su pa­dre, ra­dio­te­le­gra­fis­ta de la Luft­waf­fe, una se­rie de coor­de­na­das de va­rios de­pó­si­tos se­cre­tos en los que los hom­bres de Hitler ha­brían ocul­ta­do te­so­ros al fi­nal de la gue­rra, qui­zá, dicen, el es­qui­vo Sa­lón de Ám­bar. Se han rea­li­za­do pes­qui­sas en una cue­va de la ciu­dad sa­jo­na de Deutsch­neu­dorf, pe­ro has­ta aho­ra, de oro na­da. Las in­ves­ti­ga­cio­nes con­ti­núan, y las le­yen­das de gran­des can­ti­da­des de jo­yas y lin­go­tes no de­jan de te­ner vi­gen­cia. Co­mo sue­le de­cir­se, so­ñar es li­bre.

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