Ex­tra­te­rres­tres en la an­ti­güe­dad. Es cier­to que de ma­ne­ra muy crí­ti­ca. Ha leí­do a au­to­res co­mo Erich Von Dä­ni­ken, Graham Han­cok… ¿Qué opi­na de es­te ti­po de teo­rías? ¿Se en­fren­ta­rá Lang­don al­gu­na vez a los enig­mas de la an­ti­güe­dad?

En las teo­rías de la cons­pi­ra­ción tie­nen un pa­pel im­por­tan­te. En sus pá­gi­nas, da la sen­sa­ción de que, a tra­vés de sus per­so­na­jes, es us­ted bas­tan­te crí­ti­co con es­te ti­po de teo­rías. ¿Qué opi­na?

Enigmas - - ZOOM -

Creo que sí. Al­go hay en la men­te hu­ma­na que pi­de or­den. En la no­ve­la se ha­bla de ese pro­gra­ma sub­ya­cen­te de la men­te, co­mo si fue­ra un or­de­na­dor. Que­re­mos or­de­nar en el caos y la re­li­gión es una fuer­za muy po­ten­te pa­ra or­de­nar el mun­do. Cuan­do un ser que­ri­do se nos mue­re no desea­mos creer que ha si­do por­que sí, que ha si­do por azar, y es me­jor creer que Dios de­ci­dió que era su ho­ra y se lo ha lle­va­do jun­to a él. Yo no me lo creo, pe­ro es una his­to­ria bo­ni­ta y en­tien­do que con­sue­le y ten­ga su pro­pó­si­to en la so­cie­dad.

Y ha­blan­do de creen­cias y su­pers­ti­cio­nes, me gus­ta­ría pre­gun­tar­le si, co­mo es­cri­tor, tie­ne al­gu­na su­pers­ti­ción o creen­cia que con­si­de­re ex­tra­ña.

Yo no soy su­pers­ti­cio­so, pe­ro sí creo que si pro­te­ges el pro­ce­so los re­sul­ta­dos sa­len so­los. Yo em­pie­zo a tra­ba­jar ca­si a la mis­ma ho­ra to­dos los días y tra­ba­jo de una ma­ne­ra pa­re­ci­da. Em­pie­zo a las 04:00 a.m, ca­da ho­ra des­can­so, ha­go es­ti­ra­mien­tos y mue­vo un po­co el cuer­po. Tra­ba­jo sin In­ter­net, sin te­lé­fono… No sé si es su­pers­ti­ción; es más de­cir­me a mí mis­mo que me ten­go que pro­te­ger en mi pro­ce­so y el re­sul­ta­do ya ven­drá. Ori­gen Hay gen­te que cree que yo soy teó­ri­co de la cons­pi­ra­ción ¡y soy to­do lo con­tra­rio!, por­que soy to­tal­men­te es­cép­ti­co. Ten­go fans que me pre­gun­tan: “¿Cuán­do vas a ha­blar de los an­ti­guos alie­ní­ge­nas que vi­nie­ron y vi­vie­ron en­tre no­so­tros y cons­tru­ye­ron las pi­rá­mi­des de Egip­to?”, y yo les di­go: “¡Qué lo­cu­ra!”, nun­ca voy a ha­cer al­go así. Pe­ro la teo­ría de la cons­pi­ra­ción for­ma par­te del in­ten­to de crear or­den en el caos cuan­do pa­sa al­go que no en­ten­de­mos, por ejem­plo las pi­rá­mi­des de Egip­to o en una elec­ción pre­si­den­cial. Es me­jor pen­sar: “Hay una cons­pi­ra­ción de­trás”, en lu­gar de pen­sar que ha si­do por azar.

En las pá­gi­nas de in­clu­ye al­gu­nas men­cio­nes al asun­to de las vi­si­tas

Ori­gen Sí, sí que he leí­do to­das es­tas obras so­bre as­troar­queo­lo­gía y los an­ti­guos alie­ní­ge­nas. Son muy en­tre­te­ni­das. Pa­ra mí, el as­pec­to más di­ver­ti­do de es­tas co­rrien­tes es ver có­mo la teo­ría de la cons­pi­ra­ción une pun­tos que no se unen por nin­gu­na par­te y eso, pa­ra mí, es co­mo un li­bro so­cio­ló­gi­co por­que pien­so: “Pe­ro, ¿có­mo se cree la gen­te es­to?”. Me pa­re­ce fas­ci­nan­te, y a Ro­bert Lang­don, en un mo­men­to de Ori­gen, le dio por re­fle­xio­nar so­bre es­tas teo­rías pa­ra de­cir: “Va­le sí, in­tere­san­te. Pe­ro yo no me lo creo”.

En su no­ve­la el te­ma ex­tra­te­rres­tre jue­ga un pa­pel im­por­tan­te. ¿Qué opi­na del te­ma de la vi­da ex­tra­te­rres­tre? ¿Cree que nos han vi­si­ta­do?

La Cons­pi­ra­ción, A mí no me han vi­si­ta­do ni me han ab­du­ci­do los ex­tra­te­rres­tres. Me fas­ci­na la vi­da ex­tra­te­rres­tre. Ma­te­má­ti­ca­men­te ha­blan­do, es muy, muy pro­ba­ble, que ha­ya vi­da ex­tra­te­rres­tre y que no sea­mos la úni­ca for­ma de vi­da en el Uni­ver­so. No creo que los alie­ní­ge­nas nos ha­yan vi­si­ta­do o que vi­van en­tre no­so­tros, pe­ro hay vi­da en otros lu­ga­res, yo creo que sí.

¿Y el fe­nó­meno OVNI co­mo tal? Hay per­so­nas que afir­man ha­ber vis­to al­guno…

Yo no he vis­to nin­guno, pe­ro soy de Exe­ter, en New Ham­ps­hi­re, y allí hay un ca­so lla­ma­do “El In­ci­den­te de Exe­ter” que fue fa­mo­so en Amé­ri­ca. Mu­cha gen­te de di­fe­ren­tes seg­men­tos de la so­cie­dad, des­de clé­ri­gos a tra­ba­ja­do­res, vie­ron la mis­ma co­sa. Yo he ha­bla­do con al­gu­nas de las per­so­nas que lo vie­ron. Aho­ra son muy ma­yo­res, te mi­ran a los ojos y te di­cen: “Yo sé lo que vi. No te lo sé ex­pli­car”, por­que no ha­bían vis­to na­da igual. Un ob­je­to en for­ma de pu­ro de co­lor ro­jo que flo­tó so­bre la ciu­dad. Y pa­só y na­die la vio nun­ca más. El ejér­ci­to di­jo que no ha­bían si­do ellos. Yo es­pe­ro ver al­guno.

Ha es­ta­do on­ce ve­ces en Es­pa­ña y es el pri­mer país que vi­si­tó, en el que pa­só par­te de su ju­ven­tud, don­de es­tu­dió un tiem­po… Es el país ele­gi­do pa­ra am-

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