Su­per­ló­pez

ES­TE AÑO HAY DO­BLE RA­CIÓN DEL SU­PER­HÉ­ROE MÁS ES­PA­ÑOL: CÓ­MIC Y PE­LÍ­CU­LA. HE­MOS HA­BLA­DO CON ÉL (CON DA­NI RO­VI­RA NO, CON EL AU­TÉN­TI­CO SU­PER­LÓ­PEZ)

Esquire (Spain) - - Qué Se Yo - TEX­TO ALEJANDRO AVILLEIRA ILUSTRACIÓN JAN

TEN­GO 45 AÑOS, PE­RO ME SIEN­TO IGUAL DE JO­VEN QUE EL PRI­MER DÍA. Na­cí en el pla­ne­ta Chi­tón, ba­jo el nom­bre Jo-con-él y cuan­do lle­gué a la Tie­rra me aco­gie­ron unos hu­ma­nos de Llei­da. ¿Te sue­na de al­go? No sé de qué me es­tás ha­blan­do.

MIS PA­DRES ME CAM­BIA­RON EL NOM­BRE y me lla­ma­ron Juan López Fer­nán­dez, que pue­de que sea el nom­bre más co­mún que ja­más ha exis­ti­do (y que, cu­rio­sa­men­te, com­par­to con mi crea­dor, al que to­do el mun­do co­no­ce co­mo JAN). Lo único que me di­fe­ren­cia­ba de los de­más de pe­que­ño era que na­cí con bi­go­te, y nun­ca me lo he qui­ta­do.

MI RE­LA­CIÓN CON LUI­SA LANAS no es fá­cil. Por un la­do, es mi no­via en mi vi­da co­mo López, pe­ro ten­go un pro­ble­ma: ella odia a Su­per­ló­pez y de ver­dad que no sé có­mo arre­glar­lo. Me lla­ma “Su­per­me­dia­nía de ace­ro”.

MI TRA­BA­JO CO­MO CON­TA­BLE con­sis­te en ha­cer ca­da día un mon­tón de pa­ja­ri­tas de pa­pel. No es que sea el em­plea­do más que­ri­do por mi je­fe, pe­ro tam­po­co me dan mu­chas res­pon­sa­bi­li­da­des. Tam­bién te di­go una co­sa, mi je­fe no es de fiar: se con­vir­tió en el Pri­mer He­xae­dro du­ran­te la cri­sis de los Ca­be­ci­cu­bos, lle­gó a ser pre­si­den­te del Go­bierno y so­me­tió a los ca­be­zas re­don­das a una gran opre­sión. Quie­ras que no, eso li­ma la con­fian­za.

‘EL SE­ÑOR DE LOS CHUPETES’ fue una de mis mi­sio­nes más com­pli­ca­das, por­que tu­ve que via­jar mu­cho (que si al cen­tro de la Tie­rra, al Ama­zo­nas, al Hi­ma­la­ya, a la Lu­na, al fon­do del océano Atlán­ti­co) pa­ra lo­ca­li­zar los seis chupetes que ha­bía crea­do Tchu­pón. Al me­nos con­ta­ba con la ayu­da del Gran Chu­pe­te Único, que te vol­vía in­vi­si­ble cuan­do te lo me­tías en la bo­ca.

LOS PETISOS CARAMBANALES me acom­pa­ñan des­de Al cen­tro de la Tie­rra. De­bo re­co­no­cer que aun­que al­gu­na vez me han da­do más de un do­lor de ca­be­za son unos se­res en­tra­ña­bles. Eso sí, tie­nen un idio­ma com­pli­ca­di­llo.

UN CA­FÉ CON LE­CHE Y UN CRUASÁN. Ese es mi desa­yuno de ca­da día. Lo de apo­yar­me en la ta­qui­lla del me­tro y pe­dír­se­lo al ta­qui­lle­ro mien­tras aún es­toy me­dio dor­mi­do es al­go que no pue­do evi­tar.

CREO QUE ‘LA CA­JA DE PAN­DO­RA’ ES MI ME­JOR AVEN­TU­RA. Tie­ne un tras­fon­do edu­ca­ti­vo que me­re­ce la pe­na re­vi­sar cuan­do eres ma­yor. ¿No lo has leí­do? ¿Pe­ro qué in­fan­cia tu­vis­te tú?

SUPEREGON EN NO­RUE­GA, Su­per­dan en Di­na­mar­ca, Su­per-meier en Ale­ma­nia, Su­per Llo­pis en ca­ta­lán… Me han cam­bia­do el nom­bre siem­pre que mis his­to­rie­tas se han tra­du­ci­do a otros idio­mas.

¿MOR­TA­DE­LO Y FILEMÓN? LOS TRES LU­CHA­MOS POR UN MUN­DO ME­JOR, los tres te­ne­mos un je­fe al que es com­pli­ca­do te­ner­le ca­ri­ño y los tres su­fri­mos un sin­fín de pe­na­li­da­des en ca­da mi­sión. Pe­ro al fi­nal con­se­gui­mos nues­tro ob­je­ti­vo, y eso es lo que cuen­ta.

SI FUE­RA UN DIOS NO TEN­DRÍA QUE PA­GAR IM­PUES­TOS so­bre la ren­ta, ni cor­tar­me el pe­lo ca­da mes, ni dar tres vuel­tas a la man­za­na bus­can­do un hue­co pa­ra apar­car el co­che. Ni ten­dría que so­por­tar las bron­cas del je­fe, ni ten­dría que ha­cer pis, ni des­fo­gar mis frus­tra­cio­nes ha­cien­do de Su­per­ló­pez, ni…

AL FI­NAL TU­VE QUE CONSTRUIRME UN RE­FU­GIO EN EL PO­LO NOR­TE, por­que en mis pe­leas con Chi­clón es­te me en­via­ba allí de un guan­ta­zo. Lo lla­mé Vi­lla So­le­dad por­que… pues por­que es­tá en el Po­lo Nor­te, qué más va a ha­ber allí, ¿no? Bueno sí, ten­go un es­qui­mal co­mo ve­cino, que siem­pre se es­tá que­jan­do por­que me de­jo la llave gi­gan­te de mi ca­sa ti­ra­da por ahí to­do el ra­to.

DUER­MO CON CHU­PE­TE, SÍ, qué pa­sa. Los cha­va­les de aho­ra duer­men con el mó­vil, ¿no?

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