CUES­TIÓN DE CA­BA­LLOS

HA­BLA­MOS CON MA­NUEL FERNÁNDEZ SARO, ‘EL FANFA’, JI­NE­TE SE­VI­LLANO AFIN­CA­DO EN HO­LAN­DA: OLÍM­PI­CO EN SAL­TO, AMAN­TE DE LOS CA­BA­LLOS, MUY UNI­DO A LA NA­TU­RA­LE­ZA Y A SUS RAÍ­CES AN­DA­LU­ZAS POR SARA FERCO

Esquire (Spain) - - Motor -

Des­de que de­jó Es­pa­ña en 2002, Ma­nuel Fernández Saro com­pi­te to­das las se­ma­nas. Que­dó se­gun­do en la úl­ti­ma Com­pe­ti­ción In­ter­na­cio­nal de Sal­to de cua­tro es­tre­llas de Áms­ter­dam, y en 2016 fue a los Jue­gos Olím­pi­cos de Río de Ja­nei­ro. Ha par­ti­ci­pa­do en Ca­sas No­vas en el tor­neo de sal­tos que se ce­le­bra ca­da año en A Co­ru­ña, don­de Le­xus, la fir­ma ja­po­ne­sa de au­to­mo­ción pré­mium, hi­zo de an­fi­trio­na apo­yan­do el even­to, que reunió a gran­des es­tre­llas de la hí­pi­ca na­cio­nal e in­ter­na­cio­nal.

ES­QUI­RE: Se com­pa­ra es­te deporte con la Fórmula 1. ¿ Se pa­re­ce el ca­ba­llo a un co­che? MA­NUEL FERNÁNDEZ SARO: Yo creo que es­te deporte es es­pe­cial, por­que es el úni­co que se prac­ti­ca con un ser vivo. Es lo que lo ha­ce tan di­fe­ren­te y tan com­pli­ca­do a la vez. Lo de com­pa­rar al ca­ba­llo con el co­che, bueno, igual es más acer­ta­do en las ca­rre­ras, pe­ro en el mun­do del sal­to, de la hí­pi­ca, no tan­to. El co­che al fi­nal es un co­che: pi­sas el ace­le­ra­dor a fon­do y cuan­do se rom­pe una pie­za, la cam­bias. Con los ca­ba­llos es di­fe­ren­te: cuan­do se rom­pe una pie­za, se aca­bó el ca­ba­llo. Y muy im­por­tan­te: hay que cui­dar­le la ca­be­za al ca­ba­llo, no hay que ‘fun­dir­lo’. Al fi­nal son se­res vi­vos, tie­nen que es­tar con­ten­tos. Si es­tán en con­tra, no fun­cio­na. Es un po­co co­mo con las per­so­nas, ¿no? ESQ: ¿Có­mo es la vi­da de un ji­ne­te? ¿Tie­ne va­ca­cio­nes o ni pen­sar­lo...? MFS: Lo que más me gus­ta de esta vi­da es que es­tás siem­pre ro­dea­do de ani­ma­les. Re­co­noz­co que es­te es un ofi­cio ab­sor­ben­te, no pa­ras. Com­pi­to to­das las se­ma­nas. Es­te año creo que so­lo he te­ni­do dos fi­nes de se­ma­na li­bres, pe­ro es más du­ro es­tar en una oficina, la ver­dad. Aho­ra que ten­go una hi­ja sí que voy más de va­ca­cio­nes, y siem­pre eli­jo Sevilla, mi ca­sa.

“Al co­che le pi­sas el ace­le­ra­dor a fon­do y cuan­do se rom­pe una pie­za, la cam­bias. Con el ca­ba­llo es di­fe­ren­te: hay que cui­dar­lo mu­cho”

En la ima­gen, Fernández Saro con el nue­vo Le­xus ES 300h, una de las no­ve­da­des de Le­xus pa­ra es­te año 2018.

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