El co­co­dri­lo de La­cos­te

¿CÓ­MO EX­PLI­CAR ESAS AGU­JE­TAS TRAS ES­TAR 85 AÑOS CON LA BO­CA ABIER­TA? SOY EL ANI­MAL QUE TO­DO EL MUN­DO HA TE­NI­DO (O QUE­RI­DO TE­NER) EN EL PE­CHO AL­GU­NA VEZ

Esquire (Spain) - - Que ´ Se ´ Yo ´ - TEX­TO DA­NIEL CAL­DE­RÓN FO­TO­GRA­FÍA VA­LE­RIO ROSATI

MI PA­DRE ES EL TE­NIS­TA FRAN­CÉS RE­NÉ LA­COS­TE, uno de los gran­des de­por­tis­tas de la épo­ca. No le fue mal en el mun­di­llo del te­nis, ya que ga­nó sie­te Grand Slam (tres Ro­land Ga­rros, dos Wim­ble­don y dos US Open), fue nú­me­ro uno del mun­do en su épo­ca, ca­pi­tán del equi­po fran­cés de Co­pa Da­vis, pre­si­den­te de la Fe­de­ra­ción Fran­ce­sa de Te­nis… Pe­ro, en­tre tú y yo, na­die le co­no­ce por eso, sino por fun­dar su pro­pia fir­ma de ro­pa, La­cos­te, en 1933.

EN REALI­DAD, YO NA­CÍ UNOS CUAN­TOS AÑOS AN­TES. En 1923, du­ran­te un via­je a Bos­ton con el equi­po de la Co­pa Da­vis, Re­né La­cos­te vio una ma­le­ta de co­co­dri­lo. “Si ga­nas, te la com­pro”, le di­jo en bro­ma su en­tre­na­dor Alan Muhr an­tes del par­ti­do. Esa anéc­do­ta la re­co­gió más tar­de un pe­rio­dis­ta del Bos­ton Eve­ning Trans­cript, y dio lu­gar a su apo­do, el Co­co­dri­lo.

EL AR­TIS­TA RO­BERT GEOR­GE fue quien me di­bu­jó por pri­me­ra vez en 1927. De he­cho, Re­né se bor­dó el co­co­dri­lo en su in­du­men­ta­ria de te­nis mu­cho an­tes de fun­dar su mar­ca. Bien gran­de, por cier­to. Lue­go ya me que­dé co­mo em­ble­ma.

¿CO­CO­DRI­LO O CAI­MÁN? Me han he­cho esa pre­gun­ta mu­chas ve­ces... La­cos­te ha­bía es­tu­dia­do bien su rep­til, así que yo, con mi man­dí­bu­la alar­ga­da, soy téc­ni­ca­men­te un co­co­dri­lo, con­cre­ta­men­te de la fa­mi­lia zoo­ló­gi­ca Cro­cody­li­dae. El cai­mán es un rep­til con la man­dí­bu­la más cor­ta y ro­ma, y per­te­ne­ce a una sub­es­pe­cie de los co­co­dri­los.

¿CÓ­MO EM­PE­ZÓ TO­DO? DE LA FOR­MA MÁS TON­TA, LA VER­DAD. En 1933, Re­né La­cos­te de­ci­dió que ju­gar al te­nis con una ca­mi­sa de man­ga lar­ga no es una bue­na idea ni de­ma­sia­do có­mo­do. Así que le cor­tó las man­gas. Con un ti­je­re­ta­zo na­ció una de las re­vo­lu­cio­nes de la mo­da del si­glo XX: el po­lo es­ti­lo La­cos­te.

EL PO­LO DE LA­COS­TE FUE EL PO­LO MÁS FA­MO­SO del mun­do has­ta que lle­gó el Ca­lip­po. Es una bro­ma que ha­ce­mos in­ter­na­men­te en la em­pre­sa cuan­do lle­ga el ve­rano. Qué ton­te­ría, ¿ver­dad?

AQUEL PO­LO SE BAU­TI­ZÓ CON EL NOM­BRE L.12.12. ¿Qué sig­ni­fi­ca? La L es por La­cos­te, cla­ro; el 1 por su te­la úni­ca, al­go­dón pe­tit pi­qué; y el 2 se re­fie­re al di­se­ño en man­ga cor­ta, que se ase­me­ja en par­te a ese nú­me­ro. El se­gun­do 12 se re­fie­re al nú­me­ro de ver­sión fi­nal se­lec­cio­na­da por La­cos­te.

CA­DA CO­CO­DRI­LO BOR­DA­DO en una pren­da La­cos­te tie­ne, apro­xi­ma­da­men­te, 1.600 pun­ta­das.

ES­TE AÑO HE CUM­PLI­DO 85 AÑOS DE VI­DA, y por pri­me­ra vez mis je­fes me han cam­bia­do por otros ani­ma­les en una co­lec­ción es­pe­cial de po­los de edi­ción li­mi­ta­da, en los que mi ima­gen ha si­do re­em­pla­za­da por la de diez es­pe­cies de ani­ma­les en pe­li­gro de ex­tin­ción: la mar­so­pa del gol­fo de Ca­li­for­nia, la tor­tu­ga ba­ta­gur de Bir­ma­nia, el le­pi­le­mur de Ma­da­gas­car, el ri­no­ce­ron­te de Ja­va, el gi­bón de cres­ta ne­gra, el lo­ro ka­ka­po de Nue­va Ze­lan­da, el cón­dor de Ca­li­for­nia, el sao­la de Viet­nam, el ti­gre de Su­ma­tra y la igua­na de la is­la de Ane­ga­da.

POR CIER­TO, ¿TE HAS FI­JA­DO EN QUE LOS ES­PA­ÑO­LES SOIS LOS ÚNI­COS ti­pos en el mun­do que de­cís ‘co­co-dri­lo’, en lu­gar de ‘cro­co-di­lo’. ¿Por qué de­mo­nios ha­béis cam­bia­do esa r de lu­gar? ¿Os creéis es­pe­cia­les?

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