UN SE­VI­LLANO CON MU­CHO AR­TE ME GRI­TÓ: ‘OCIO, EN­CI­MA DE ETA­RRA, SU­PLEN­TE, HI­JO PU­TA’ JA­JA­JA

FHM - - BARRALIBRE -

dis­tin­tas las dos. En esa pri­me­ra eta­pa, yo era de los jó­ve­nes. En el ves­tua­rio es­ta­ba Al­kor­ta, Urru­tia, La­rra­za­bal, La­rrain­zar, Al­ki­za, Ju­len Gue­rre­ro, Ro­ber­to Ríos… ju­ga­do­res ve­te­ra­nos con ex­pe­rien­cia. Era un ves­tua­rio de edad, con mu­cho pe­so en las opi­nio­nes dón­de de­cía bue­nos días y agur [ri­sas]. En cam­bio, cuan­do re­gre­sé por se­gun­da vez, yo era el que se es­ta­ba den­tro de esa ge­ne­ra­ción. Era el ma­yor del ves­tua­rio el res­to de ju­ga­do­res eran cha­va­les de vein­te años. ¿Có­mo fue ese sal­to de ca­li­dad en el Sevilla? Aquel año fue te­rri­ble y com­pli­ca­do. Fue un año en el que iba con mu­cha ilu­sión por­que aca­ba­ba con­tra­to en el Ath­le­tic y tan­to la Di­rec­ción De­por­ti­va como el pro­pio en­tre­na­dor me in­sis­tie­ron mu­cho. En esa épo­ca Iña­ki Sáez, a tra­vés de un com­pa­ñe­ro, me trans­mi­tió que me es­ta­ba si­guien­do. En­ton­ces, vien­do el men­sa­je que yo re­ci­bía sa­bía que ju­gan­do una me­dia nor­mal de par­ti­dos te­nía op­cio­nes pa­ra ju­gar con la se­lec­ción. Des­pués lle­gó la le­sión y ya no fue po­si­ble, fue di­fí­cil de acep­tar por­que ha­bía vi­sua­li­za­do al­go que no era real. El no po­der ha­ber de­bu­ta­do con la ab­so­lu­ta en­ton­ces ¿lo tie­nes como una es­pi­ni­ta cla­va­da? No, por­que aun­que al prin­ci­pio allí en Sevilla sí que ¿Qué ti­tu­lar so­bre ti re­cuer­das es­pe­cial­men­te? Uno que sa­lió des­pués de una le­sión y de es­tar mu­cho tiem­po sin ju­gar. Re­gre­sa­ba a un par­ti­do con­tra el Bar­ce­lo­na y fran­ca­men­te lo hi­ce bien. Era: “Ai­tor, el rey león”. Y en esos mo­men­tos en los que uno du­da de si ha re­cu­pe­ra­do el ni­vel, eso ani­ma. ¿Qué es lo peor que te han gri­ta­do en un cam­po? Una vez es­tá­ba­mos ca­len­tan­do en Sevilla con el Ath­le­tic y un se­vi­llano con mu­cho ar­te me di­jo: “Ocio, en­ci­ma de eta­rra, su­plen­te, hi­jo pu­ta” [ri­sas]. ¿Quién es el ti­po más bro­mis­ta con el que has com­par­ti­do ves­tua­rio? Re­na­to en el Sevilla, por ejem­plo. ¿A qué de­di­cas más tiem­po aho­ra fue­ra del fút­bol? La mis­ma se­ma­na que anun­cié mi re­ti­ra­da, inau­gu­ré la clí­ni­ca de es­té­ti­ca, me­di­ci­na y nu­tri­ción, la Clí­ni­ca He­nao, a la que des­pués he in­cor­po­ra­do Orien­tal Spa y pos­te­rior­men­te HEfit Sports, un cen­tro de en­tre­na­mien­to per­so­nal di­fe­ren­te a lo ha­bi­tual. Por úl­ti­mo, ¿de dón­de na­ce la idea de sa­car un li­bro jun­to al en­tre­na­dor per­so­nal Na­cho Vi­llal­ba? Es­ta­ba har­to de que me di­je­ran “eres de­ma­sia­do blan­do pa­ra ser de­fen­sa”. En­ton­ces, Na­cho y yo vi­mos que ese mé­to­do fun­cio­na­ba y de­ci­di­mos dar­lo a co­no­cer a mu­cha más gen­te a tra­vés del li­bro.

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