¿Pue­do ti­rar­me a mi je­fa en la fies­ta de na­vi­dad?

La épo­ca de fies­tas por ex­ce­len­cia es­tá car­ga­da de ten­ta­cio­nes, así que lee y eli­ge con cui­da­do...

FHM - - SEXO -

Las fies­tas de Na­vi­dad son, en reali­dad, una de las co­sas me­nos sexys del mun­do: es di­fí­cil ima­gi­nar al­go me­nos eró­ti­co que un even­to lleno de ab­sur­dos jer­seys na­vi­de­ños y hits pop que fue­ron no­ve­dad en los años 70. Cuan­do te quie­ras dar cuen­ta, tu tí­pi­ca ce­le­bra­ción na­vi­de­ña ha­brá de­ge­ne­ra­do en una orgía de be­su­queo y to­que­teo an­tes de que pue­das de­cir: “¡Ade­lan­te, no te cor­tes!”.

Y la más obs­ce­na de es­tas fies­tas es la fies­ta de Na­vi­dad de la ofi­ci­na, con sus be­sos en­tre bo­rra­chos y el se­xo oral so­bre la fo­to­co­pia­do­ra. Una re­cien­te en­cues­ta he­cha a 1.168 em­plea­dos de ofi­ci­na des­cu­brió que el 33% de ellos se ha­bía ti­ra­do a un co­le­ga tras (¡e in­clu­so du­ran­te!) la fies­ta de Na­vi­dad.

En el fon­do, to­das es­tas ce­le­bra­cio­nes son igua­les: Una fies­ta ba­ña­da en cu­ba­tas que va­le co­mo pre­tex­to pa­ra un pol­vo de una noche con esa com­pa­ñe­ra con la que lle­vas to­do el año en un “ti­ra y aflo­ja” de tensión se­xual no re­suel­ta. Pe­ro ten cui­da­do, si te ti­ras a la chi­ca equi­vo­ca­da, pue­des su­frir las con­se­cuen­cias ca­da día de los pró­xi­mos me­ses... Pros: Pe­lo ne­gro, uñas mo­ra­das, ta­tua­je en el cue­llo y un pa­so­tis­mo exa­ge­ra­do por to­do lo que le ro­dea. Si pa­sas su ba­rre­ra de hie­lo, te es­pe­ra una noche del se­xo más obs­ceno en­tre es­po­sas y rue­gos a Bel­ce­bú. Con­tras: Si las co­sas se tuer­cen por la ma­ña­na, pre­pá­ra­te pa­ra leer mier­das so­bre ti en to­das las re­des so­cia­les. Ade­más, te cae­rá un mal de ojo/mal­di­ción/pla­ga (o to­das) de al­gún ti­po. Ni­vel de pe­li­gro: Ne­gro. Pros: No cree­mos que se te ocu­rra na­da me­jor que ti­rar­te a tu je­fa so­bre la im­pre­so­ra que es­tá jun­to al dis­pen­sa­dor de agua mien­tras te or­de­na: "¡más fuer­te, jo­der!" con el tono que usa pa­ra echar­te la bron­ca ca­da vez que lle­gas dos mi­nu­tos tar­de. Con­tras: Es­tás ca­si se­gu­ro de que las cá­ma­ras de la ofi son de pe­ga des­de ha­ce años, pe­ro co­mo es­ta aventura que el ca­va ha he­cho po­si­ble que­de gra­ba­da, ese e–mail va a ser muy, muy vi­ral. Ni­vel de pe­li­gro: Pe­lia­gu­do.

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