LA CAN­TI­DAD DE CHI­COS JÓ­VE­NES QUE HAN DE­CI­DI­DO DE­DI­CAR SU VI­DA AL ROCK ES ENOR­ME

FHM - - P&R -

ca­ma a las nue­ve de la noche y otros que em­pal­mo la noche con el pro­gra­ma di­rec­ta­men­te. Echo mu­cho de me­nos te­ner cin­co o diez mi­nu­tos pa­ra mí pe­ro bueno, por ca­da co­sa en la vi­da tie­nes que pa­gar un pea­je y lo cier­to es que es­ta­mos ha­cien­do un pro­gra­ma que des­pier­ta a mu­chos es­pa­ño­li­tos a gol­pe de rock ca­da ma­ña­na, que es­tá dan­do sus fru­tos y te­nien­do re­co­no­ci­mien­to y de­jas una co­sa por otra. Ver lo que es­ta­mos ha­cien­do por mu­chas per­so­nas en es­te país tam­bién es muy gra­ti­fi­can­te. ¿Qué te da la ra­dio que te tie­ne tan en­gan­cha­do des­de ha­ce tan­tos años? La ra­dio es el me­dio más di­rec­to, im­pro­vi­sa­do, fres­co... Ade­más, en la ra­dio no hay que ma­qui­llar­se, la es­pon­ta­nei­dad es la que man­da. Es­cri­bir tam­bién es muy bo­ni­to, sea un ar­tícu­lo más di­rec­to pa­ra una pu­bli­ca­ción o más tran­qui­la­men­te es­cri­bir un li­bro. Pe­ro la ra­dio es la in­me­dia­tez. Me pue­do pa­sar quin­ce días sin afei­tar­me, lle­gar al es­tu­dio y eso no se no­ta. Te pro­por­cio­na mucha sa­tis­fac­ción y ade­más, de for­ma in­me­dia­ta. ¿Al­gu­na vez te ha pi­ca­do el gu­sa­ni­llo de ser tú la es­tre­lla de la gui­ta­rra? Di­cen, aun­que yo no es­toy muy se­gu­ro de es­to, que to­dos los co­men­ta­ris­tas de mú­si­ca y de rock, so­mos es­tre­llas de rock frus­tra­das. Creo que no es mi ca­so. Pi­so es­ce­na­rios fre­cuen­te­men­te y lo lle­vo El rock vino un día a es­te pla­ne­ta pa­ra que­dar­se y de mo­men­to eso no lo pue­de ne­gar na­die. Otra co­sa es que eso tenga re­per­cu­sión, se le de la im­por­tan­cia que tie­ne o se le va­lo­re a ni­vel de me­dios. En ese sen­ti­do, ni lo sé ni me im­por­ta, in­de­pen­dien­te­men­te de lo que ha­ce­mos en mi emi­so­ra. El có­mo otras per­so­nas o la so­cie­dad lo va­lo­ra no me im­por­ta. Lo que sí que sé es la can­ti­dad de per­so­nas que nos es­cu­chan ca­da día y que la can­ti­dad de gru­pos y chi­cos jó­ve­nes que han de­ci­di­do de­di­car su vi­da al rock es enor­me. Eso me interesa y ca­da vez son más. ¿Exis­ten de ver­dad to­dos esos es­te­reo­ti­pos que se aso­cian siem­pre a los roc­ke­ros? To­do eso de se­xo, al­cohol y dro­gas... A mí no me gus­tan, no los com­par­to. Un ejem­plo: el otro día me pre­gun­ta­ban cuál era mi desa­yuno fa­vo­ri­to y yo res­pon­dí que ca­fé des­ca­fei­na­do y un pin­cho de tor­ti­lla. Me de­cían “¿un roc­ke­ro no desa­yu­na ca­ra­ji­llos?”. Pues no, la gen­te del rock desa­yu­na­mos lo que nos da la ga­na y vi­vi­mos co­mo nos da la ga­na. ¿Te­ne­mos es­te­reo­ti­pos? Sí, por ejem­plo si a mí me qui­tas las chu­pas de cue­ro, las ca­mi­se­tas de rock y los va­que­ros ya me has jo­di­do por­que no sé ves­tir de otro mo­do. Evi­den­te­men­te tam­bién te­ne­mos una ri­que­za humana, co­mo cual­quier otra per­so­na, muy a des­cu­brir y va­lo­rar.

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