JOR­DI SÁN­CHEZ

“Lle­vo 15 años ha­cién­do­me sel­fies con des­co­no­ci­dos”

Fotogramas - - CINEFILIA - por Àlex Mon­to­ya.

La do­ble per­so­na­li­dad de Jor­di Sán­chez le lle­va de la po­pu­la­ri­dad bru­tal que da la te­le­vi­sión a la pau­sa de la es­cri­tu­ra de tea­tro. Aho­ra es­tre­na ‘Se­ñor, da­me pa­cien­cia’. Ha­bla­mos con el ac­tor so­bre la fa­ma, so­bre dra­ma­tur­gia y so­bre co­me­dia.

Uno di­ría que Jor­di Sán­chez (Bar­ce­lo­na, 1964) vi­ve en una es­qui­zo­fre­nia per­ma­nen­te. Por un la­do, li­dia con una atro­na­do­ra po­pu­la­ri­dad te­le­vi­si­va (uno tam­bién di­ría que as­fi­xian­te... a los dos mi­nu­tos de sen­tar­nos, una pa­re­ja ya le ha pe­di­do un sel­fie) que le ace­cha des­de ha­ce ca­si dos dé­ca­das: pri­me­ro en Ca­ta­lun­ya, con el fe­nó­meno de Plats bruts; en los úl­ti­mos diez años, en la chi­fla­da co­mu­ni­dad de La que se

ave­ci­na. Por otro, si­gue con su más dis­cre­ta, aun­que pro­lí­fi­ca, ac­ti­vi­dad co­mo es­cri­tor. Jun­to a Pep An­ton Gó­mez ha fir­ma­do éxi­tos tea­tra­les co­mo El Eu­nu­co o Mi­tad y mi­tad. Y, an­tes, fue el au­tor de

Krám­pack o, con Joel Joan, de Ex­cu­sas.

En los úl­ti­mos dos años y me­dio, Sán­chez ha da­do un sal­to al ci­ne en con­di­cio­nes, tras bre­ves ex­pe­rien­cias co­mo

En la ciu­dad (C. Gay, 2003) o En fue­ra de

jue­go (D. Mar­qués, 2011). Ha ro­da­do pa­ra Ma­ria Ripoll Aho­ra o nun­ca (2015) y No cul­pes al kar­ma de lo que te pa­sa por gi­li­po­llas (2016), y era un tron­chan­te mos­so d’es­qua­dra en Cuer­po de éli­te (J. Ma­zón, 2016). Aho­ra es­tre­na Se­ñor, da­me pa­cien

cia, en la que da vi­da a un pa­dre de fa­mi­lia muy de de­re­chas, muy ma­dri­dis­ta y muy in­to­le­ran­te, que, por aza­res de la vi­da, com­par­te un via­je en fur­go­ne­ta con sus hi­jos y sus yer­nos: uno ne­gro, otro ca­ta­lán y un ter­ce­ro pe­rro­flau­ta. ¿Un per­so­na­je hi­jo, o her­mano, del An­to­nio Re­cio de LQSA? Res­pon­de Sán­chez: El de la se­rie es un per­so­na­je más ex­tre­mo, más his­trió­ni­co, un me­ga­fa­cha que con­cen­tra to­dos los pe­ca­dos ca­pi­ta­les, un sal­do. El de la pe­lí­cu­la es un ti­po in­tran­si­gen­te, sí, pe­ro que evo­lu­cio­na. Res­pon­den a có­di­gos dis­tin­tos. Y con­ti­núa, ha­blan­do del gan­cho que pue­de te­ner el film: Es una co­me­dia blan­ca, con la que el es­pec­ta­dor co­nec­ta fá­cil­men­te, por­que los per­so­na­jes y si­tua­cio­nes son muy re­co­no­ci­bles.

ARRIES­GAR Y GA­NAR

Pa­ra al­guien que es­cri­be y que ha vi­vi­do el éxi­to de dos se­ries, Plats bruts y LQSA, que ma­ne­jan la co­me­dia de mo­dos tan

dis­tin­tos, es sen­ci­llo re­co­no­cer que fal­ta ries­go en el gé­ne­ro. Se pue­de ha­blar de mu­chas co­sas tras­cen­den­tes a tra­vés de la co­me­dia, pe­ro es cier­to que ape­nas la hay de au­tor. Qui­zás Pa­co León y po­co más. Se in­ten­ta gus­tar a to­do el mun­do y no he­rir a na­die, se ha­bla de ni­chos de mer­ca­do... Pe­ro tam­bién de­bo de­cir que no tra­ba­jo en na­da que no me gus­te. Ten­go la in­men­sa suer­te de que, gra­cias a la se­rie, pue­do per­mi­tir­me ele­gir.

Re­cha­za la eti­que­ta de ac­tor cómico: Nun­ca di­go que lo soy, de he­cho, me en­can­ta el dra­ma, pe­ro su­pon­go que les cues­ta ver­me en uno... y me re­be­lo, por­que yo soy un ti­po muy se­rio (ri­sas). Me en­can­ta que los di­rec­to­res de cas­ting arries­guen. Sin ir más le­jos, ma­ña­na ten­go una prue­ba pa­ra un dra­ma. Pa­ra esas co­sas sí ha­go cas­tings, pa­ra las co­me­dias, no.

De mo­men­to, en sep­tiem­bre vol­ve­rá al hu­mor con Ba­jo el mis­mo te­cho, de Jua­na Ma­cías (Em­ba­ra­za­dos) y jun­to a Síl­via Abril. Quién se lo hu­bie­ra di­cho cuan­do,

con 40 años cum­pli­dos y con el pú­bli­co ca­ta­lán en el bol­si­llo, Sán­chez de­ci­dió dar el sal­to: Cuan­do me fui a Ma­drid me de­cían que es­ta­ba lo­co. Em­pe­zar de nue­vo, a mi edad, cuan­do aquí lo te­nía to­do. Pa­re­ce men­ti­ra, me he pa­sa­do la cri­sis tra­ba­jan­do y mí me ha lle­ga­do la po­pu­la­ri­dad cuan­do gran par­te de la pro­fe­sión se mo­ría de ham­bre.

Aquel jo­ven del ba­rrio de Hor­ta que iba pa­ra en­fer­me­ro cuan­do la vo­ca­ción le pu­do (ima­gí­na­te, mis pa­dres me aca­ba­ban de pa­gar la ca­rre­ra cuan­do em­pe­cé en es­to... es­ta­ban aco­jo­na­dos), tie­ne hoy dos hi­jos, un chi­co de 18 años y una ado­les­cen­te de 14. No pa­re­ce que va­yan a se­guir sus pa­sos: No les in­tere­sa na­da es­te mun­do. Al ma­yor, de he­cho, ca­si le mo­les­ta ir con­mi­go por la ca­lle; me pi­de que me pon­ga la go­rra (ri­sas), har­to de sa­car­me fotos con la gen­te... De nue­vo la po­pu­la­ri­dad, que ma­ne­ja

co­mo pue­de: Es com­pli­ca­da de ges­tio­nar. Al fi­nal, lle­vo 15 años ha­cién­do­me sel­fies con des­co­no­ci­dos. La gen­te te di­ce co­sas bue­nas, te fe­li­ci­tan, es ma­ra­vi­llo­so. Pe­ro si lo ha­cen cuan­do te prue­bas unos pan­ta­lo­nes en una tien­da o cuan­do co­mes en un res­tau­ran­te… su­fro más por quie­nes me acom­pa­ñan, yo lo lle­vo bien, va con el ofi­cio. La fa­ma que da la te­le es igual si eres ac­tor o si pre­sen­tas un te­le­dia­rio, si eres un ase­sino o si has atra­ca­do un fur­gón, co­mo aquel ti­po... ¿El Dio­ni? Ese aca­bó

ha­cien­do porno. Es­pe­ro no aca­bar igual. Hay que te­ner co­jo­nes, pa­ra ha­cer porno, eh... no de­be ser fá­cil.

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