Fo­to­ma­tón. Eva Llo­rach.

Im­pres­cin­di­ble de Car­los Ver­mut, es­ta actriz mur­cia­na de edad in­con­fe­sa­da que de­jó el ne­go­cio fa­mi­liar pa­ra po­ner en mar­cha su sue­ño re­pi­te con él en ‘Quién te can­ta­rá’, co­mo el ál­ter ego de Naj­wa Nim­ri. Una ver­da­de­ra re­ve­la­ción.

Fotogramas - - SUMARIO - Por So­nia Gui­ja­rro. QUIÉN TE CAN­TA­RÁ SE ES­TRE­NA EL 26 DE OC­TU­BRE

¿Cuán­do fue la pri­me­ra vez que pen­só en ser actriz?

La pri­me­ra vez que me pu­sie­ron una cá­ma­ra de­lan­te. El di­rec­tor (ama­teur) era mi pa­re­ja en­ton­ces y se em­pe­ñó en que lo hi­cie­ra. Me di­jo: tu no­vio aca­ba de mo­rir en un ac­ci­den­te de trá­fi­co, y mi cuer­po reac­cio­nó de una ma­ne­ra tal que lo sen­tí co­mo una re­ve­la­ción. A par­tir de ahí me en­gan­ché.

¿Y cuán­do lo con­si­guió?

En el ro­da­je de Dia­mond Flash. Fue in­ten­so y pen­sé:

Si he con­se­gui­do ha­cer es­te per­so­na­je con lo com­ple­jo que es, creo que soy actriz.

¿A quién ad­mi­ra­ba de pe­que­ña? A to­das las can­tan­tes ex­tra­va­gan­tes, a Ni­na Ha­gen y a The Clash. ¡Era una ‘pun­ka­rra’ de la vi­da!

¿A quién ad­mi­ra aho­ra?

A las per­so­nas que tra­ba­jan con las ma­nos, es­cul­to­res, pin­to­res, co­ci­ne­ros… a to­das las có­mi­cas de Sa­tur­day Night Li­ve, a Liv Ull­mann y el ca­rre­rón de Meryl Streep.

¿Qué ne­ce­si­ta?

El di­ne­ro jus­to pa­ra pa­gar el al­qui­ler y mu­cho, mu­cho amor de la gen­te a la que quie­ro.

¿Qué le so­bra?

Preo­cu­par­me de­ma­sia­do por las co­sas que es­tán por ve­nir.

Apren­dí mu­cho de…

He te­ni­do mu­chos maes­tros y no quie­ro men­cio­nar­los pa­ra no ol­vi­dar­me de na­die.

No me en­se­ñó na­da: To­do te en­se­ña al­go, y las ex­pe­rien­cias ho­rri­bles, que las he te­ni­do, aún más.

Lo me­jor (o peor) que apren­dí de una pa­re­ja: Lo me­jor no lo pue­do decir. Lo peor, que el amor se aca­ba. Pen­só en ti­rar la toa­lla… Ti­rar­la del to­do nun­ca, pe­ro cuan­do no he po­di­do pa­gar el al­qui­ler, sí he pen­sa­do quién me man­da­ría a mí.

Un acier­to: De­jar­lo to­do pa­ra ser actriz.

Un fa­llo: Es­te ab­sur­do afán per­fec­cio­nis­ta, que no sir­ve pa­ra na­da. Lo bo­ni­to del ar­te es su ma­ra­vi­llo­sa im­per­fec­ción.

Un ho­rror: No pue­do con la gen­te que cuan­do ha­ces una co­la no res­pe­ta tu es­pa­cio vi­tal.

Un es­trés: El pho­to­call.

Me gus­ta­ría ha­ber co­no­ci­do a: Da­vid Bo­wie.

¿Qué le de­be a las re­des so­cia­les? Es un mal ne­ce­sa­rio, y gra­cias a in­ter­net co­no­cí a Car­los Ver­mut.

Al­go ma­te­rial que siem­pre lle­ve con­si­go: Mis ani­llos. Sin ellos me sien­to des­nu­da.

Un de­fec­to: La an­sie­dad.

Un re­cuer­do im­bo­rra­ble: Las ca­ta­ra­tas del Niá­ga­ra. Me emo­cio­né vién­do­las el ve­rano pa­sa­do (me dio la lo­cu­ra y me fui a cui­dar ca­ba­llos a un ran­cho cer­ca de Bú­fa­lo). Me pu­se fren­te a ellas y pen­sé: Ha si­do du­ro pe­ro es­toy aquí gra­cias a mi tra­ba­jo co­mo actriz.

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