Sue­ños equi­nos: de pie y tum­ba­dos

Exis­te la creen­cia ge­ne­ra­li­za­da de que los ca­ba­llos duer­men er­gui­dos. Pe­ro no siem­pre es así.

Geo - - GEONOTICIAS -

Es una de esas pre­gun­tas so­bre las que no so­le­mos re­fle­xio­nar mu­cho. La res­pues­ta pa­re­ce cla­ra por­que ya se ha es­cu­cha­do tan­tas ve­ces, ya sea en bo­ca de la abue­la o de un ve­cino lis­ti­llo. Por eso pa­ra mu­chas per­so­nas es una pe­ro­gru­lla­da de­cir que los ca­ba­llos duer­men de pie. Pe­ro tam­bién es un error muy co­mún por­que no so­le­mos ver dor­mir a es­tos cua­drúpe­dos. Y por­que en nues­tra ima­gi­na­ción los ca­ba­llos son ani­ma­les erec­tos que tro­tan por el mun­do con or­gu­llo.

No obs­tan­te, ellos tam­bién duer­men tum­ba­dos. Y lo ha­cen de dos for­mas: du­ran­te el lla­ma­do sue­ño slow wa­ve, el ca­ba­llo do­bla las pa­tas de­ba­jo del vien­tre, y du­ran­te el sue­ño REM, más pro­fun­do, se tum­ba la­te­ral­men­te y ex­tien­de las cua­tro pa­tas. Al con­tra­rio del ser hu­mano, sin em­bar­go, los ca­ba­llos no duer­men to­da la no­che sin in­te­rrup­ción: se echan mu­chas sies­te­ci­tas cor­tas que re­par­ten a lo lar­go del día y, aun más, de la no­che.

Lo que los ca­ba­llos sa­ben ha­cer de ver­dad es dor­mi­tar de pie du­ran­te ho­ras, por­que al es­tar er­gui­dos gas­tan mu­cho me­nos energía que un ser hu­mano, y no se can­san tan rá­pi­da­men­te. Al dor­mi­tar así, el ani­mal per­ci­be to­do lo que ocu­rre al­re­de­dor de él, es de­cir, pue­de huir en ca­so de pe­li­gro.

Eche­mos una sies­ta... en es­te ca­so, tum­ba­dos.

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