"El gran pro­ble­ma de Is­rael no son los ára­bes, es la re­li­gión"

El es­cri­tor is­rae­lí, au­tor de un po­lé­mi­co li­bro so­bre la gue­rra de 1948, si­gue li­bran­do ba­ta­llas. Es­ta vez pa­ra lo­grar se­pa­rar la re­li­gión del Es­ta­do.

Geo - - GEOENTREVISTA - Ju­lián Due­ñas

En 1948, con tan so­lo 17 años de edad, Yo­ram Ka­niuk –por en­ton­ces un jo­ven bur­gués ajeno a la Shoah (ho­lo­caus­to)– se ve em­pu­ja­do a em­pu­ñar las ar­mas pa­ra de­fen­der el re­cién crea­do es­ta­do ju­dío. Ca­si 70 años des­pués, su vi­sión per­so­nal del con­flic­to arro­ja una mi­ra­da des­mi­ti­fi­ca­do­ra so­bre aquel mo­men­to his­tó­ri­co. En­vuel­to en po­lé­mi­ca, su li­bro de­nun­cia el re­la­to ofi­cial vi­gen­te has­ta aho­ra en Is­rael, un re­la­to ba­sa­do en el cul­to a la glo­ria y la mi­ti­fi­ca­ción de la gue­rra. Pe­ro lo ha­ce, afir­ma, sin dar lec­cio­nes de mo­ra­li­dad, sin ha­blar en nom­bre de na­die, sin cues­tio­nar lo que la gen­te creía. Des­de Tel Aviv, Ka­niuk con­tes­ta a las pre­gun­tas a tra­vés de email.

1948 ex­po­ne a sus ciu­da­da­nos a la par­te me­nos ama­ble de su psi­co­lo­gía co­mo pue­blo. ¿Por qué? ¿Con qué ob­je­to?

–No es la pri­me­ra vez que al­guien es­cri­be so­bre la gue­rra. Pe­ro es­te li­bro no tra­ta de la gue­rra, sino que ha si­do es­cri­to des­de den­tro de la gue­rra, des­de sus en­tra­ñas. En Is­rael de­sa­rro­lla­mos dos mi­tos so­bre la gue­rra que dio lu­gar a la fun­da­ción del Es­ta­do. Uno es que la gue­rra nos hi­zo su­pe­rio­res a la vi­da; el otro es que fue un plan sio­nis­ta el que nos per­mi­tió apro­piar­nos de un Es­ta­do ára­be con un ar­gu­men­to co­lo­nial. Am­bos mi­tos son erró­neos. En es­ta gue­rra no hu­bo pe­rio­dis­tas, hay pocos re­cuer­dos reales. To­do que­dó en ma­nos de los que creían y de los in­cré­du­los. Mu­chos his­to­ria­do­res es­cri­bie­ron acer­ca de la gue­rra, pe­ro se lo in­ven­ta­ron, ya que to­do pu­do ha­ber si­do de una for­ma o de la otra.

¿Pue­de en­ten­der­se en­ton­ces 1948 co­mo una jus­ti­fi­ca­ción, un ajus­te de cuen­tas con­si­go mis­mo y con Is­rael?

–Soy vie­jo, no his­to­ria­dor. Al li­bro le lle­vó mu­cho años sa­lir a la luz. Lo em­pe­cé des­pués de la gue­rra, cuan­do era ma­ri­ne­ro en un bar­co que trans­por­ta­ba a los su­per­vi­vien­tes del ho­lo­caus­to de los cam­pos de Ita­lia y Fran­cia. En­ton­ces aún pen­sa­ba en to­dos aque­llos ami­gos míos que ha­bían muer­to, mien­tras que yo se­guía vi­vo. El li­bro co­gió for­ma mu­cho des­pués. Pa­ra es­cri­bir­lo so­lo usé mi me­mo­ria, pe­ro al mis­mo tiem­po in­ten­ta­ba en­ten­der qué es la me­mo­ria. Fue un tre­men­do éxi­to, pe­ro mu­cha gen­te lo cri­ti­có. Al­gu­nos de mis ami­gos lo en­ten­die­ron bien, mien­tras que otros no lo con­si­de­ra­ron así. Los de iz­quier­das pen­sa­ron que iba con­tra la me­mo­ria co­lec­ti­va, que es­con­día de­ma­sia­do. Los de de­re­chas con­si­de­ra­ron que mi pos­tu­ra era de iz­quier­das. Pe­ro no ha­bía na­da de eso.

"Is­rael es un Es­ta­do de muer­tos, que se fun­dó pa­ra los muer­tos". ¿Po­dría acla­rar­me su afir­ma­ción?

–Is­rael se creó pa­ra dar un Es­ta­do a las víc­ti­mas del ho­lo­caus­to. Los ac­ti­vis­tas clan­des­ti­nos –el Pal­maj, don­de yo mi­li­té– in­ten-

"Fui de los pri­me­ros en su­ge­rir la fór­mu­la de los dos Es­ta­dos, uno is­rae­lí y otro pa­les­tino. La de­fen­dí du­ran­te años, pe­ro he per­di­do la es­pe­ran­za"

tá­ba­mos traer a los ju­díos que des­pués de la gue­rra mun­dial no te­nían dón­de ir. To­das las puer­tas del mun­do se les ha­bían ce­rra­do. Is­rael se con­vir­tió así en el ce­men­te­rio de los ju­díos. Sen­tía que ha­bía­mos lu­cha­do tan so­lo pa­ra ca­var se­pul­tu­ras pa­ra los muer­tos.

En su li­bro jue­ga con el re­la­ti­vis­mo, con el sig­ni­fi­ca­do epis­te­mo­ló­gi­co del con­cep­to me­mo­ria, con lo que es y no es ver­dad. ¿Es la ver­dad de la gue­rra de in­de­pen­den­cia o tan so­lo su ver­dad?

1948 –No sé cuá­les eran mis in­ten­cio­nes. Que­ría con­tar la his­to­ria de una gue­rra sin pis­to­las ni tan­ques, sin co­mi­da ni agua. Que­ría re­la­tar có­mo se lu­chó en­ton­ces, con­tar có­mo en­te­rrá­ba­mos a nues­tros ami­gos por la no­che, ex­pli­car si eso fue ¿va­lor?, ¿es­tu­pi­dez? ¿o la ne­ce­si­dad de ga­nar pa­ra evi­tar que nues­tras fa­mi­lias si­guie­ran mu­rien­do? Que­ría es­cri­bir so­bre el mo­do en que un jo­ven se pre­pa­ró pa­ra ser sol­da­do, lu­chó y sin­tió co­mo tal y es­tu­vo es­pe­ran­do su muer­te.

El in­di­vi­duo fren­te a la co­lec­ti­vi­dad. ¿Es es­ta la prin­ci­pal di­fe­ren­cia del Is­rael ac­tual y el que us­ted ayu­dó a na­cer?

–Sí, hoy en día no se pue­de en­con­trar armonía en la vi­da real. La gue­rra no tu­vo que ver con na­da de lo que co­no­cía­mos.

¿Cree que la re­li­gión ju­día se re­be­la con­tra los va­lo­res fun­da­cio­na­les de Is­rael?

–El sio­nis­mo tam­bién fue una re­be­lión con­tra el po­der de la re­li­gión. To­da­vía lo es. Nues­tro prin­ci­pal pro­ble­ma no es en­tre no­so­tros y los mu­sul­ma­nes, sino con aque­lla re­li­gión que im­pi­de que los ju­díos pue­dan to­mar par­te en la for­ma­ción de su Es­ta­do. Yo lu­ché por se­pa­rar la re­li­gión del Es­ta­do. Y soy el úni­co que lo lo­gró de­bi­do a un error del Es­ta­do.

De he­cho us­ted ha es­ta­do in­mer­so en una dispu­ta le­gal ba­sa­da, en la idea de que la iden­ti­dad is­rae­lí no se fun­da­men­ta en la re­li­gión, sino en la na­cio­na­li­dad. ¿Tan di­fí­cil re­sul­ta en­ten­der­lo?

gros­so mo­do, –Sí, de­bi­do a po­lí­ti­cas que se opo­nen a la de­mo­cra­cia.

Ha si­do de­fen­sor de la fór­mu­la de los dos Es­ta­dos. ¿Si­gue abo­gan­do por la crea­ción de un Es­ta­do pa­les­tino?

–Fui uno de los pri­me­ros que su­gi­rió la fór­mu­la de los dos Es­ta­dos. La de­fen­dí du­ran­te años, pe­ro he per­di­do la es­pe­ran­za. Creo que de­be­ría­mos bus­car una ma­ne­ra de vi­vir jun­tos en un so­lo Es­ta­do, del que me re­sul­ta­ría di­fí­cil for­mar par­te. Pe­ro la exis­ten­cia de dos Es­ta­dos no es po­si­ble. Los mu­sul­ma­nes nos odian y ter­mi­na­rán por des­truir­nos. Nun­ca nos acep­ta­rán. No­so­tros tam­po­co so­mos san­tos, he­mos co­me­ti­do erro­res. No veo có­mo Is­rael so­bre­vi­vi­rá al pro­ble­ma in­terno, al con­flic­to ára­be-is­rae­lí y a la es­pe­cie de odio que en­con­tra­mos en Eu­ro­pa, cuan­do ac­ti­vis­tas por la paz vie­nen a en­se­ñar­nos có­mo de­be­mos com­por­tar­nos mien­tras no pro­tes­tan an­te la ma­sa­cre en Si­ria.

YO­RAM KA­NIUK

(Tel Aviv, 1930), no­ve­lis­ta,

pin­tor y pe­rio­dis­ta, es uno de los es­cri­to­res más re­co­no­ci­dos de Is­rael. Lu­chó en la gue­rra ára­be-is­rae­lí de 1948.

Au­tor de nu­me­ro­sas obras de fic­ción, en­sa­yos y li­bros in­fan­ti­les, su obra ha si­do tra­du­ci­da

a más de 20 idio­mas.

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