DE LOS ELE­MEN­TOS

Las nu­me­ro­sas sus­tan­cias del mun­do pue­den or­de­nar­se se­gún un prin­ci­pio so­fis­ti­ca­do.

Geo - - RGUDB R I K -

Hay 94 ele­men­tos na­tu­ra­les y 20 crea­dos de for­ma ar­ti­fi­cial: sus­tan­cias que no pue­den des­com­po­ner­se quí­mi­ca­men­te. Ca­da uno de es­tos ele­men­tos tie­ne una ma­sa es­pe­cí­fi­ca y ca­rac­te­rís­ti­cas es­pe­cia­les. El helio, por ejem­plo, es un gas trans­pa­ren­te; el bro­mo, un lí­qui­do ma­rrón; el hie­rro, un me­tal. Dmi­tri Men­de­lé­yev des­cu­brió có­mo se pue­den or­de­nar los ele­men­tos de ma­ne­ra que las sus­tan­cias con ca­rac­te­rís­ti­cas se­me­jan­tes for­men gru­pos. Hoy, los quí­mi­cos de to­do el mun­do uti­li­zan un cua­dro ba­sa­do en los des­cu­bri­mien­tos del ru­so: la ta­bla pe­rió­di­ca. En ella, los ele­men­tos es­tán or­ga­ni­za­dos de for­ma as­cen­den­te se­gún los nú­me­ros ató­mi­cos (co­rres­pon­den al nú­me­ro de pro­to­nes en el nú­cleo ató­mi­co). El ele­men­to más li­ge­ro –hi­dró­geno (H; a la iz­quier­da arri­ba)– lle­va el nú­me­ro 1, el se­gun­do ele­men­to más li­ge­ro, el helio (He; a la de­re­cha arri­ba), el nú­me­ro 2, et­cé­te­ra. Los ele­men­tos es­tán or­de­na­dos, se­gún su ma­sa, en sie­te fi­las horizontales (“pe­rio­dos”), co­lo­ca­das unas en­ci­ma de otras (de“a”has­ta“g”). La pri­me­ra fi­la so­lo cons­ta de los dos ele­men­tos más li­ge­ros: hi­dró­geno y helio; la se­gun­da con­tie­ne los ele­men­tos si­guien­tes des­de li­tio (Li) has­ta neón (Ne). La fi­la in­fe­rior con­tie­ne los ele­men­tos más pe­sa­dos, en­tre los que es­tán to­das las sus­tan­cias que no exis­ten en la na­tu­ra­le­za (mar­co ro­jo). Fue- ron crea­das con apa­ra­tos de al­ta tec­no­lo­gía y son muy ines­ta­bles, al­gu­nas se des­com­po­nen en me­nos de un se­gun­do. En la ta­bla pe­rió­di­ca ocu­rre a ve­ces que ele­men­tos ve­ci­nos es­tán muy se­pa­ra­dos, co­mo en el ca­so de los ele­men­tos nú­me­ro 4 y 5, be­ri­lio (Be) y bo­ro (B). Pe­ro so­lo así se pue­den for­mar gru­pos (co­lum­nas verticales) de ele­men­tos con ca­rac­te­rís­ti­cas se­me­jan­tes. Por ejem­plo, los ga­ses no­bles (ama­ri­llo), muy rea­cios a reac­cio­nar con otras sus­tan­cias; los ha­ló­ge­nos (ro­jo), co­mo el flúor (F) o el clo­ro (Cl), que for­man nu­me­ro­sas sa­les; los me­ta­les de tran­si­ción (ver­de), que in­clu­yen ele­men­tos den­sos y re­sis­ten­tes al ca­lor–por ejem­plo, hie­rro (Fe), os­mio (Os) y zinc (Zn)–; o los blan­dos me­ta­les al­ca­li­nos (na­ran­ja), que reac­cio­nan enér­gi­ca­men­te al con­tac­to con el agua. El pa­ren­tes­co de las sus­tan­cias, se­gún des­cu­brió la cien­cia, no es ca­sual. Ele­men­tos de ca­rác­ter se­me­jan­te tie­nen áto­mos de es­truc­tu­ra se­me­jan­te. Así, la ta­bla pe­rió­di­ca re­ve­la el or­den na­tu­ral de las sus­tan­cias.

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