Ignacio Agustí, un es­cri­tor en el purgatorio

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Cien años des­pués de su na­ci­mien­to, y se­ten­ta des­de la pu­bli­ca­ción de su obra más ce­le­bra­da, Ma­rio­na Re­bull, Ignacio Agustí (1913-1974) aún si­gue pur­gan­do pe­nas. Pe­nas que se re­mon­tan a los años de la Gue­rra Ci­vil, cuan­do el no­ve­lis­ta, al­ma de la re­vis­ta Des­tino y qui­zás uno de los autores más des­co­no­ci­dos de la pri­me­ra mi­tad del si­glo XX, se alis­tó en el ban­do ven­ce­dor de la con­tien­da. Agustí, in­te­li­gen­te e in­tro­ver­ti­do, es­tu­dió De­re­cho en Bar­ce­lo­na. Sin vo­ca­ción por la abo­ga­cía, sus in­quie­tu­des li­te­ra­rias le lle­van a vol­car­se en la escritura. En 1932, ajeno a las preo­cu­pa­cio­nes po­lí­ti­cas del cam­bio de ré­gi­men, pu­bli­ca su pri­mer li­bro de poe­mas, El ve­ler. El en­tu­sias­mo que sus­ci­ta en los círcu­los culturales ca­ta­la­nes le abri­rá las puer­tas del se­ma­na­rio Mi­ra­dor y de La Veu de Ca­ta­lun­ya, dia­rio de la Lli­ga de Fran­cesc Cam­bó. Su pri­me­ra no­ve­la, Dia­go­nal, ve la luz en 1934. En 1935, has­tia­do de los ata­ques ha­cia su per­so­na, aban­do­na Mi­ra­dor, es­ce­ni­fi­can­do así su rup­tu­ra con un ca­ta­la­nis­mo sus­ten­ta­do en la en­vi­dia y el sec­ta­ris­mo. En 1937 se une a la re­vis­ta Des­tino. No vol­ve­rá a es­cri­bir en ca­ta­lán. En 1942 pu­bli­ca Los surcos, obra ex­pe­ri­men­tal don­de an­ti­ci­pa te­má­ti­ca y es­ti­lo. La in­qui­na que des­pier­ta Des­tino por su ca­rác­ter an­gló­fi­lo le lle­va a acep­tar la co­rres­pon­sa­lía de La Van­guar­dia en Zú­rich. Allí es­cri­be los pri­me­ros ca­pí­tu­los de Ma­rio­na Re­bull, su obra cum­bre, una te­tra­lo­gía pu­bli­ca­da en1944 con el tí­tu­lo La ce­ni­za fue ár­bol y cu­ya adap­ta­ción te­le­vi­si­va ( La sa­ga de los Rius) en 1976 se con­ver­ti­rá en una de las se­ries que más re­po­si­cio­nes ha co­no­ci­do.

Fo­to: Ar­chi­vo de la fa­mi­lia Agustí, cor­te­sía Editorial Des­tino

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