"Yo no lle­ga­ré a ver la paz en­tre is­rae­líes y pa­les­ti­nos"

La es­cri­to­ra Sha­ni Boian­jiu si­túa su ope­ra pri­ma den­tro del ejér­ci­to is­rae­lí, don­de tres ami­gas ha­cen el ser­vi­cio mi­li­tar obli­ga­to­rio: un te­ma con mu­chas aris­tas.

Geo - - GEOENTREVISTA - María Lui­sa Fuen­tes

Al ver­la lle­gar tan co­que­ta, con su me­le­na de pe­lu­que­ría y la ca­ra ma­qui­lla­da con es­me­ro (¡y con una ho­ra de re­tra­so!), na­die po­dría sos­pe­char que Sha­ni Boian­jiu ha si­do ins­truc­to­ra de ar­mas du­ran­te la “mi­li” obli­ga­to­ria en el es­tric­to ejér­ci­to is­rae­lí. No por eso de­ja de ser una chi­ca de 26 años preo­cu­pa­da por su ima­gen. El pa­sa­do mar­cial lo com­par­te con sus jó­ve­nes com­pa­trio­tas, que son re­clu­ta­das du­ran­te dos años al cum­plir los 18. Es el ca­so de Lea, Yael y Avis­hag, las pro­ta­go­nis­tas de su pri­me­ra no­ve­la – La gen­te co­mo no­so­tros no tie­ne mie­do–, ami­gas de ins­ti­tu­to que son lla­ma­das a fi­las.

En un per­fec­to in­glés ame­ri­cano de Har­vard –don­de es­tu­dió des­pués del ser­vi­cio mi­li­tar y don­de co­men­zó a es­cri­bir el li­bro–, res­pon­de con una se­gu­ri­dad arro­lla­do­ra, qui­zá –es­ta sí– im­pro­pia de su edad.

¿En cuál de las tres pro­ta­go­nis­tas ha ver­ti­do más sus pro­pias ex­pe­rien­cias?

–Mi li­bro no es au­to­bio­grá­fi­co. Es ver­dad que cre­cí en una po­bla­ción pró­xi­ma a la fron­te­ra li­ba­ne­sa, si­mi­lar a la de las tres chi­cas pe­ro su pue­blo no es el mío. Y es cier­to que, co­mo ellas, soy una jo­ven is­rae­lí que ha es­ta­do en el ejér­ci­to. Pe­ro en la no­ve­la tam­bién apa­re­cen per­so­na­jes no is­rae­líes: re­fu­gia­dos su­da­ne­ses, una mu­jer ucra­nia­na, víc­ti­ma de trá­fi­co de se­res hu­ma­nos, ni­ños de Lí­bano, pa­les­ti­nos, in­mi­gran­tes...

Días an­tes de in­gre­sar en el ejér­ci­to, Yael le con­fie­sa a su ma­dre que sien­te mu­cho mie­do. ¿Fue ese su ca­so? –No. Oja­lá hu­bie­ra te­ni­do no sé si más mie­do, pe­ro sí al me­nos más con­cien­cia. Soy la hi­ja ma­yor de mi fa­mi­lia y no lo pen­sé. Oja­lá hu­bie­ra pen­sa­do al me­nos tres se­gun­dos so­bre el fu­tu­ro, por­que lue­go fue du­ro pa­ra mí.

¿El ejér­ci­to mar­có un an­tes y un des­pués en su vi­da? –No sé có­mo con­tes­tar a eso. To­da­vía soy re­ser­vis­ta.

¿Por cuán­to tiem­po? –No sé. No me im­por­ta. Es di­ne­ro y el di­ne­ro es­tá bien.

¿Di­ne­ro? –Sí, vas allí y te pa­gan. No es mu­cho, el sa­la­rio mí­ni­mo.

Uno de sus per­so­na­jes di­ce: "Es el pu­to ejér­ci­to. Te jo­de la vi­da". Y otro: "Los in­su­mi­sos me­re­cen la pe­na de muer­te". ¿Se iden­ti­fi­ca con al­gu­na de es­tas afir­ma­cio­nes? – ¿Que a quién quie­ro ma­tar más? No, no creo en la pe­na de muer­te; en mi país no la hay. No

creo que los in­su­mi­sos la me­rez­can, ni na­die, ni si­quie­ra los ase­si­nos.La in­su­mi­sion me pa­re­ce mal, es una in­jus­ti­cia mo­ral y no la res­pe­to, pues si tú no lo ha­ces, otro ten­drá que ha­cer­lo por ti. Y que el ejér­ci­to te jo­de la vi­da, sí, tam­bién.

La no­ve­la ofre­ce imá­ge­nes oní­ri­cas, ca­si su­rrea­lis­tas, y lue­go, epi­so­dios de vio­len­cia... –¿Vio­len­cia? Vio­len­cia es lo que ocu­rre aho­ra en Si­ria.

¿Vi­vió us­ted si­tua­cio­nes se­me­jan­tes a las del li­bro?

–El li­bro no es au­to­bio­grá­fi­co. Si es su­rrea­lis­ta o rea­lis­ta no me co­rres­pon­de a mí de­cir­lo. En unos paí­ses me di­cen que es de­ma­sia­do rea­lis­ta, en otros, lo con­tra­rio... El pe­núl­ti­mo ca­pí­tu­lo, que ha si­do "ta­cha­do" de muy su­rrea­lis­ta, lo es­cri­bí en 2010, y an­ti­ci­pa­ba la gue­rra en Si­ria, con 6.000 muer­tes y vio­la­cio­nes a mu­je­res den­tro del ejér­ci­to. Hoy, en 2013, ¡mi­ren el nú­me­ro de víc­ti­mas en Si­ria! ¡Mi­ren los ca­sos de vio­len­cia se­xual en los ejér­ci­tos de Aus­tra­lia y Es­ta­dos Uni­dos! ¿Rea­lis­mo o su­rrea­lis­mo?

¿Cree que es un pa­so ha­cia la igual­dad que las mu­je­res par­ti­ci­pen en el ejér­ci­to? –El se­xis­mo no ha muer­to en Is­rael. Que ten­ga­mos mu­je­res en el ejér­ci­to no sig­ni­fi­ca na­da. Y no es so­lo cues­tión de se­xis­mo. ¿Quié­nes son nues­tros es­cri­to­res famosos? Amos Oz, Da­vid Gross­man, Abraham B. Yehos­húa, Sha­mi Mi­jael, Et­gar Ka­ret, Sa­yed Kas­hua...Y la lista si­gue, si­gue y si­gue... y se re­mon­ta has­ta 1948. En los pe­rió­di­cos co­mo Haa­retz y en mu­chas emi­so­ras de ra­dio, so­lo sa­len chi­cas y chi­cos "gua­pos" de Je­ru­sa­lén y Tel Aviv, is­rae­líes de tres ge­ne­ra­cio­nes pro­ce­den­tes de Eu­ro­pa. No ves a is­rae­líes etío­pes, ni ára­bes, ni del nor­te de Áfri­ca, be­dui­nos u or­to­do­xos... Son el 70% de la po­bla­ción del país, pe­ro no sa­len. So­lo se ve a los de la ter­ce­ra ge­ne­ra­ción des­de el ho­lo­caus­to ("no­so­tros cons­trui­mos es­te país..."), o de los ki­butz, lu­ga­res pri­vi­le­gia­dos. ¿Qué pa­sa con la chi­ca etío- pe que ha cre­ci­do en un pue­blo cer­ca de Ga­za o la jo­ven lle­ga­da de Ru­sia y cria­da en la fron­te­ra li­ba­ne­sa cer­ca de Si­ria? ¿Qué pue­de es­pe­rar? Un is­rae­lí de 40 años, de se­gun­da o ter­ce­ra ge­ne­ra­ción, que vi­ve en Tel Aviv o en un ki­butz, o qui­zá, un na­ti­vo is­rae­lí se­far­dí, cu­ya fa­mi­lia lle­gó de Es­pa­ña, y que él sí es­cri­be her­mo­sas poe­sías so­bre su le­ga­do... ¿Pe­ro yo o una ju­día si­ria? ¿Yo o una ju­día ucra­nia­na o etío­pe o is­rae­lí ára­be cris­tia­na? ¿Una mu­jer jo­ven? ¿Qué nos es­pe­ra? Te­ner ocho hi­jos, lu­char y co­ger la ame­tra­lla­do­ra, mien­tras él es­cri­be sus ver­sos, pin­ta o to­ca el vio­lín. Es tan có­mi­co que po­drías llo­rar.

¿Qué opi­na del con­flic­to pa­les­tino-ís­rae­lí? ¿Es­tá a fa­vor de la crea­ción de dos Es­ta­dos?

ROS­TROS CA­MU­FLA­DOS El ba­ta­llón Ca­ra­cal es el úni­co de in­fan­te­ría don­de con­vi­ven hom­bres y mu­je­res. Las jó­ve­nes que al cum­plir 18 años in­gre­san en es­ta uni­dad pa­ra ha­cer el ser­vi­cio mi­li­tar de­ben per­ma­ne­cer tres años, uno más de los dos obli­ga­to­rios en cual­quier otra uni­dad de las fuer­zas ar­ma­das is­rae­líes.

"¿Qué le es­pe­ra a una jo­ven is­rae­lí ucra­nia­na, etío­pe o del nor­te de Áfri­ca? Te­ner ocho hi­jos y co­ger la ame­tra­lla­do­ra, mien­tras su ma­ri­do es­cri­be o pin­ta"

–Sí, des­de que te­nía cin­co años. O des­de que pu­de en­ten­der la no­ción de Es­ta­do. Dos Es­ta­dos pa­ra dos pue­blos.

¿Cree que se lo­gra­rá la paz en al­gún mo­men­to? –No, al me­nos yo no la ve­ré. Y no se­rá por fal­ta de vo­lun­tad de los is­rae­líes y los pa­les­ti­nos. Pa­ra que se con­si­ga la paz, se ne­ce­si­ta­rían can­ti­da­des in­gen­tes de di­ne­ro y que du­ran­te dé­ca­das hu­bie­ra fuer­zas de paz que la man­tu­vie­ran. So­lo en los Al­tos del Go­lán hay un mi­llón de mi­nas an­ti­per­so­na... No cul­po a na­die y lo en­tien­do, pe­ro tal y co­mo es­tá el mun­do hoy no creo que nin­gún país es­té in­tere­sa­do en pro­por­cio­nar todo es­to o pue­da es­tar­lo du­ran­te mu­cho tiem­po.

SHA­NI SHA­NI BOIAN­JIU BOIAN­JIU (Je­ru­sa­lén, 1987) cre­ció en una pe­que­ña ciu­dad de la fron­te­ra con Lí­bano. En 2012 se con­vir­tió en la es­cri­to­ra más jo­ven ga­lar­do­na­da con el premio "5 un­der 35", que con­ce­de la Na­tio­nal Book Foun­da­tion de EE UU.

ELLASTOMAN

LAS AR­MAS Apren­der a

dis­pa­rar y ca­mu­flar­se son ob­je­ti­vos de las

jó­ve­nes que in­gre­san en el ba­ta­llón Ca­ra­cal, que ac­túa jun­to a

la fron­te­ra de Is­rael con Egip­to y en los bor­des del de­sier­to del Ne­guev.

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