LA ÓR­BI­TA DE LOS ELEC­TRO­NES

Geo - - DESDE EL BIG BANG -

Co­mo el es­pa­cio se ex­pan­de y se en­fría cons­tan­te­men­te, las par­tí­cu­las pier­den ener­gía y re­vo­lo­tean a ve­lo­ci­da­des ca­da vez más len­tas. Los elec­tro­nes, de car­ga ne­ga­ti­va (1), co­mien­zan a gi­rar en torno a pro­to­nes (nú­cleos ató­mi­cos de hi­dró­geno), de car­ga po­si­ti­va (2). Otros gi­ran al­re­de­dor de nú­cleos de he­lio (3). Pe­ro los elec­tro­nes son sa­ca­dos una y otra vez de sus ór­bi­tas, al co­li­sio­nar con fo­to­nes (4), pier­den el con­tac­to con los nú­cleos ató­mi­cos y vuel­ven a vo­lar li­bre­men­te. Las par­tí­cu­las de luz, a su vez, cam­bian de rum­bo de­bi­do a es­tos cho­ques, se­me­jan­tes a la re­frac­ción de la luz so­lar en las di­mi­nu­tas go­tas de agua de una nie­bla. Por eso, el es­pa­cio se pa­re­ce a un ca­lien­te mun­do de nie­bla.

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