"Los fa­bu­la­do­res siem­pre nos han fas­ci­na­do"

En el es­cri­tor Javier Cer­cas ex­plo­ra el es­cu­rri­di­zo mun­do de la men­ti­ra y la ver­dad, de la au­ten­ti­ci­dad y la im­pos­tu­ra, de la fic­ción y la reali­dad.

Geo - - GEOENTREVISTA -

Javier Cer­cas lo ha vuel­to a ha­cer. Con per­mi­so o sin él, el es­cri­tor ex­tre­me­ño vuel­ve a las an­da­das y pal­pa las os­cu­ras pro­fun­di­da­des del ser hu­mano. En­ric Mar­co –el im­pos­tor que se hi­zo pa­sar por su­per­vi­vien­te de los cam­pos na­zis y que fue des­en­mas­ca­ra­do en 2005– le sir­ve de ex­cu­sa. Su ca­so es el pre­tex­to pa­ra ahon­dar en los di­fu­sos már­ge­nes que se­pa­ran la men­ti­ra de la ver­dad, la au­ten­ti­ci­dad de la im­pos­tu­ra, la fic­ción de la reali­dad. Y de pa­so po­ner pa­tas arri­ba el gé­ne­ro no­ve­les­co y plan­tear el de­ba­te so­bre si com­pren­der es jus­ti­fi­car.

Su li­bro no es cró­ni­ca, tam­po­co en­sa­yo, ni tan si­quie­ra no­ve­la. Pa­re­ce un hí­bri­do ex­tra­ño, un cru­ce de gé­ne­ros. ¿Qué es exac­ta­men­te?

–Una no­ve­la que es tam­bién una cró­ni­ca y un en­sa­yo y un li­bro de his­to­ria y una bio­gra­fía y al­gu­nas co­sas más. Como us­ted bien di­ce, es un hí­bri­do de gé­ne­ros, pe­ro es que yo creo que esa hi­bri­da­ción es­tá en la esen­cia de la no­ve­la; así la con­ci­bió Cer­van­tes: como un gé­ne­ro de gé­ne­ros. Lo que pa­sa es que se nos ha ol­vi­da­do. Yo me de­di­co a re­cor­dar­lo y, mo­des­ta­men­te, a tra­tar de re­no­var así el gé­ne­ro.

Us­ted de­fi­ne como "no­ve­la sin fic­ción". ¿Po­dría ex­pli­car­me qué es eso?

–¿Y quién ha di­cho que la no­ve­la de­ba ser una fic­ción? Y, si al­guien lo ha di­cho –en reali­dad lo han di­cho mu­chos–, yo me lo sal­to. Con la no­ve­la pue­des ha­cer lo que quie­ras, mien­tras es­té bien he­cho; esa es otra co­sa que nos re­ga­ló Cer­van­tes: un gé­ne­ro li­bé­rri­mo, in­fi­ni­ta­men­te ma­lea­ble. Por lo de­más, y como su nom­bre in­di­ca, una no­ve­la sin fic­ción es una no­ve­la en la que to­do lo que se cuen­ta ha ocu­rri­do, na­da ha si­do in­ven­ta­do.

Sin em­bar­go, us­ted mis­mo lo di­ce: un so­lo dato fic­ti­cio con­vier­te un re­la­to real en fic­ción. En su li­bro hay con­je­tu­ra e in­clu­so diá­lo­go fic­ti­cio. ¿No rom­pe es­to el pac­to de

ve­ra­ci­dad con

el lec­tor?

–Ob­via­men­te no, por­que yo ad­vier­to al lec­tor so­bre lo que es fic­ti­cio y so­bre lo que es con­je­tu­ra, y por lo tan­to el lec­tor siem­pre sa­be a qué ate­ner­se.

¿Pue­de de­cir­se hoy que la fic­ción sus­ti­tu­ye a la reali­dad?

–No: la fic­ción es la fic­ción y la reali­dad es la reali­dad, como siem­pre. Pe­ro hay gen­te que, de ma­ne­ra vo­lun­ta­ria o in­vo­lun­ta­ria, mez­cla una y otra; eso tam­bién ha ocu­rri­do siem­pre. De

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