ÓR­DE­NES DI­REC­TAS DEL

"Hitler sub­es­ti­mó la velocidad de res­pues­ta de los alia­dos. Tam­bién la ca­pa­ci­dad de los ame­ri­ca­nos, que des­pla­za­ron 90.000 sol­da­dos en un día"

Geo - - GEOENTREVISTA - Ju­lián Due­ñas

men­te ven­ci­do. Hu­bo un fa­llo en los ser­vi­cios de in­te­li­gen­cia. Des­cu­brí en los ar­chi­vos bri­tá­ni­cos que in­clu­so los ge­ne­ra­les ale­ma­nes re­te­ni­dos en los cam­pos de pri­sio­ne­ros bri­tá­ni­cos co­no­cían el ata­que. Has­ta ese da­to, que fue en­via­do al cuar­tel ge­ne­ral de Ei­sen­ho­wer en Ver­sa­lles, fue ig­no­ra­do al con­si­de­rar­se una fan­ta­sía de los ale­ma­nes.

¿Se ha­bría pro­du­ci­do el avan­ce ale­mán con Mont­go­mery al man­do?

–Mont­go­mery nun­ca ha­bría es­ta­do al man­do. El pro­ble­ma era pu­ra­men­te geo­grá­fi­co. Mont­go­mery te­nía que ce­der el man­do a Brad­ley. Por eso pre­go­nó que es­te ha­bía fra­ca­sa­do en las Ar­de­nas. Se vol­vió in­clu­so más pa­ra­noi­co en ese mo­men­to.

¿Cons­pi­ró Chur­chill pa- ra que Mont­go­mery fue­se nom­bra­do co­man­dan­te en je­fe del fren­te oc­ci­den­tal?

–Fue la prensa bri­tá­ni­ca, que ha­bía con­ver­ti­do a Mont­go­mery en un hé­roe, la que co­men­zó a re­cla­mar ese pues­to pa­ra él. Es­to en­fu­re­ció mu­chí­si­mo a los ame­ri­ca­nos, que con­si­de­ra­ban a los bri­tá­ni­cos un so­cio ju­nior, ya que eran ellos los que es­ta­ban pro­por­cio­nan­do el grue­so de las tro­pas, los equi­pos, los tan­ques y, por su­pues­to, el com­bus­ti­ble. No ha­bía por tan­to for­ma de que los ame­ri­ca­nos acep­ta­sen un co­man­dan­te bri­tá­ni­co.

¿Fue­ron las Ar­de­nas un pun­to de in­fle­xión en el fu­tu­ro po­lí­ti­co de los bri­tá­ni­cos?

–Fue su de­rro­ta po­lí­ti­ca. Los ame­ri­ca­nos es­ta­ban muy en­fa­da­dos con el com­por­ta­mien­to

Great Blow, de Mont­go­mery y sus de­cla­ra­cio­nes. Tras las Ar­de­nas Gran Bretaña per­dió to­da su in­fluen­cia en los con­se­jos alia­dos du­ran­te la gue­rra y más allá.

¿Cuál fue el ma­yor error de am­bos ban­dos en la ba­ta­lla?

–Des­de el la­do alia­do, el ma­yor error fue sin du­da el de sus ser­vi­cios de in­te­li­gen­cia. Del la­do ale­mán, el plan de Hitler, ya que sub­es­ti­mó por com­ple­to la velocidad a la que los alia­dos po­dían res­pon­der. Tam­bién sub­es­ti­mó la ca­pa­ci­dad de los ame­ri­ca­nos, que fue­ron ca­pa­ces de des­pla­zar has­ta 90.000 efec­ti­vos en tan so­lo 24 ho­ras. Nin­gún ejér­ci­to del mun­do era ca­paz de eso.

¿Por qué el aten­ta­do con­tra Hitler re­for­zó el po­der na­zi en Ale­ma­nia?

–Hitler creía que el des­tino es­ta- ba con él por­que ha­bía so­bre­vi­vi­do mi­la­gro­sa­men­te al aten­ta­do. La ma­yo­ría de los na­zis tam­bién lo cre­ye­ron así. Des­de ese mo­men­to el po­der del par­ti­do na­zi se in­cre­men­tó. Hitler se con­vir­tió en co­man­dan­te de to­das las tro­pas den­tro de Ale­ma­nia, in­clui­das las SS. La eje­cu­ción de los cons­pi­ra­do­res fue bru­tal, lo que ate­rro­ri­zó a los ge­ne­ra­les ale­ma­nes. Com­pren­die­ron en­ton­ces que no so­lo ellos es­ta­ban en pe­li­gro, sino tam­bién sus fa­mi­lias.

¿Fue­ron las Ar­de­nas de­ci­si­vas pa­ra el fin de la gue­rra?

–Fue cier­ta­men­te la ma­yor con­tri­bu­ción a la des­truc­ción de la Wehr­macht. Al­go que por su­pues­to los his­to­ria­do­res ru­sos nun­ca re­co­no­ce­rán.

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