"Egip­to no es Si­ria. Ca­da país ára­be es di­fe­ren­te"

No­bles bri­tá­ni­cos y sir­vien­tes egip­cios pro­ta­go­ni­zan una no­ve­la co­ral, es­pe­jo de la so­cie­dad cai­ro­ta de los años cua­ren­ta.

Geo - - GEOENTREVISTA -

Alaa al-As­wa­ni di­ce amar a sus per­so­na­jes. Y se no­ta. En su úl­ti­mo li­bro – El Au­to­mó­vil Club de Egip­to–, de­rro­cha hu­ma­ni­dad y afec­to con los in­nu­me­ra­bles pro­ta­go­nis­tas que ha­bi­tan sus pá­gi­nas: sir­vien­tes, ca­ma­re­ros, aris­tó­cra­tas, pa­dres, hi­jas, her­ma­nos, ve­ci­nas... En­tre to­dos com­po­nen un fres­co de la so­cie­dad cai­ro­ta pre­via a la re­vo­lu­ción de 1952, con el des­po­tis­mo de una mi­no­ría im­po­nién­do­se so­bre la ate­mo­ri­za­da ma­yo­ría, una si­tua­ción no tan ale­ja­da de la ac­tual, se­gún el pro­pio es­cri­tor.

¿Es el Egip­to de hoy muy di­fe­ren­te al de en­ton­ces?

–Egip­to ha cam­bia­do mu­cho pe­ro los egip­cios si­guen su­frien­do. La so­cie­dad ac­tual es más ce­rra­da que la de los años cua­ren­ta; en­ton­ces era más cos­mo­po­li­ta, to­do el mun­do era acep­ta­do. Aho­ra te­ne­mos un pro­ble­ma, el is­lam po­lí­ti­co, que no exis­tía en­ton­ces por­que no ha­bía pe­tró­leo. El pe­tró­leo es lo que man­tie­ne al is­lam po­lí­ti­co, sos­te­ni­do por los reinos del gol­fo Pér­si­co. En es­tos paí­ses, sin ex­cep­ción, hay una alian­za en­tre las fa­mi­lias reales y los waha­bíes. Des­pués de la gue­rra de 1973, el pre­cio del pe­tró­leo se mul­ti­pli­có y dio una fuer­za in­creí­ble a los re­gí­me­nes del gol­fo. Han gas­ta­do mi­llo­nes de dó­la­res en pro­mo­cio­nar el waha­bis­mo, in­clu­so aquí en Eu­ro­pa. La ma­yo­ría de las mez­qui­tas son man­te­ni­das por aso­cia­cio­nes waha­bíes. Es­to no exis­tía en los cua­ren­ta, por­que se­guía­mos la in­ter­pre­ta­ción egip­cia del is­lam, muy to­le­ran­te y abier­ta. Lo cier­to y des­gra­cia­do es que los egip­cios si­guen su­frien­do ca­si por las mis­mas ra­zo­nes. Nos he­mos li­bra­do del co­lo­nia­lis­mo bri­tá­ni­co pa­ra caer en las dic­ta­du­ras egip­cias.

En 2011, mien­tras us­ted es­cri­bía es­ta no­ve­la, es­ta­lló la pri­ma­ve­ra egip­cia, que le sir­vió de ins­pi­ra­ción pa­ra su li­bro. Cuén­te­nos...

–Co­men­cé la no­ve­la en oc­tu­bre de 2008 y pa­ré en­tre 2011-2012. Du­ran­te ese año y me­dio es­tu­ve en la ca­lle ha­cien­do la re­vo­lu­ción, lo cual fue muy útil pa­ra la no­ve­la. Te­nía que des­cri­bir la re­vo­lu­ción de los sir­vien­tes del Au­to­mó­vil Club, y yo es­ta­ba vi­vien­do una re­vo­lu­ción real. Cuan­do vol­ví a es­cri­bir, no ne­ce­si­ta­ba ima­gi­nar, so­lo re­cor­dar. Los cri­ti­cos de la no­ve­la en otras len­guas (ya ha si­do tra­du­ci­da a 35) di­cen que, a pe­sar de es­tar si­tua­da en los cua­ren­ta, es

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