Cuan­ta más na­tu­ra­le­za ro­dea a los ni­ños, más receptivos y cu­rio­sos se mues­tran.

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la vi­vien­da de los ni­ños, así como las can­ti­da­des de ga­ses de es­ca­pe me­di­das en las es­cue­las. Los cien­tí­fi­cos re­la­cio­na­ron am­bos da­tos con los re­sul­ta­dos que los alum­nos de se­gun­do, ter­ce­ro y cuar­to ha­bían al­can­za­do en los exá­me­nes.

¿Y cuál es el re­sul­ta­do? En pro­me­dio, el ren­di­mien­to de todos los ni­ños au­men­tó un 20% a lo lar­go del es­tu­dio. Pe­ro cuan­to más es­pa­cios ver­des ha­bía al­re­de­dor de una es­cue­la de­ter­mi­na­da, tan­to más au­men­ta­ban la me­mo­ria y el in­ter­va­lo de aten­ción de los ni­ños. Sin em­bar­go, los cien­tí­fi­cos no en­con­tra­ron una co­rre­la­ción con la vi­vien­da de los alum­nos de pri­ma­ria. El me­nor au­men­to del ren­di­mien­to fue de­tec­ta­do en los ni­ños es­tu­dian­tes de las es­cue­las don­de se ha­bían me­di­do las ma­yo­res can­ti­da­des de ga­ses de es­ca­pe.

Es aquí don­de los cien­tí­fi­cos de CREAL ven una de las cau­sas más im­por­tan­tes del efec­to de los es­pa­cios ver­des. Ade­más –di­cen–, es­tos en­cla­ves de na­tu­ra­le­za al­re­de­dor de la es­cue­la pue­den re­du­cir la con­ta­mi­na­ción acús­ti­ca en las cla­ses y ani­mar a los ni­ños a mo­ver­se más du­ran­te el re­creo.

Tan­to el es­fuer­zo fí­si­co como el con­tac­to con dis­tin­tos mi­croor­ga­nis­mos au­men­ta el bie­nes­tar y, en úl­ti­ma ins­tan­cia, el ren­di­mien­to men­tal de los ni­ños, se­gún asu­men los in­ves­ti­ga­do­res.

De es­ta ma­ne­ra, el es­tu­dio rea­li­za­do en Bar­ce­lo­na con­fir­ma los re­sul­ta­dos de otros es­tu­dios mé­di­cos que igual­men­te en­con­tra­ron una co­rre­la­ción en­tre la ca­li­dad del ai­re y la me­jo­ra del ren­di­mien­to de los alum­nos. En re­su­mi­das cuen­tas, se pue­de con­cluir: el ver­dor te ha­ce lis­to.

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