Scott East­wood. El hi­jo mo­de­lo

El ac­tor de­mues­tra su pa­sión por la ve­lo­ci­dad y la aven­tu­ra en una nue­va en­tre­ga de Fast & Fu­rious.

Glamour (Spain) - - Contents - Tex­to: Ma­ría Estévez

Tie­ne el ape­lli­do, los ge­nes y los ojos azu­les de su fa­mo­so pro­ge­ni­tor. Y aun­que a Scott no le im­por­ta na­da que le com­pa­ren con esa le­yen­da del ci­ne que era y es Clint East­wood, es­ta­mos aquí pa­ra ha­blar de su nue­vo tra­ba­jo, Fast &

Fu­rious 8, la nue­va en­tre­ga de la exi­to­sa fran­qui­cia en la que tra­ba­jó uno de sus me­jo­res ami­gos, Paul Wal­ker, fa­lle­ci­do en un ac­ci­den­te de co­che en 2013. Po­co, o ca­si na­da, nos pue­de re­ve­lar de su pa­pel, un se­cre­to que hue­le a ga­so­li­na, a co­ches de épo­ca, a clá­si­co de ca­rre­ras. Lo que sí nos cuen­ta es su pa­sión por la aven­tu­ra, por in­ter­pre­tar y por vi­vir a to­pe. GLAMOUR: ¿Có­mo sur­gió la opor­tu­ni­dad de for­mar par­te del elen­co de Fast & Fu­rious 8? SCOTT: Mi agen­te me lla­mó y me di­jo que los pro­duc­to­res es­ta­ban in­tere­sa­dos en que yo par­ti­ci­pa­ra en

“VI­VO A MI AI­RE, LE­JOS DE HOLLY­WOOD”

es­ta pe­lí­cu­la por­que es­ta­ban crean­do un per­so­na­je nue­vo. Al prin­ci­pio fue muy emo­ti­vo pa­ra mí, por­que Paul era uno de mis ami­gos más cer­ca­nos y, co­mo ellos, co­mo el equi­po de la pe­lí­cu­la, me sen­tía per­di­do sin él.

GLAMOUR: ¿Tie­nes al­gu­na anéc­do­ta con él que pue­das com­par­tir con no­so­tras?

SCOTT: ¡Mu­chí­si­mas! Paul me dio el me­jor con­se­jo del mun­do, era pa­ra mí co­mo mi her­mano ma­yor. Re­cuer­do cuan­do yo te­nía 20 años y es­ta­ba pa­sán­do­lo mal por­que aca­ba­ba de rom­per con una no­via, me di­jo que no es­cu­cha­se a na­die y que nun­ca per­mi­tie­se que na­die me die­se un con­se­jo en mis re­la­cio­nes. Ja­más ol­vi­da­ré sus pa­la­bras, ten­go cien­tos de his­to­rias, de mo­men­tos vi­vi­dos con Paul que fue­ron inol­vi­da­bles. GLAMOUR: Pa­re­ce que le tie­nes muy pre­sen­te... SCOTT: Vi­ve con­mi­go, oi­go su voz cuan­do ha­go al­go que es es­tú­pi­do o cuan­do sien­to que me he equi­vo­ca­do. Aho­ra que ten­go 31 años, me en­cuen­tro re­pi­tien­do sus con­se­jos a mis ami­gos ac­to­res que son más jó­ve­nes que yo. Es sen­sa­cio­nal, cuan­do al­go así ocu­rre me da la ri­sa pen­san­do en Paul, por­que sé que es­tá cui­dán­do­nos des­de el cie­lo a to­dos no­so­tros. GLAMOUR: ¿Qué otros in­tere­ses, ade­más del tra­ba­jo, per­si­gues en la vi­da? SCOTT: Me en­can­ta la avia­ción, soy pi­lo­to de he­li­cóp­te­ros. Tam­bién, co­mo Paul, soy prac­ti­can­te de jiu-jit­su, me gus­ta sur­fear, pes­car, via­jar, vi­vir al ai­re li­bre, ir­me de ex­cur­sión a Yo­se­mi­te, acam­par. Di­ga­mos que me gus­ta vi­vir aven­tu­ras. Aho­ra mis­mo es­toy en Aus­tra­lia ro­dan­do una pe­lí­cu­la du­ran­te unos me­ses y he via­ja­do a lo lar­go de la cos­ta dur­mien­do en pla­yas, pes­can­do, bu­cean­do, sur­fean­do. GLAMOUR: ¿Te cues­ta pa­sar seis me­ses fue­ra de ca­sa ro­dan­do? ¿No hay na­die es­pe­rán­do­te a la

vuel­ta, una no­via, un ro­man­ce...?

SCOTT: De­pen­de, pa­ra mí es di­fí­cil pa­sar tan­to tiem­po le­jos de mi fa­mi­lia, de mi pa­re­ja, de la gen­te que es­tá en tu vi­da. En es­te ca­so, ha si­do más fá­cil por­que me ha to­ca­do via­jar a Aus­tra­lia en mi­tad del ve­rano y es un país be­llí­si­mo. Vi­ví allí un año cuan­do te­nía vein­te y re­gre­sar aho­ra, con un tra­ba­jo y sien­do adul­to, es al­go in­creí­ble. Lo que más me cues­ta es es­tar le­jos de mi pa­dre de 86 años, a quien quie­ro dis­fru­tar al má­xi­mo mien­tras pue­da. GLAMOUR: ¿Qué con­se­jos te ha da­do tu pa­dre pa­ra triun­far co­mo ac­tor? SCOTT: Que tra­ba­je du­ro y sea hu­mil­de por­que un día pue­des triun­far y al día si­guien­te, per­der­lo to­do. GLAMOUR: ¿Sien­tes pre­sión por ser hi­jo de al­guien tan im­por­tan­te en Holly­wood?

SCOTT: A la gen­te se le ol­vi­da que hay mu­chos ac­to­res que son hi­jos de otros ac­to­res, no es tan ra­ro. Exis­te una fas­ci­na­ción es­pe­cial con mi pa­dre que real­men­te me sor­pren­de. Lle­vo oyen­do esa pre­gun­ta des­de ha­ce do­ce años. Pe­ro, co­mo di­ría él, es ri­dícu­lo. Ca­da uno cons­tru­ye su pro­pia ca­rre­ra, yo he cre­ci­do en es­te ne­go­cio y es­pe­ro se­guir en él. Mien­tras sea fe­liz con lo que ha­go, el res­to no im­por­ta y el día que no sea fe­liz, lo de­jo y ha­go otra co­sa. GLAMOUR: De­be ser di­fí­cil vi­vir en Holly­wood sin se­guir sus re­glas.

SCOTT: A mí me va muy bien, no si­go nin­gu­na de sus re­glas. Vi­vo en San Die­go a mi ai­re y no ten­go mie­do a de­cir no cuan­do a mu­cha gen­te en es­te ne­go­cio sí le ocu­rre. Creo que es im­por­tan­te co­no­cer los lí­mi­tes de ca­da uno y ha­cer lo que uno quie­re. GLAMOUR: ¿Te gus­ta­ría di­ri­gir en un fu­tu­ro? SCOTT: No lo des­car­to.

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