Amy “SIEM­PRE SE ME OCU­RREN CO­SAS DI­VER­TI­DAS”

Su hu­mor se ba­sa en los líos, los amo­res caó­ti­cos... Pe­ro Jo El­vin, di­rec­to­ra de GLAMOUR UK, nos des­cu­bre que Amy Schu­mer lo tie­ne to­do con­tro­la­do.

Glamour (Spain) - - CLUB/ENTREVISTA - Tex­to: Jo El­vin. Fo­tos: John Rus­so

No es por dar­me im­por­tan­cia, pe­ro soy en par­te res­pon­sa­ble de la nue­va pe­lí­cu­la de Amy Schu­mer, Snat­ched. Ella y su com­pa­ñe­ra de re­par­to, Gol­die Hawn, se co­no­cie­ron cuan­do las in­vi­ta­mos a los Pre­mios GLAMOUR Mu­jer del Año. Du­ran­te el even­to, Amy, que es­ta­ba sen­ta­da a mi la­do, di­jo : “¡Oh, wow! Es­tá aquí Gol­die Hawn. Lle­vo un tiem­po pen­san­do en pre­gun­tar­le si quiere ha­cer el pa­pel de mi ma­dre en la pe­lí­cu­la en la que es­toy tra­ba­jan­do”.

Me pre­gun­tó si se la pre­sen­ta­ba y aho­ra aquí es­ta­mos, ha­blan­do so­bre esa mis­ma pe­lí­cu­la en la que Amy trabaja con Gol­die. Una pe­lí­cu­la en la que ha­cen de ma­dre e hi­ja. Am­bas rea­li­zan un via­je por ca­rre­te­ra que re­sul­ta ser desas­tro­so y có­mi­co.

“Lo re­cuer­do per­fec­ta­men­te. Cuan­do me la pre­sen­tas­te”, se ríe Amy. “En se­rio, esa noche ella es­ta­ba co­mo... oh, OK. En reali­dad, ésa fue la se­gun­da vez que nos veía­mos. La primera fue en un avión, pe­ro no se acuer­da. Le di­je que que­ría que fue­se mi ma­dre en la pe­lí­cu­la y me di­jo algo así co­mo: ‘Ok, ca­ri­ño’”.

“Pe­ro aque­lla noche fue dis­tin­to. Co­no­cí a sus ami­gas y a Ka­te Hud­son (su hi­ja) y es­ta­ba cla­ro que Ka­te le ha­bía ha­bla­do de mí. Le di­je: ‘Es­pe­ro que te to­mes el guión en se­rio por­que no voy a pa­rar has­ta que acep­tes’. Sen­tí que ella se lo ha­bía to­ma­do en se­rio es­ta vez. Pen­sé to­do el tiem­po que es­ta­ba des­ti­na­do a su­ce­der. En mi men­te, ya es­ta­ba su­ce­dien­do.”

En aquel mo­men­to, Gol­die no era la úni­ca per­so­na que no sa­bía quién era Amy. A pe­sar de par­ti­ci­par en los sket­ches hi­la­ran­tes y con car­ga po­lí­ti­ca de su Co­medy Cen­tral Show, In­si­de Amy Schu­mer, to­da­vía no ha­bía lle­ga­do al pú­bli­co bri­tá­ni­co. Pe­ro mien­tras pro­mo­vía su de­but en el ci­ne, Y de re­pen­te tú, Amy vino a nues­tro even­to pa­ra re­co­ger el pre­mio Trail­bla­zer y pa­ra ha­cer­nos un speech que fue di­ver­ti­do, de­li­cio­so, tron­chan­te. Tan­to, que el ví­deo del dis­cur­so se hi­zo vi­ral.

En el úl­ti­mo re­cuen­to te­nía más de cin­co millones de vi­si­tas que no pa­ra­ban de au­men­tar.

Des­de aque­lla noche, Amy ha si­do im­pa­ra­ble y, des­de lue­go, lo con­tra­rio a lo que sea que sig­ni­fi­que ser un desas­tre. Y de re­pen­te tú es la primera pe­lí­cu­la que es­cri­bió y pro­ta­go­ni­zó. Con ella re­cau­dó 140 millones de dólares en to­do el mun­do. En­ton­ces co­men­zó a for­mar par­te de la A-list, tan­to en lo pro­fe­sio­nal co­mo en lo per­so­nal, y nos pro­vo­có el mie­do a per­der­nos algo de su fin de se­ma­na con J-law, con quien co­mien­za aho­ra una pe­lí­cu­la que es­cri­bie­ron jun­tas. Po­co tiem­po des­pués, Ma­don­na se la lle­vó de gi­ra pa­ra abrir sus con­cier­tos. Y es­cri­bió sus me­mo­rias, en The Girl with the Lo­wer Back Tat­too, que se con­vir­tió en best se­ller.

No co­noz­co a Amy en pro­fun­di­dad pe­ro ella es, sin lu­gar a du­das, la ce­le­brity que más se mues­tra tal y có­mo es. A po­cos mi­nu­tos de co­no­cer­nos en los pre­mios, co­men­zó a ha­blar­me del amor de su vida y yo le ha­blé de mi do­lor de es­tó­ma­go, por el que ca­si no pu­de acu­dir al even­to. Algo de­ma­sia­do per­so­nal, ¿ver­dad? Eso es lo que pa­sa con Amy. Ella te ha­ce sen­tir­te a g us­to y com­por­tar­te de for­ma na­tu­ral, sin ne­ce­si­dad de so­bre­ac­tuar. Yo que­ría en­tre­vis­tar­la por­que, co­mo os ha­bréis ima­gi­na­do, soy su fan. Ade­más, que­ría com­pro­bar si, con lo fa­mo­sa que se ha he­cho tras la úl­ti­ma vez que la vi, con­ti­núa sien­do la chi­ca sen­ci­lla y sin co­ra­za que co­no­cí. Creo que tras estas lí­neas, ve­réis que ten­go la res­pues­ta. JO EL­VIN: Ho­la, Amy, ha pasado un tiem­po des­de la úl­ti­ma vez que nos vi­mos. AMY SCHU­MER: Sí, ha­ce ya ca­si dos años.

“NUN­CA SO­ÑÉ CON SER FA­MO­SA SÓ­LO... SU­CE­DIÓ”

JO: Las co­sas han cam­bia­do mu­cho des­de en­ton­ces. ¿La fama te ha he­cho más cau­te­lo­sa?

AMY: Si­go te­nien­do po­co cui­da­do con lo que di­go. Hi­ce una en­tre­vis­ta con una pe­rio­dis­ta en Londres y me pre­gun­tó so­bre Trump. Me di­jo: “¿Cam­bia­rás tu for­ma de ac­tuar?”. Y con­tes­té: “Ten­dré que apren­der es­pa­ñol, por­que me voy a mu­dar a Es­pa­ña”. Y esa pe­que­ña bro­ma se con­vir­tió en un tó­pi­co, algo así co­mo “has di­cho que vas a mu­dar­te”, y lue­go le die­ron la vuelta y di­je­ron que me iba a Ca­na­dá, cuan­do, en reali­dad, di­je que me iba a Es­pa­ña al azar... Hay co­sas que no pue­des con­tro­lar. He di­cho co­sas peo­res y, sin em­bar­go, la pren­sa no las ha te­ni­do en cuen­ta. To­do es muy ar­bi­tra­rio.

JO: Tras es­to, ¿crees que te sen­ti­rás más o me­nos com­pro­me­ti­da a ni­vel po­lí­ti­co de lo que es­ta­bas an­tes?

AMY: Más, por el mo­men­to en el que vi­vi­mos con la nue­va pre­si­den­cia ( Trump). En oca­sio­nes, es útil pa­ra la gen­te uti­li­zar su voz. No es que sea más po­lí­ti­ca que an­tes. Du­ran­te 8 años, las co­sas han ido por un ca­mino y aho­ra pa­re­ce que las co­sas se han tor­ci­do por la di­rec­ción inade­cua­da pa­ra la ra­za hu­ma­na.

JO: ¿Hay al­gu­na lí­nea que no ha­yas cru­za­do ha­cien­do co­me­dia? ¿Algo de lo que no ha­yas ha­bla­do?

AMY: La co­me­dia sig ue sien­do mi prio­ri­dad a ni­vel crea­ti­vo y pro­fe­sio­nal. Aun­que tam­bién es­toy ha­cien­do dra­ma. De he­cho, mi nue­va pe­lí­cu­la sal­drá en in­vierno. La lí­nea que si­go en co­me­dia es: si pien­so en algo que pue­de ser gra­cio­so y no va a ha­cer da­ño a na­die, en­ton­ces lo di­go.

JO: Aho­ra eres mu­cho más fa­mo­sa que cuan­do nos co­no­ci­mos. ¿Es co­mo te lo ima­gi­na­bas?

AMY: No, nun­ca qui­se ser fa­mo­sa, ho­nes­ta­men­te. No pen­sé en ello has­ta que em­pe­zó a su­ce­der. Yo que­ría ha­cer mi vida ha­cien­do co­me­dia, era mi ca­mino. Y era co­mo “oh, Dios, vie­ne mu­cha gen­te a ver­me”. Pe­ro no sig­ni­fi­ca­ba na­da más pa­ra mí. Cuan­do Y de re­pen­te tú iba a salir, uno de los pro­duc­to­res di­jo: “No lo eches a per­der, Amy”. Y yo pen­sé: “No, por­que de ver­dad me gusta el trabajo, crear algo que es bueno y que ha­ce reír a la gen­te”. To­do lo que ven­ga con es­to es un plus. La fama no es algo que me atrai­ga y es­ta­ba un po­co asus­ta­da. Pe­ro no cam­bia­ría mi trabajo. Vi­vo mi vida y es­toy agra­de­ci­da por ello. Aun­que en reali­dad es muy mo­les­to y em­ba­ra­zo­so. Y soy cons­cien­te de lo que su­po­ne pa­ra la gen­te que es­tá con­mi­go. Cuan­do sal­go, los pa­pa­raz­zi me fo­to­gra­fían. No tan­to co­mo a otras ac­tri­ces pe­ro lo su­fi­cien­te co­mo pa­ra ser algo que me in­co­mo­da.

JO: Oh, va­mos, pe­ro ¿no hay nin­gún mo­men­to en el que pien­ses “es­to es ma­ra­vi­llo­so”?

AMY: Lo me­jor es que pue­do tra­ba­jar con gen­te a la que respeto y de la que soy fan. Mu­chos de ellos sa­ben quién soy y eso me ha­ce sen­tir bien.

JO: Re­cuer­do oír­te de­cir en tus mo­nó­lo­gos que es­ta­bas es­pe­ran­do a ser des­cu­bier­ta. ¿Si­gues te­nien­do ese sín­dro­me de la im­pos­to­ra? Es algo que su­ce­de a al­gu­nas mu­je­res de éxi­to cuan­do pien­san: “Es­to no de­be­ría es­tar su­ce­dién­do­me”.

AMY: No me sien­to así pe­ro creo que to­dos so­mos im­pos­to­res. To­dos po­ne­mos ví­deos y fo­tos trans­mi­tien­do “mi­ra, es­toy bien”, y en reali­dad no lo es­ta­mos del to­do. Soy fe­liz con mi vida pe­ro no es una cons­tan­te, es un su­be y ba­ja.

JO: ¿Te ima­gi­nas di­cién­do­le a la ni­ña de do­ce años que fuis­te que un día se­rías Bar­bie?

AMY: Ni me lo po­día ima­gi­nar. Si me hu­bie­ras di­cho que iba a es­tar en la portada de una re­vis­ta, yo di­ría: “Pa­ra, pa­ra...”. Ayer tu­ve una se­sión de fo­tos. An­tes, me de­cían co­sas co­mo: “Eres có­mi­ca, haz algo gra­cio­so”. Aho­ra me sa­can fo­tos bo­ni­tas. Ayer es­pe­ra­ba que en al­gún mo­men­to me di­je­ran algo co­mo “pon ca­ra de que te has ti­ra­do un pe­do”. Eso ya no su­ce­de.

JO: ¿Has pen­sa­do có­mo se­ría re­co­ger el Os­car a la Me­jor Pe­lí­cu­la por Y de re­pen­te tú?

AMY: ¿No fue algo tremendo? Ado­ro Moon­light. Cuan­do la vi me lle­gó co­mo no lo ha­cía una pe­lí­cu­la en mu­cho tiem­po. Y sen­tí que le ro­ba­ran su mo­men­to. Fue do­lo­ro­so ver­lo. Me in­vi­tan a mu­chos pre­mios, pe­ro só­lo voy a los que ten­go que ir. Me gusta sen­tir­me có­mo­da y es­tar con gen­te que me ha­ce sen­tir­me así. Pre­fie­ro ver­los en ca­sa.

JO: Con tu pijama. Es co­mo que no quie­res ir pe­ro sí quie­res es­tar in­vi­ta­da, ¿me equi­vo­co?

AMY: Cla­ro, es así, pe­ro al mis­mo tiem­po es ge­nial que te ha­yan ad­mi­ti­do. Cuan­do me in­clu­yen en te­mas de pre­mios me sien­to afor­tu­na­da. Aun­que nun­ca me ve­rás en una al­fom­bra ro­ja si la pe­lí­cu­la en la que par­ti­ci­po no es­tá muy in­vo­lu­cra­da en esos pre­mios

JO: No sé si pue­do pre­gun­tar­te pe­ro... ¿Si­gues enamorada?

AMY: No pa­sa na­da, pue­des pre­gun­tár­me­lo.

JO: Me sor­pren­de que res­pon­das con tan­ta na­tu­ra­li­dad a una pre­gun­ta pú­bli­ca so­bre tu re­la­ción.

AMY: To­do el mun­do me di­ce que mi pos­tu­ra es un po­co in­ge­nua pe­ro... co­mo to­do el mun­do que se enamo­ra, creo en mi re­la­ción y creo que se­rá du­ra­de­ra. Si es­tu­vie­ra a pun­to de rom­per, ha­blar de ello se­ría un po­co... no sé. De to­das for­mas, los ta­bloi­des no se in­tere­san por mi vida a ese ni­vel. Quie­ro a Ben (Ha­nisch, un di­se­ña­dor de mue­bles) y me gusta ha­blar de él.

JO: ¿La vida de ce­le­brity es ra­ra pa­ra él?

AMY: Me pro­te­ge mu­cho. Si es­ta­mos en un res­tau­ran­te y al­guien me sa­ca fo­tos, él co­mien­za a sa­car­les fo­tos a ellos. Es ge­nial, y pa­ra él no es un pro­ble­ma re­la­cio­nar­se con la gen­te que va a los gran­des even­tos. Se lo to­ma a su ma­ne­ra. Pe­ro cuan­do le di­go “vá­mo­nos de aquí”, él di­ce que sí. He te­ni­do mu­cha suer­te al co­no­cer­lo. Ade­más, no ha­bía vis­to na­da de mi trabajo cuan­do le co­no­cí.

JO: Oh, ¿y qué hi­zo cuan­do te vio ac­tuar por primera vez?

AMY: Yo es­ta­ba ha­cien­do un ac­to be­né­fi­co, Ho­ward y Beth Stern eran los an­fi­trio­nes, y él me acom­pa­ñó. Al aca­bar, se acer­có a mí y me di­jo: “Eres muy gra­cio­sa”.

JO: Ade­le ha di­cho que no pue­de ha­cer can­cio­nes cuan­do es­tá con­ten­ta y fe­liz. ¿A ti te pa­sa algo pa­re­ci­do cuan­do tie­nes que crear guio­nes có­mi­cos?

AMY: Si te di­go la ver­dad, creo que nun­ca es­toy a ese ni­vel de fe­li­ci­dad.

JO: ¡Oh, Dios mío! (ri­sas).

AMY: A mí no me su­ce­de eso. Pue­do no es­tar de buen hu­mor y que se me ocu­rran co­sas di­ver­ti­das. Es­ta ma­ña­na, in­ten­té te­ner re­la­cio­nes con mi pa­re­ja y él bos­te­zó. Fue un ac­ci­den­te pe­ro los dos nos em­pe­za­mos a reír. Es­toy fe­liz pe­ro, ob­via­men­te, fue co­mo “f**k you”.

JO: (Ri­sas). Bueno, aho­ra me sien­to yo la peor mu­jer del mun­do por­que no re­cuer­do la úl­ti­ma vez que eso pasó en mi ca­sa. (Las dos se ríen.)

AMY: Ado­ro tu re­la­ción con tu ma­ri­do. Creo que sois muy di­ver­ti­dos. Nues­tra re­la­ción es pa­re­ci­da, so­mos ami­gos.

JO: No­so­tros lle­va­mos jun­tos 23 años.

AMY: Oh, Dios mío.

JO: Lo sé. Y cuan­do lle­ves 23 años pro­ba­ble­men­te no ha­rás “eso” por las ma­ña­nas.

AMY: No quie­ro que se ma­lin­ter­pre­te. Ho­nes­ta­men­te nun­ca per­si­go que las co­sas ter­mi­nen...

JO: Eso es re­con­for­tan­te (ri­sas).

AMY: No es que sea una co­sa que di­ga: “Me en­can­ta”. Si es­toy ahí aba­jo más de un mi­nu­to es por­que es su cum­plea­ños o algo. Pe­ro es­ta ma­ña­na sim­ple­men­te su­ce­dió. En­ton­ces él bos­te­zó y me lo to­mé co­mo una bue­na ex­cu­sa pa­ra pa­rar.

JO: Fue jus­to. ¿Qué pro­yec­tos tie­nes aho­ra? ¿Pue­des avan­zar­nos algo de tu trabajo con Jen­ni­fer Law­ren­ce?

AMY: Hemos fi­na­li­za­do el guión, pe­ro am­bas te­ne­mos com­pro­mi­sos pa­ra los pró­xi­mos dos años, así que te­ne­mos la sen­sa­ción de que nos en­can­ta la pe­lí­cu­la, pe­ro ne­ce­si­ta­mos un di­rec­tor y re­ser var si­tio en nues­tra agen­da...

JO: Por favor, di­me que vas a ha­cer la con­ti­nua­ción de Y de re­pen­te tú.

AMY: No lo sé. Nos lo hemos plan­tea­do, in­clu­so te­ne­mos el guión pe­ro, por el mo­men­to, es­toy muy ocu­pa­da.

JO: ¿Hay al­guien a quien te gus­ta­ría be­sar al que po­drías fi­char pa­ra tu pró­xi­ma pe­lí­cu­la?

AMY: Uy, sí, ha­bría mu­chos.

JO: Por ejem­plo, ¿Tom Hardy? Ha­ga­mos una shop­ping list.

AMY: Sin du­da, no le de­ja­ría salir de la ca­ma. Tam­bién Ch­ris­tian Ba­le, Idris El­ba... Es­to es só­lo una lis­ta de con quién quie­ro dor­mir, ¿ver­dad?

JO: Bien, los va­mos a in­vi­tar a to­dos a los Pre­mios GLAMOUR y así se­rá co­mo crea­re­mos otra pe­lí­cu­la, lue­go ha­re­mos un tra­to. ¿Te gusta la idea?

AMY: Sí, vea­mos qué su­ce­de.

“DI­CEN QUE MI POS­TU­RA ES MUY IN­GE­NUA”

Así es co­mo en Es­pa­ña se ha ti­tu­la­do la co­me­dia que na­rra el caó­ti­co via­je de va­ca­cio­nes a Ecua­dor de una ma­dre y una hi­ja, que se con­vier­te en una di­ver­ti­da y sal­va­je aven­tu­ra. Snat­ched: des­con­tro­la­das

Bill Ha­der y Amy, du­ran­te el ro­da­je de Y de re­pen­te tú, en el neo­yor­quino Cen­tral Park.

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