GRAN­DÍ­SI­MAS DU­DAS

En la era del #metoo la mo­da su­gie­re que ele­ve­mos la an­chu­ra de los hom­bros a ni­ve­les es­tra­tos­fé­ri­cos. ¿Ana­lo­gía fe­mi­nis­ta o pu­ra es­té­ti­ca? Vol­ver tres dé­ca­das atrás es la ten­den­cia de 2018, aun­que qui­zá no en­tres por la puer­ta.

Glamour (Spain) - - Glamourama - Rea­li­za­ción: Sara Trueba

De­mo­li­tion sil­houet­te”, así de­fi­nía Ga­reth Pugh su co­lec­ción. Una ale­go­ría qui­zá a la ne­ce­si­dad de cons­truir una mu­jer que sa­le a la ca­lle con la fuer­za de una he­roí­na y las ar­mas in­te­rio­res su­fi­cien­tes co­mo para ba­ta­llar con el día a día. To­do lo que en su día vi­mos ( y lu­ci­mos) los que ya te­ne­mos cier­ta edad, vuel­ve a aso­mar en el ima­gi­na­rio es­té­ti­co, pe­ro no lo ha­ce co­mo he­rra­mien­ta me­ra­men­te vi­sual. ¿ Es po­si­ble de­fen­der un look así, don­de los hom­bros se pa­re­cen más a pro­tec­cio­nes de rugby te­ñi­das de ani­mal print, con na­tu­ra­li­dad y exen­to de dra­ma­tis­mo? Lo hi­zo la pro­pia Daph­ne Guin­ness en el front row de su des­fi­le, lo que nos lle­va a la con­clu­sión de que es­te ti­po de looks no es ap­to para cual­quie­ra. Pugh no es el úni­co di­se­ña­dor que apues­ta por la exa­ge­ra­ción eigh­ties lle­va­da en los hom­bros. Marc Ja­cobs se ins­pi­ra en sus pi­la­res, Thierry Mu­gler, Claude Mon­ta­na e Yves Saint Lau­rent; Isa­bel Ma­rant los do­si­fi­ca ha­cia el la­do más sexy de la dé­ca­da; Al­tu­za­rra, Vac­ca­re­llo... Lo mi­res por don­de lo mi­res, y lo acep­tes o no, nos va a to­car li­diar con ellas, evi­tar­las para que no nos sa­quen un ojo ¡o lle­var­las! Si es que nues­tra má­xi­ma ilu­sión es con­ver­tir­nos en Joan Co­llins en la piel de Ale­xis Colby, Gra­ce Jo­nes o Tess (Me­la­nie Grif­fith en Ar­mas de mu­jer). Hay tan­tos ti­pos de bold shoul­ders co­mo es­ti­los de mu­jer. Ra­ro se­rá que no en­cuen­tres el tu­yo... Aho­ra, lo que más se­du­ce de es­ta ten­den­cia es esa idea de po­wer dres­sing que lle­va con­si­go de ma­ne­ra inevi­ta­ble. Aun­que el con­cep­to ha­ce alu­sión al tra­je fe­me­nino y al look de la mu­jer de ne­go­cios, hom­bre­ras in­clui­das, tam­bién sir­ve para ilus­trar el mo­men­to que atra­vie­sa la mu­jer, una voz vi­si­ble que qui­zá ne­ce­si­te de ele­men­tos co­mo es­te para ser­lo más... ¿O qui­zá no? ¿ Aca­so la mu­jer no pue­de ser gue­rre­ra con mu­se­li­nas, tu­les y caí­das lán­gui­das?

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