En­tre se­vi­lla­na y sue­ca, Gar­cía Jons­son hue­le a Go­ya.

GQ (Spain) - - Sumario -

Ho­la, In­grid. – Ho­la. ¿Qué tal? – Te lla­mo por­que es­ta­ba trans­cri­bien­do la en­tre­vis­ta de ayer y como re­sul­ta que te aca­ban de no­mi­nar en los Fe­roz a la Me­jor ac­triz, que­ría fe­li­ci­tar­te y que me die­ras unas de­cla­ra­cio­nes pa­ra el primer pá­rra­fo. ¿Qué has sen­ti­do? – Pues me ha he­cho mu­chí­si­ma ilu­sión. Sa­bía que es­ta­ban re­trans­mi­tien­do las no­mi­na­cio­nes por Twit­ter en di­rec­to, pe­ro no he que­ri­do mi­rar pa­ra no ga­far­lo, así que cuan­do me ha lla­ma­do mi re­pre pa­ra de­cír­me­lo, me he pues­to a bai­lar por to­do el sa­lón. – ¿Te lo es­pe­ra­bas? – La ver­dad es que no. Me han co­lo­ca­do al la­do de ac­tri­ces que es­tán muy por en­ci­ma de mí, pe­ro yo, en­can­ta­da. No le pue­do pe­dir más a es­ta pe­li. Ya la he­mos ex­pri­mi­do su­fi­cien­te.

– ¿Qué pa­sa­rá si te no­mi­nan al Go­ya? [Jus­to al cie­rre de es­ta edi­ción se cum­plía el fe­liz pro­nós­ti­co].

– Po­si­ble­men­te me des­ma­ye por­que to­do es­to me ha ve­ni­do muy pron­to. [Es­pe­re­mos que no se hi­cie­ra da­ño al caer].

Y cor­ta­mos. De ma­ne­ra edu­ca­da, deseán­do­le suer­te y des­pi­dién­do­nos como Dios man­da, pe­ro in­te­rrum­pi­mos la co­mu­ni­ca­ción, por­que es­to no se es­cri­be so­lo.

La "ex­pri­mi­da pe­li" de la que ha­bla­ba es Her­mo­sa ju­ven­tud (Jai­me Ro­sa­les, 2014), su de­but en el ci­ne como pro­ta­go­nis­ta, ex­hi­bi­da en la Quin­ce­na de rea­li­za­do­res de Can­nes el pa­sa­do ma­yo y es­tre­na­da días des­pués en nues­tras sa­las. ¿Su pú­bli­co? Re­du­ci­do. ¿El im­pac­to cua­li­ta­ti­vo de su ac­tua­ción? Pa­ra em­pe­zar, Holly­wood Re­por­ter la nom­bró una de las seis ma­yo­res pro­me­sas fe­me­ni­nas de es­ta pro­mo­ción gra­cias a su des­car­na­da in­ter­pre­ta­ción de una chi­ca lum­pen obli­ga­da a ha­cer porno ca­se­ro con su no­vio pa­ra sa­lir ade­lan­te. In­grid Gar­cía Jons­son (Bu­reå, Sue­cia, 1991), que es de bue­na fa­mi­lia (pa­dre se­vi­llano y ma­dre sue­ca), fin­gió un his­to­rial más ator­men­ta­do que el su­yo y con­ven­ció así al hi­per­rea­lis­ta Jai­me Ro­sa­les de que se­ría una bue­na Na­ta­lia. Y si te­ne­mos en cuen­ta re­tros­pec­ti­va­men­te la re­sa­ca de con­si­de­ra­cio­nes y pro­yec­tos que se cier­nen an­te sí, pa­sar un mes ais­la­da en una ca­sa sin ca­le­fac­ción ni gad­gets al al­can­ce como mé­to­do pa­ra cons­truir el per­so­na­je re­sul­tó un pea­je ra­zo­na­ble.

Del ci­ta­do cu­rrícu­lo por lle­gar nos cen­tra­re­mos hoy en Sweet Ho­me , cin­ta de te­rror di­ri­gi­da por Ra­fa Martínez (cu­yo es­treno es­tá pre­vis­to pa­ra la tar­do­pri­ma­ve­ra) en la que In­grid per­so­ni­fi­ca­rá ca­si to­dos los cli­chés co­no­ci­dos del gé­ne­ro. Mu­jer (muy) blan­ca sol­te­ra (pe­ro con no­vio) bus­ca lu­gar don­de ya­cer jun­tos la no­che de au­tos, y no se les ocu­rri­rá otro que la ca­sa de la que ella es agen­te in­mo­bi­lia­ria. Lo ma­lo es que un ase­sino an­da suel­to. ¿Nos en­con­tra­mos an­te la Sa­rah Mi­che­lle Ge­llar es­pa­ño­la? Si la ame­ri­ca­na mi­die­ra diez cen­tí­me­tros más y Mi­guel Án­gel le hu­bie­ra re­to­ca­do ca­da es­qui­na de su ros­tro con un cin­cel má­gi­co, po­dría­mos asen­tir.

ho­ra vol­va­mos al 15 de di­ciem­bre con to­das las fo­tos que ves a tu al­re­de­dor re­cién to­ma­das a lo lar­go de una ma­ra­to­nia­na jor­na­da. In­grid so­lo ha co­mi­do dos plá­ta­nos y un pas­te­li­to, así que pe­la una man­da­ri­na a la ho­ra de la me­rien­da, no sin an­tes pre­gun­tar si me mo­les­ta el olor. "Es que hay gen­te que no lo so­por­ta", se ex­cu­sa. Tran­qui­la, In­grid. Te la has ga­na­do.

GQ: ¿Qué di­fe­ren­cias ves en­tre ro­dar una pe­lí­cu­la y un shoo­ting­de fo­tos? IN­GRID GAR­CÍA JONS­SON: En una te gra­ban en mo­vi­mien­to y lo otro son fo­tos. ¡Va­ya pre­gun­ta! GQ: Era una pre­gun­ta-guía pa­ra que te lu­cie­ras con al­go ela­bo­ra­do. Ten en cuen­ta que lo que hay al­re­de­dor del "pre­gun­ta-res­pues­ta" lo es­cri­bo yo y de­be­rías caer­me bien. Tie­nes que de­jar de pa­re­cer una ni­ña cria­da por los lo­bos. I. G. J.: Va­le, va­le, per­do­na, per­do­na, per­do­na… [Ri­sas]. Por lo ge­ne­ral, cuan­do me ha­cen fo­tos me da mu­cha ver­güen­za por­que no sé qué ca­ra po­ner. De he­cho en la co­mu­nión –por­que yo hi­ce la co­mu­nión– sa­lí con la ca­ra tor­ci­da, así que mi pa­dre no pu­do re­ga­lar­le nin­gu­na fo­to a mi abue­la, que tie­ne fo­tos de to­dos los nie­tos me­nos mías. Si pue­do ha­cer el gi­li­po­llas como Mi­ley Cy­rus sa­can­do la len­gua, no hay pro­ble­ma, pe­ro cuan­do hay que sa­lir gua­pa o como si fue­ra una per­so­na nor­mal, pues me cues­ta mu­cho tra­ba­jo. Hoy creo que ha ido bien por­que, como me ha­béis pues­to el pun­to ese de lo­ca, ro­llo La pi­ra­da de San Va­len­tín ,ya no soy yo y to­do es­tá bien. Lo ma­lo es cuan­do te ha­cen re­tra­tos y tie­nes que abrir­te el al­ma [po­ne voz cur­si] en plan "un re­fle­jo de lo que tú eres"… ¡Ven­gaaa! GQ: ¿Có­mo ana­li­zas el año pa­sa­do y qué le pi­des a 2015? I. G. J.: 2014 ha si­do el más di­ver­ti­do y el más es­tre­san­te de mi vida. He via­ja­do un mon­tón, he co­no­ci­do a gen­te su­per­in­te­re­san­te y he des­cu­bier­to co­sas de mí mis­ma que no sa­bía, así que muy bien. A 2015 le pi­do es­tar bas­tan­te más re­la­ja­da, to­mar­me las co­sas con más cal­ma y tra­ba­jar mu­cho más. Me­nos pro­mo­ción y más ro­da­jes, que ten­go mu­cho mono de gra­bar. GQ: Tu per­so­na­je en Her­mo­sa ju­ven­tud re­pre­sen­ta a una víc­ti­ma fron­tal y des­car­na­da de la cri­sis. ¿Te con­si­de­ras una ac­triz so­cial? I. G. J.: Como ten­ga yo esa fun­ción, va­mos lis­tos. Lo que sí creo es que los ac­to­res tie­nen que pen­sar un po­co lo que di­cen y lo que ha­cen por­que al fi­nal pue­des in­fluir en gen­te que no te es­pe­ras. GQ: ¿Te in­tere­sa la po­lí­ti­ca? I. G. J.: Me gus­ta mu­cho Po­de­mos. Me pa­re­ce que va a cam­biar mu­chas co­sas o, por lo me­nos, lo va a in­ten­tar. Va a me­ter a to­dos los sin­ver­güen­zas en la cár­cel, pe­ro no sé más. Lo mío no es dis­cu­tir de po­lí­ti­ca. GQ: ¿Te to­ma­rías un ca­fé con Pablo Igle­sias? I. G. J.: Sí me lo to­ma­ría, pe­ro sa­be mu­cho y a lo me­jor me ha­ría sen­tir un po­co

in­cul­ta. No sé si ten­dría­mos te­mas de los que ha­blar. GQ: ¿Lo in­vi­ta­rías al es­treno de Sweet Ho­me? I. G. J.: Ten­dría que ha­ber­lo in­vi­ta­do al de Her­mo­sa ju­ven­tud … pe­ro sí, cla­ro, si le gus­tan esas pe­lis… ¿Tú crees que a Pablo Igle­sias le gus­ta el ci­ne? Yo creo que no le gus­ta (se con­tes­ta a sí mis­ma). A lo me­jor ven­dría, pe­ro es­ta­ría le­yen­do la te­sis de al­gún com­pa­ñe­ro su­yo du­ran­te la pro­yec­ción. Leí el otro día una en­tre­vis­ta que le hi­zo a Na­cho Vi­ga­lon­do ha­ce po­co y es­tá su­per­pre­pa­ra­do el tío. Se sa­be su­per­bien los nom­bres de to­do, es un es­tu­dio­so. GQ: Se­gu­ro que sa­bría es­cri­bir "Jons­son" con dos eses. I. G. J.: Se­gu­ro que lo po­dría po­ner bien. ¡Por lo me­nos él! GQ: ¿Por qué te in­tere­sa el ci­ne de te­rror?

I. G. J.: Me gus­ta el ci­ne que ha­ga sen­tir co­sas a la gen­te y creo el ci­ne de te­rror ha­ce sen­tir co­sas a la gen­te. Lo que no me gus­ta es que sea des­agra­da­ble, con eso no pue­do. No en­tien­do que la gen­te va­ya al ci­ne a pa­sar­lo tan mal. GQ: ¿En­ton­ces en Sweet­ho­me­cuen­tas chis­tes?

I. G. J.: Sí, es una pe­lí­cu­la muy ma­ca­rra y es­tá lle­na de hu­mor. GQ: ¿En qué mu­sas del te­rror te has ba­sa­do pa­ra es­te tra­ba­jo? I. G. J.: En la Liv Ty­ler de Los ex­tra­ños y en la Si­gour­ney Wea­ver de Alien . De he­cho me fi­jo en Si­gour­ney pa­ra la vida en ge­ne­ral por­que tie­ne un par de co­jo­nes. GQ: ¿Di­rías que eres la ac­triz más al­ta que exis­te des­pués de ella? I. G. J.: No, hom­bre. Uma Thur­man es más al­ta que yo. Y Ca­me­ron Díaz tam­bién es más al­ta. Hay mu­chas que son más ba­ji­tas, pe­ro no soy la más al­ta del ci­ne. GQ: Ya pa­ra ce­rrar, In­grid. Es­ta en­tre­vis­ta ade­lan­ta un dos­sier (unas pá­gi­nas más ade­lan­te) so­bre ci­ne de te­rror al que va­mos a ti­tu­lar Un­san­va­len­tín­de muer­te. ¿Qué te su­gie­re eso? I. G. J.: Tie­ne sen­ti­do, por­que pa­ra mí esa fies­ta es la muer­te. Es muy de­pri­men­te y me da mu­cha pe­re­za, pe­ro pa­ra mu­cha gen­te de­be de sig­ni­fi­car hin­char­se de cho­co­la­tes, sa­lir a pa­sear por París y mo­rir­se de la ilu­sión. Te pue­des mo­rir de dos co­sas: del as­co o de la fe­li­ci­dad ple­na.

YMEDIASAGENTPROVOCATEURYCÁRDIGANDECACHEMIRPEDRODELHIERROMADRID.BUTACADETHEGALLERYROOM.

FO­TO­GRA­FÍA:FÉLIXVALIENTE.REA­LI­ZA­CIÓN:INMABARANDICA.INGRIDLLEVASUJETADOR,BRAGUITAMODELOAMBROSE

In­grid Gar­cía Jons­son con cor­sé Mercy de Agent Pro­vo­ca­teur.

In­grid Gar­cía Jons­son con su­je­ta­dor de Eres. Co­ji­nes y col­cha de Za­ra Ho­me.

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