U na tía muy ma­ja

GQ (Spain) - - Firmas - el efec­to dop­pler por Car­me Cha­pa­rro - PE­RIO­DIS­TA Y PRE­SEN­TA­DO­RA DE TV

En el ran­king de fra­ses la­pi­da­rias pa­ra una mu­jer pro­nun­cia­das por un hom­bre, hay dos que me­re­cen es­tar en el topten de to­das las lis­tas. No son fra­ses es­pe­cial­men­te hi­rien­tes ha­cia el fí­si­co fe­me­nino –como "mi­ra qué ce­lu­li­tis del ta­ma­ño de un tro­le­bús", "va­ya tru­ño de tía, có­mo pue­de atre­ver­se a sa­lir a la ca­lle con esa ca­ra" o"a esa ni a os­cu­ras, tú, ni re­ga­la­da, no se me em­pi­na ni con una ca­ja en­te­ra de Via­gra"–. Tam­po­co son sen­ten­cias la­pi­da­rias y ma­chis­tas so­bre las ca­pa­ci­da­des fe­me­ni­nas –re­cor­dad lo de "calladita es­tás más gua­pa", "tú no ten­drías que ha­ber sa­li­do de la co­ci­na" o "es que abres la bo­ca y la ca­gas"–. Por­que es­tas úl­ti­mas, de tan bur­das, gro­se­ras, or­diu­xío

na­rias, cate­tas, in­cul­tas, pa­lur­das, za­fias, cha­ba­ca­nas, vul­ga­res y un lar­go et­cé­te­ra de si­nó­ni­mos, caen y re­vien­tan por su pro­pio pe­so. De he­cho, de­fi­nen más la –nu­la– ca­pa­ci­dad in­te­lec­tual y per­so­nal del ti­po que las pro­nun­cia que la de las mu­je­res que las re­ci­ben.

Pe­ro hay otras fra­ses que di­cen to­do sin de­cir. La pri­me­ra lle­vo oyén­do­la des­de la ado­les­cen­cia. En prehis­to­ria sin mó­vi­les ni re­des so­cia­les ni fo­tos en­via­das por What­sapp, la opi­nión de los co­le­gas so­bre una chi­ca era pa­la­bri­ta del ni­ño Jesús pa­ra el res­to de ma­cho­tes de la pan­di­lla. "¿Es gua­pa?", pre­gun­ta­ba el in­tere­sa­do. Y lo peor, lo peor que un hom­bre po­día con­tes­tar­le a otro era: "Bueno, es muy ma­ja". Es­ta fra­se la­pi­da­ria su­po­nía la in­me­dia­ta con­de­na de la chi­ca al po­zo de los ol­vi­dos. Ni si­quie­ra los más de­ses­pe­ra­dos se atre­vían a ti­rar los te­jos a la mu­jer que sus co­le­gas ha­bían ca­li­fi­ca­do de ma­ja. La chi­ca que­da­ba en­ton­ces con­de­na­da al os­tra­cis­mo sen­ti­men­tal, a no ser que abrie­ra el cu­po ha­cia otros majos in­fi­ni­ta­men­te me­nos agra­cia­dos que ella.

Ima­gino que hoy en día la tra­duc­ción mo­der­na del 'ma­ja' de mis tiem­pos se­ría al­go así como: "Buf, no se pa­re­ce na­da a sus fo­tos de Feis­buk". "¿Có­mo? ¡No me di­gas! ¿Na­da de na­da?". "Na­da de na­da; lue­go le ha­go una fo­to des­tran­gisy te la what­sap­peo…ni pa­ra ca­ñas la que­rrías".

Así que ser acu­sa­da de fal­sear tus fo­tos en las re­des so­cia­les –fil­tri­tos, per­fi­les bue­nos, án­gu­los idea­les y un poun qui­to de re­to­que in­clu­so– su­po­ne es­tos días una con­de­na ma­yor que ese 'ma­ja' de mi épo­ca, que, nor­mal­men­te, no sa­lía de la pan­di­lla.

Pe­ro, vol­va­mos al ran­king de fra­ses la­pi­da­rias, por­que hay al­go peor que el ma­ja y que se ins­ta­la en las men­tes co­lec­ti­vas a par­tir de los 30. "¿Có­mo es la nue­va no­via de Juan­ra?", pre­gun­tó uno de mis ami­gos a otro de ellos. "¿Que có­mo es? Pues mi­ra, la tí­pi­ca mu­jer que nos chi­fla a los tíos y que odian to­das las mu­je­res". "¿Ah, sí?", pre­gun­té yo. ¿Y có­mo es esa mu­jer que odia­mos las mu­je­res y que os gus­ta a to­dos? "Jo­der, Car­me, pues có­mo quie­res que sea, ya sa­bes". "Ya sé, ¿qué?". "Pues eso, cuer­pa­zo, te­ta­zas. Eso". "¿Eso? ¿Eso odia­mos las mu­je­res?", me hi­ce la ton­ta. "Bueno, eso, me con­tes­ta­ron ellos, eso y que… que en­se­ña más de lo que es­con­de". "¡Ah! ¿Y del ce­re­bro?", in­sis­tí, "del ce­re­bro, ¿qué en­se­ña?" "¿El ce­re­bro?", con­tes­ta­ron, "¿pa­ra qué lo ne­ce­si­ta?".

"¿Es gua­pa?", pre­gun­ta­ba el in­tere­sa­do.y lo peor que po­día con­tes­tar un hom­bre a otro era: 'Bueno, es muy ma­ja"

Y va Sarkozy y di­ce: "Alors,mon­sieu­ro­ba­ma, ¿qué opi­na de la pri­ma? ¡Eh! Que me re­fie­ro a la pri­ma de ries­go, no a la su­ya de Wis­con­sin...".

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