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El nue­vo Fiat 500X no es un jue­go de ni­ños.

GQ (Spain) - - Sumario - por carlos mo­ral

En un re­cón­di­to pue­blo ita­liano, un ca­ba­lle­ro de avan­za­da edad se des­pe­re­za en­fun­da­do en un ba­tín de leo­par­do cuan­do des­de la ca­ma es re­cla­ma­do por una mu­jer al gri­to de "¡amo­re!". El hom­bre pi­de tiem­po y co­rre al ba­ño pa­ra co­ger una píl­do­ra azul, con tan ma­la suer­te de que el fár­ma­co se cue­la por la ventana y, tras va­rias ca­ram­bo­las, va a pa­rar al de­pó­si­to de un Fiat que se en­cuen­tra re­pos­tan­do.

Así es el spot te­le­vi­si­vo del nue­vo Fiat 500X y el re­sul­ta­do, se­gún el claim de la cam­pa­ña, es un co­che más gran­de, po­de­ro­so y pre­pa­ra­do pa­ra la ac­ción. Po­dría pa­re­cer, pues, que la X res­pon­de a una ca­li­fi­ca­ción de pú­bli­cos y en cier­to mo­do es así, aun­que no en la ha­bi­tual ca­te­go­ría ci­ne­ma­to­grá­fi­ca. Más bien, sim­bo­li­za el cru­ce en­tre un am­plio ran­go de clien­tes con dis­tin­tas ne­ce­si­da­des y gus­tos. Lo que de­no­mi­nan en la mar­ca ita­lia­na "el fac­tor X".

El 500X es un des­cen­dien­te di­rec­to del icó­ni­co Cin­quino y, por eso, con­ser­va los fa­ros re­don­dea­dos y el bi­go­te cro­ma­do en pla­ta que lu­ce en su fron­tal, aun­que in­te­gra­dos en una carrocería ti­po to­do­te­rreno. Es­tá dis­po­ni­ble en dos ver­sio­nes dis­tin­tas con usos di­fe­ren­cia­dos: una más ur­ba­ni­ta, con tres ni­ve­les de equi­pa­mien­to (Pop, Pops­tar y Loun­ge) y otra más cam­pes­tre, en­fo­ca­da al tiem­po de ocio (Cross y Cross Plus), con la que dis­fru­tar de la ex­pe­rien­cia off road.

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