THEO JA­MES

Un sexsym­bol en­tre di­ver­gen­te e in­sur­gen­te.

GQ (Spain) - - Sumario - POR IA­GO DA­VI­LA

Pue­de que es­tos días in­ter­net y las re­des so­cia­les sean un her­vi­de­ro de li­bi­dos dis­pa­ra­das por Ja­mie Dor­nan y su Ch­ris­tian Grey. Pe­ro es cues­tión de tiem­po que los sus­pi­ros del 49,66% de la po­bla­ción mun­dial (es de­cir, las mu­je­res) sean pro­vo­ca­dos por Theo Ja­mes.

Son las on­ce de la ma­ña­na de un domingo y el te­lé­fono sue­na en la redacción de GQ. De­ma­sia­do tem­prano pa­ra ha­cer un brunch y de­ma­sia­do Día del Se­ñor pa­ra es­tar tra­ba­jan­do, pe­ro es que no

hay mu­chos hue­cos en la agen­da de Theo Ja­mes pa­ra pro­mo­cio­nar la se­gun­da en­tre­ga de la sa­ga Di­ver­gen­te, que lle­va por tí­tu­lo In­sur­gen­te y se es­tre­na el 1 de abril.

En los pri­me­ros com­pa­ses de la con­ver­sa­ción, el ac­tor in­glés con­fir­ma nues­tras sospechas: "Sí, es po­si­ble que tra­ba­ja­se to­dos los días de 2014. Re­cuer­do unas bre­ves va­ca­cio­nes en sep­tiem­bre, pe­ro des­de lue­go fue un año in­ten­so". Y 2015 se perfila tam­bién como un año crí­ti­co en su ca­rre­ra, no so­lo por­que aca­ba de cum­plir los 30 (esa edad en la que un in­tér­pre­te de­be dar el sal­to si quie­re ser al­guien), sino por­que en los pró­xi­mos me­ses es­tre­na­rá dos pe­lí­cu­las in­de­pen­dien­tes, Franny y Lon­don Fields, que na­da tie­nen que ver con la adap­ta­ción de los best se­llers ju­ve­ni­les de Ve­ro­ni­ca Roth, ni con Un­der­world, la otra fran­qui­cia en la que par­ti­ci­pa. "Es­pe­ro que es­tos pro­yec­tos sir­van pa­ra que no me en­ca­si­llen como un tío gua­po que ha­ce pe­lis de ac­ción. Creo que es la ma­ne­ra, ¿no? Por­que si quie­res que tu ca­rre­ra sea lar­ga, tie­nes que atre­ver­te con pa­pe­les que de­mues­tren que eres al­go más que lo que el pú­bli­co ya ha vis­to en pan­ta­lla. Hay que ser muy in­te­li­gen­te a la ho­ra de es­co­ger. Y muy va­lien­te, por su­pues­to".

THEO, EL DESEA­DO

La in­ten­sa vida de Ja­mes –que, ade­más de los ro­da­jes, in­clu­ye gi­ras mun­dia­les de pro­mo­ción, se­sio­nes de fo­tos, reu­nio­nes…– no le de­ja tiem­po ni pa­ra ver las pe­lí­cu­las de la com­pe­ten­cia di­rec­ta de la sa­ga Di­ver­gen­te, Los jue­gos del ham­bre. O, tal vez, sea su pru­den­cia bri­tá­ni­ca la que le acon­se­je no con­tes­tar a nues­tras pre­gun­tas so­bre quién ga­na­ría en una ba­ta­lla a muer­te en­tre las pro­ta­go­nis­tas de am­bas fran­qui­cias, o si él tam­bién pien­sa que, al con­tra­rio que el su­yo, los per­so­na­jes mas­cu­li­nos de Los jue­gos del ham­bre son unas ré­mo­ras pa­ra la heroína. "No sa­bría de­cir­te, tío", sen­ten­cia la­có­ni­co.

Es­to no sig­ni­fi­ca que el ac­tor ha­ya per­di­do el con­tac­to con la reali­dad. "Siem­pre que pue­do re­gre­so a ca­sa, me to­mo una cer­ve­za con mis ami­gos en el pub… Por­que, por muy alu­ci­nan­te que re­sul­te vi­vir de es­ta ma­ne­ra, no es real en ab­so­lu­to. La fa­mi­lia y los ami­gos te po­nen los pies en la tie­rra, hay co­sas que so­lo pue­des com­par­tir con ellos. Tam­bién me gus­ta mu­cho co­ger mi mo­to y ha­cer es­ca­pa­das de fin de se­ma­na", nos ex­pli­ca.

Pe­ro in­sis­ti­mos pa­ra com­pro­bar si es cier­to que es­tá al día de los fe­nó­me­nos y las ten­den­cias que afec­tan al res­to de los mor­ta­les: "¿Tú sa­bes qué es Tinder?", pre­gun­ta­mos. "Sí, cla­ro. Yo no lo pue­do usar por­que es­toy co­gi­do, pe­ro mu­chos de mis co­le­gas lo usan… un mon­tón".

Aun­que no es­tu­vie­se em­pa­re­ja­do con la tam­bién ac­triz Ruth Kear­ney, a Theo Ja­mes no le ha­ría fal­ta uti­li­zar la famosa apli­ca­ción de li­go­teo. Le bas­tó in­ter­pre­tar al aman­te tur­co de Lady Mary en un epi­so­dio de Down­ton Ab­bey pa­ra que las webs más in­flu­yen­tes del mun­do le de­di­ca­sen en­cen­di­dos lis­ti­cles (ar­tícu­los en for­ma de lis­ta) car­ga­dos de gifs ani­ma­dos que ala­ba­ban su be­lle­za y su co­ol­ness na­tu­ral. "¿De ver­dad la gen­te ha­ce gifs ani­ma­dos de mí? Es un po­co abru­ma­dor…".

Nor­mal que no es­tu­vie­se en­te­ra­do, por­que Ja­mes no uti­li­za re­des so­cia­les: "Me po­drían traer pro­ble­mas. Pre­fie­ro es­ca­par de las si­tua­cio­nes pe­li­gro­sas", acla­ra, ha­cien­do ga­la de nue­vo de su pru­den­cia. Se­gún él, "da igual que seas co­no­ci­do o no, hoy vi­vi­mos en un mun­do en el que pue­des en­con­trar un mon­tón de in­for­ma­ción acer­ca de una per­so­na sin si­quie­ra ha­ber­la co­no­ci­do".

An­tes de des­pe­dir­nos, ha­bla­mos so­bre una es­ce­na de se­xo que com­par­te con la pro­ta­go­nis­ta de In­sur­gen­te, Shai­le­ne Wood­ley, que se pue­de ver en el trái­ler de la pe­lí­cu­la. "To­dos mis per­so­na­jes tie­nen al­gu­na es­ce­na de se­xo, me con­tra­tan por eso", bro­mea. "No, qué va, pe­ro de vez en cuan­do to­ca ro­dar al­gu­na es­ce­na de es­tas". Ya, pe­ro to­do el mun­do es­tá muy preo­cu­pa­do, por­que des­pués de com­par­tir ca­ma con Lady Mary tu per­so­na­je mo­ría. ¿Nos ase­gu­ras que el se­xo no es ma­lo pa­ra la sa­lud de tus per­so­na­jes?". "No, de­fi­ni­ti­va­men­te. Aun­que si el guión di­ce que hay que mo­rir, se mue­re; no hay pro­ble­ma".

"Si quie­res que tu ca­rre­ra sea lar­ga, tie­nes que atre­ver­te con pa­pe­les que de­mues­tren que eres al­go más que lo que el pú­bli­co ya ha vis­to en la pan­ta­lla"

'MR. PREPPY' Theo Ja­mes, idea­lity en el cam­po con cha­que­ta, ca­mi­sa y va­que­ros Po­lo Ralph Lau­ren, su­da­de­ra Ralph Lau­ren Pur­ple La­bel y mo­ca­si­nes Guc­ci.

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